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La increíble vida del espía americano que llegó a rey de la seda en Tailandia y desapareció en una selva malaya
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LA HISTORIA DE JIM THOMPSON

La increíble vida del espía americano que llegó a rey de la seda en Tailandia y desapareció en una selva malaya

Assouline publica ‘Jim Thompson: Más allá de la seda, más allá de Tailandia’, libro que revisa la fascinante existencia de este estadounidense. Su legado ha vuelto al foco gracias a ‘The White Lotus’, donde sus tejidos son protagonistas

Foto: La firma Jim Thompson se inspira de forma constante en la cultura tailandesa. (Chris Schalkx)
La firma Jim Thompson se inspira de forma constante en la cultura tailandesa. (Chris Schalkx)

Jim Thompson no era diseñador de moda ni artesano. Tampoco empresario al uso. Era arquitecto de formación, exagente de inteligencia durante la Segunda Guerra Mundial y un estadounidense que, casi por accidente, acabó convirtiéndose en la figura clave de la recuperación de la seda tailandesa en el siglo XX.

Nació en 1906 en Greenville, Delaware, y estudió arquitectura en la Universidad de Princeton y en la de Pensilvania, aunque nunca llegó a titularse. Antes de la guerra trabajó en Nueva York, pero su vida dio un giro radical cuando se incorporó al Office of Strategic Services (OSS), el organismo precursor de la CIA. Durante el conflicto fue destinado al sudeste asiático y, al terminar la guerra, decidió no volver a Estados Unidos. Se instaló en Bangkok.

placeholder El 26 de marzo de 1967, Jim Thompson salió a dar un paseo por la selva y nunca regresó. (Cortesía Jim Thompson)
El 26 de marzo de 1967, Jim Thompson salió a dar un paseo por la selva y nunca regresó. (Cortesía Jim Thompson)

A finales de los años 40, la seda tailandesa atravesaba una crisis profunda. La producción artesanal había quedado arrinconada por tejidos industriales importados, baratos y anodinos. Thompson detectó ahí una oportunidad. En 1948 fundó la Thai Silk Company con una idea sencilla y poco común para la época: proteger a los artesanos, defender el tejido manual, mejorar la calidad del acabado y vender la seda como lo que es: un producto de lujo.

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placeholder Showroom de Jim Thompson en Bangkok. (Chris Schalkx)
Showroom de Jim Thompson en Bangkok. (Chris Schalkx)

Estaba en el lugar indicado en el momento indicado. En los años 50, la industria cultural estadounidense miraba a Asia con curiosidad y exotismo. Las sedas de Jim Thompson empezaron a utilizarse en vestuarios teatrales y cinematográficos, como la película musical ‘El rey y yo’ (1956). La etiqueta de Thai Silk Company se convirtió en una marca reconocible.

placeholder Jim Thompson se comprometió con las comunidades tejedoras de Tailandia. (Cortesía Jim Thompson)
Jim Thompson se comprometió con las comunidades tejedoras de Tailandia. (Cortesía Jim Thompson)

Paralelamente, Thompson construyó su casa en Bangkok, ensamblando varias viviendas tradicionales de madera de teca traídas de distintas regiones del país. No lo hizo por mero capricho decorativo: fue su particular declaración de intenciones y amor por la cultura tailandesa. La casa, levantada en 1958 junto al canal Saen Saep, frente a la comunidad tejedora de Baan Krua, se convirtió en punto de encuentro para diplomáticos, artistas y coleccionistas. Hoy es el Jim Thompson House Museum, uno de los espacios culturales más visitados de la Bangkok, ya que también alberga su colección de arte del sudeste asiático.

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placeholder Showroom de Jim Thompson en Bangkok. (Cortesía Jim Thompson)
Showroom de Jim Thompson en Bangkok. (Cortesía Jim Thompson)

Su relación con Tailandia nunca fue paternalista, pero sí algo ambigua, porque Thompson era un extranjero con alto poder adquisitivo y contactos internacionales que se desenvolvía con especial soltura en una industria local fácil de manejar. Lo que nadie cuestiona fue su compromiso y defensa de los artesanos y el cómo impulsó comunidades tejedoras alegres y prósperas.

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placeholder La casa de Jim Thompson en Bangkok. (Cortesía Jim Thompson)
La casa de Jim Thompson en Bangkok. (Cortesía Jim Thompson)

El 26 de marzo de 1967, durante unas vacaciones en las Cameron Highlands, en Malasia, Jim Thompson salió a dar un paseo por la selva y no regresó. Tenía 61 años. Se organizó una búsqueda masiva con soldados, policías, rastreadores locales e incluso médiums. No se encontró ningún cuerpo ni rastro concluyente. En 1974 fue declarado legalmente muerto. Desde entonces, su desaparición ha alimentado todo tipo de teorías: accidente, asesinato, ajuste de cuentas relacionado con su pasado en inteligencia. Ninguna ha podido probarse.

placeholder Rincón del showroom dedicado a la decoración del hogar de la tienda insignia de Jim Thompson en Surawong Road. (Cortesía Jim Thompson)
Rincón del showroom dedicado a la decoración del hogar de la tienda insignia de Jim Thompson en Surawong Road. (Cortesía Jim Thompson)

Jim Thompson ‘The White Lotus’

La empresa sobrevivió a su fundador. Hoy Jim Thompson es una marca consolidada en Asia, con colecciones de moda, decorativas y presencia en el interiorismo de hoteles y restaurantes de lujo. En los últimos años, ha reforzado su perfil y presencia internacional. Sin ir muy lejos, sus tejidos y prendas han sido muy protagonistas en la tercera temporada de ‘The White Lotus’, rodada en Tailandia, una conexión que no es casual: la serie de Mike White utiliza la estética del resort asiático como lenguaje visual, y la seda de Thompson forma parte de ese imaginario desde hace décadas.

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placeholder Jim Thompson es color. (Chris Schalkx)
Jim Thompson es color. (Chris Schalkx)

Jim Thompson no vivió lo suficiente para ver en qué se convertiría su empresa ni para explicar su propia desaparición. Dejó, eso sí, algo poco frecuente: una industria reconstruida, una casa convertida en museo y un misterio que sigue sin resolverse casi sesenta años después.

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Estos días sale a la luz ‘Jim Thompson: Más allá de la seda, más allá de Tailandia’, un precioso volumen editado por Assouline que revisa la figura de este empresario fascinante. El libro, con fotografías de Chris Schalkx —junto a material de archivo— y texto del periodista Stephen Wallis, combina imágenes actuales y contexto histórico para seguir la evolución de una marca que transformó la artesanía textil tailandesa en un referente internacional del diseño y el lujo.

Jim Thompson no era diseñador de moda ni artesano. Tampoco empresario al uso. Era arquitecto de formación, exagente de inteligencia durante la Segunda Guerra Mundial y un estadounidense que, casi por accidente, acabó convirtiéndose en la figura clave de la recuperación de la seda tailandesa en el siglo XX.

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