Este castillo parece de Escocia pero está en Navarra: lleno de historia y rincones secretos
Navarra guarda en este rincón una de sus grandes joyas, un lugar donde la historia se mezcla con la imaginación y cada piedra parece tener algo que contar
El castillo más bonito de Navarra. (Pexels/ Daciana Cristina Visan)
A primera vista, sus torres afiladas, sus murallas irregulares y su silueta recortada contra el cielo podrían situarlo en las Highlands escocesas. Sin embargo, este castillo de aspecto legendario se encuentra en el corazón de Navarra. El Castillo de Olite, también conocido como Palacio Real de Olite, es uno de los conjuntos medievales más impresionantes de España y una de esas joyas patrimoniales que sorprenden tanto por su estética como por la historia que esconden sus muros.
Lejos de ser una fortaleza militar al uso, el Castillo de Olite fue concebido como un palacio cortesano. Su origen se remonta al siglo XIII, aunque alcanzó su máximo esplendor entre los siglos XIV y XV, cuando el rey Carlos III el Noble lo convirtió en residencia habitual de la corte navarra. Bajo su mandato, el edificio se transformó en un complejo palaciego de estilo gótico, pensado para el disfrute, el lujo y la representación del poder más que para la defensa.
Recorrer el castillo es adentrarse en un auténtico laberinto de estancias, patios y pasadizos. Torres de nombres evocadores como la Torre del Homenaje, la Torre de las Tres Coronas o la Torre de los Cuatro Vientos se alzan conectadas por escaleras de caracol y galerías elevadas que regalan vistas privilegiadas sobre la villa de Olite y los viñedos que la rodean. Cada rincón parece diseñado para sorprender, como si el edificio hubiera crecido de forma caprichosa, casi orgánica, a lo largo del tiempo.
Entre sus secretos mejor guardados se encuentran los restos de antiguos jardines colgantes, considerados en su época una auténtica rareza en Europa. El palacio llegó a contar con fuentes, animales exóticos e incluso un pequeño zoológico, lo que da cuenta del carácter refinado y cosmopolita de la corte navarra. Estos detalles refuerzan la sensación de estar ante un castillo sacado de un cuento, más cercano a la fantasía que a la crudeza de la vida medieval.
La historia del Castillo de Olite no estuvo exenta de episodios trágicos. Tras la conquista de Navarra por la Corona de Castilla, el palacio fue perdiendo importancia y sufrió un grave incendio en el siglo XIX que lo dejó prácticamente en ruinas. Durante décadas permaneció abandonado, hasta que en el siglo XX comenzó un ambicioso proceso de restauración que devolvió al conjunto gran parte de su antiguo esplendor, aunque sin ocultar del todo las cicatrices del pasado.
Hoy, el Castillo de Olite es uno de los monumentos más visitados de Navarra y un símbolo indiscutible de su patrimonio histórico. Declarado Monumento Nacional, se ha convertido en escenario de eventos culturales, visitas teatralizadas y actividades que permiten comprender mejor la vida en la corte medieval. Pasear por sus estancias es viajar a una época de reyes, intrigas y ceremonias, donde la arquitectura era también una forma de poder.
A primera vista, sus torres afiladas, sus murallas irregulares y su silueta recortada contra el cielo podrían situarlo en las Highlands escocesas. Sin embargo, este castillo de aspecto legendario se encuentra en el corazón de Navarra. El Castillo de Olite, también conocido como Palacio Real de Olite, es uno de los conjuntos medievales más impresionantes de España y una de esas joyas patrimoniales que sorprenden tanto por su estética como por la historia que esconden sus muros.