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Estos son los palacios más impresionantes de Italia: cuando el poder se presumía a golpe de escaleras, salones y arte
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Estos son los palacios más impresionantes de Italia: cuando el poder se presumía a golpe de escaleras, salones y arte

Publicado por Taschen, un fascinante libro del fotógrafo Massimo Listri nos abre, de norte a sur, los palacios del país transalpino. Una vez más, la arquitectura como herramienta perfecta para alimentar el ego del poder

Foto: Palazzo Biscari, Catania. Galleria degli Uccelli, con paredes y puertas pintadas. (Fotografía: Massimo Listri)
Palazzo Biscari, Catania. Galleria degli Uccelli, con paredes y puertas pintadas. (Fotografía: Massimo Listri)

Otro lujoso volumen de la editorial Taschen llega a nuestras manos. En esta ocasión, lo firma Massimo Listri, fotógrafo florentino especializado en arquitectura e interiores. El libro recorre algunas de las residencias más representativas de Italia. No es una colección de postales: cada estancia sirve para leer genealogías, modas y decisiones políticas convertidas en piedra, estuco y mármol.

El viaje arranca en Sicilia con un gesto inequívoco: el portal barroco de Palazzo Biscari, en Catania, de comienzos del XVIII. Dentro, la casa se explica con un encargo pictórico que es casi un acta notarial: el ‘Triunfo de la familia Paternò’ (1772) en la Sala Grande. No hay neutralidad en estos programas decorativos: son prestigio familiar y memoria oficial.

En Nápoles, la arquitectura se vuelve espectáculo. La escalera de Palazzo dello Spagnolo, atribuida a Ferdinando Sanfelice y documentada desde 1738, resume una idea central del palacio italiano: subir también es ser visto. En Turín, ese mismo principio se vuelve cálculo. La escalera de Palazzo Carignano, diseñada desde 1679 por Guarino Guarini para Emanuele Filiberto de Saboya, sigue el ritmo cóncavo y convexo de la fachada y cambia de perfil tras cada rellano. Y en Palazzo Madama, el viejo castillo medieval se ‘palacializa’ entre 1716 y 1721 con una fachada de Filippo Juvarra, encargada por la regente Maria Giovanna Battista de Saboya, y una escalera que desemboca directamente en el salón de baile: circulación pensada para ceremonias.

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placeholder De arriba abajo: Palazzo dello Spagnolo en Nápoles, Palazzo Carignano de Turín y Palazzo Madama, también de Turín. (Fotografía: Massimo Listri)
De arriba abajo: Palazzo dello Spagnolo en Nápoles, Palazzo Carignano de Turín y Palazzo Madama, también de Turín. (Fotografía: Massimo Listri)

El libro también insiste en que estos edificios nunca están quietos. En Génova, el Palazzo Reale nació entre 1643 y 1655 para Stefano Balbi, pasó en 1677 a Eugenio Durazzo y en 1705 se transformó a fondo con Carlo Fontana y Giovanni Pietro Orsolino, incluyendo la remodelación de la fachada del patio. En Mantua, el Palazzo Ducale exhibe la Sala dei Fiumi con pinturas de Gaetano Crevola y Giorgio Anselmi (siglo XVIII). Y el Palazzo Te recuerda otra tradición: el palacio como máquina de placer, iniciado en 1526 por Giulio Romano para Federico II Gonzaga, con la mirada desde la logia hacia el jardín como declaración de control del espacio.

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placeholder Palazzo Reale de Génova, Palazzo Ducale de Mantua y Palazzo Te, también de Mantua. (Fotografía: Massimo Listri)
Palazzo Reale de Génova, Palazzo Ducale de Mantua y Palazzo Te, también de Mantua. (Fotografía: Massimo Listri)

Venecia aporta la relación entre arquitectura y reputación. La fachada de Palazzo Dario, presumiblemente posterior a 1479 y vinculada a planes de Pietro Lombardo, presume de mármol policromado como signo de rango; Claude Monet la pintó en 1908 siguiendo los cambios de luz. En Roma, el poder se formaliza. En el Palazzo del Quirinale, la Sala delle Dame conserva en gran parte el montaje de 1812 y un friso de Bertel Thorvaldsen sobre la entrada de Alejandro Magno en Babilonia; hoy la sala se identifica por tres grandes tondos dedicados a Carlo Emanuele III y sus esposas. En el mismo palacio, el ‘Salottino Giapponese’ retrata el orientalismo tardío con una precisión incómoda: se presentó como ‘japonés’, pero los paneles son chinos.

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placeholder De arriba abajo: Palazzo Dario en Venecia y Palazzo del Quirinale en Roma. (Fotografía: Massimo Listri)
De arriba abajo: Palazzo Dario en Venecia y Palazzo del Quirinale en Roma. (Fotografía: Massimo Listri)

No todo es residencia privada. La Galleria Doria Pamphilj, abierta al público desde mediados del XIX, reúne sarcófagos, tapices, mobiliario y esculturas, además de unas 400 pinturas con nombres como Rafael, Tiziano, Caravaggio y el retrato de Inocencio X de Velázquez. En el Palazzo Farnese, la épica familiar se pinta: en 1552 el cardenal Ranuccio Farnese encargó a Francesco Salviati la decoración de la Sala dei Fasti Farnesiani, con escenas como la victoria de Pietro Farnese sobre los pisanos en 1363.

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placeholder De arriba abajo: Palazzo Doria Pamphilj en Roma y Palazzo Farnese en Roma. (Fotografía: Massimo Listri)
De arriba abajo: Palazzo Doria Pamphilj en Roma y Palazzo Farnese en Roma. (Fotografía: Massimo Listri)

El gusto, cuando cambia, deja habitaciones de moda. En Roma, la Sala Egizia del Palazzo Massimo alle Colonne es un ejemplo de egiptomanía hacia 1800, con Nilo y pirámides bajo un cielo azul. En Nápoles, Capodimonte conserva la Porcelain Room de Maria Amalia de Sajonia, un conjunto rococó realizado entre 1757 y 1759 con guirnaldas y escenas inspiradas en la chinoiserie.

placeholder Del 4 al 8 de febrero, rebajas de hasta un 75% menos en la Taschen Store de Madrid (C/ Barquillo, 38).
Del 4 al 8 de febrero, rebajas de hasta un 75% menos en la Taschen Store de Madrid (C/ Barquillo, 38).

Y en Palermo, el oficio del lujo se firma con nombre y apellido: el salón dorado de Palazzo Butera reúne estucos de Francesco Alaimo, carpintería de Girolamo Carretti y pinturas de Gaspare Cavarretta, mientras la Galleria degli Specchi del Palazzo Gangi-Valguarnera añade un dato de cultura popular: allí se rodaron las escenas de baile de la película de Visconti basada en ‘El Gatopardo’.

Otro lujoso volumen de la editorial Taschen llega a nuestras manos. En esta ocasión, lo firma Massimo Listri, fotógrafo florentino especializado en arquitectura e interiores. El libro recorre algunas de las residencias más representativas de Italia. No es una colección de postales: cada estancia sirve para leer genealogías, modas y decisiones políticas convertidas en piedra, estuco y mármol.

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