Mariona Falomí, periodista viviendo en Estados Unidos: “Cosas absurdas que pagamos los españoles que tenemos interiorizadas y normalizadas”
Vivir en otro país hace que muchos gastos cotidianos de España se vean con otros ojos, especialmente aquellos que se asumen sin cuestionarlos y que forman parte del día a día desde hace años
Vivir fuera suele afinar la mirada sobre aquello que en el país de origen se da por hecho. Mariona Falomí, periodista afincada en Estados Unidos como Au Pair, comparte esa sensación al enumerar una serie de gastos cotidianos que en España se asumen con naturalidad, pero que vistos desde fuera resultan, como mínimo, llamativos.
Su reflexión parte de la educación. Falomí cuestiona el pago de tasas universitarias y, sobre todo, el coste añadido de los títulos. “Ya estás pagando la universidad, aunque sea pública”, apunta, antes de señalar el contrasentido que, a su juicio, supone tener que abonar cientos de euros solo por el papel que acredita los estudios. La comparación con otros sistemas educativos aparece de fondo, especialmente al mencionar másteres con precios elevados.
El foco se desplaza después a la movilidad. El impuesto de circulación, los peajes o el coste del carné de conducir forman parte de una cadena de pagos que, según plantea, se solapan entre sí. “Ya hemos pagado un montón del carné de conducir y encima también tenemos que pagar peajes”, comenta, poniendo sobre la mesa una sensación compartida por muchos conductores.
Uno de los puntos más críticos tiene que ver con los autónomos. Falomí menciona la cuota de autónomos como uno de los ejemplos más difíciles de entender desde fuera. “Tener que pagar por trabajar”, dice, aludiendo a un sistema que obliga a abonar una cantidad fija incluso cuando los ingresos son bajos o inexistentes. A ello suma la necesidad de contratar gestores para cumplir con las obligaciones fiscales. “No se entiende nada de lo que te pide Hacienda y como hagas algo mal, te multan”, señala.
También aparecen gastos ligados a trámites básicos. El pago por recibir una herencia, por ejemplo, le resulta especialmente chocante. “A veces te es más barato dejarla escapar que tenerla”, afirma. Algo similar le ocurre con el coste del DNI o el pasaporte, documentos obligatorios por los que hay que pagar. “¿Por qué tenemos que pagar por eso si es obligatorio?”, se pregunta.
La lista continúa con el aparcamiento regulado en la vía pública, la ITV o la solicitud de certificados como el de antecedentes penales. En este último caso, Falomí apunta la paradoja de pagar por un documento administrativo mientras otros servicios del sistema penal son gratuitos.
Más allá del tono irónico, su reflexión conecta con una conversación más amplia sobre fiscalidad, servicios públicos y percepción del gasto. Vivir en otro país no elimina los impuestos ni los costes, pero sí cambia la forma de verlos. Y ese contraste, como muestra su experiencia, invita a replantearse qué pagos se entienden como normales y cuáles simplemente se han aceptado con el tiempo.
Vivir fuera suele afinar la mirada sobre aquello que en el país de origen se da por hecho. Mariona Falomí, periodista afincada en Estados Unidos como Au Pair, comparte esa sensación al enumerar una serie de gastos cotidianos que en España se asumen con naturalidad, pero que vistos desde fuera resultan, como mínimo, llamativos.