Nathalie Corrt, cubana viviendo en España: "Cuando te encuentras en un país donde nadie tiene tu misma cultura te choca un poco y es un proceso que no se logra de la noche a la mañana"
Nathalie Corrt, cubana viviendo en España: "Cuando te encuentras en un país donde nadie tiene tu misma cultura te choca un poco y es un proceso que no se logra de la noche a la mañana"
Compartir idioma no garantiza compartir códigos y vivir en otro país implica aprender nuevas formas de relacionarse, de entender el tiempo, la cercanía o incluso el silencio
Nathalie explica la dificultad de adaptarse a una nueva cultura (Youtube)
Mudarse a España con un idioma compartido puede dar una falsa sensación de "encaje rápido". Nathalie Corrt, cubana que lleva tres años viviendo aquí, dice que esa fue una de sus primeras expectativas y también uno de sus primeros choques: la cultura se parece, pero no es la misma, y eso se nota en lo cotidiano, en la forma de relacionarse y en cómo se interpretan los gestos.
Ella lo formula de manera muy directa: "cuando te encuentras en un país donde nadie tiene tu misma cultura ni tu misma manera de pensar o actuar te choca un poco". No lo plantea como una crítica a España, sino como el impacto natural de llegar con códigos aprendidos en otro lugar. "No significa que estén mal", matiza sobre los españoles, "simplemente que yo nací, me crié en un país diferente y con una cultura diferente".
Ese matiz es importante, porque su experiencia gira más alrededor de aprender a traducir lo que pasa: entender qué es normal aquí, qué se sobreentiende en una conversación, cómo se marca la cercanía o la distancia, qué se considera educado, qué se percibe como brusco o qué se vive como espontáneo. En ese punto, Corrt insiste en una idea que atraviesa su relato: adaptarse no es renunciar, es ajustar. "Tienes que moldarte", explica, "primeramente por respeto y luego por adaptarte un poco a la sociedad, encajar y poder crear buenas relaciones".
También desmonta el mito del cambio inmediato. "Es un proceso que no se logra del día a la noche", repite, porque la adaptación no depende solo de entender normas, sino de que el cuerpo y la cabeza dejen de reaccionar con sorpresa ante lo distinto. Ella misma reconoce que al principio pensaba que en pocos meses se sentiría "como en casa", y que no fue así: lo que tarda en llegar no es la comodidad, sino la familiaridad.
Es un proceso que no se logra del día a la noche
Con el tiempo, cuenta, esa convivencia con otra cultura le ha obligado a revisar su propia forma de estar en el mundo. "He tenido que cambiar mi mentalidad en muchos aspectos", dice, manteniendo lo que le sirve y soltando lo que ya no le encaja, y también incorporando costumbres o maneras de pensar que antes no tenía y que ahora siente más cercanas. El cambio, en su caso, no es una "conversión" cultural, sino una mezcla: conservar parte de lo propio mientras aprende a moverse con naturalidad en lo nuevo.
Su conclusión es muy reconocible para cualquiera que haya emigrado: incluso entre países con muchas similitudes, el choque cultural existe, y se vive en capas. Primero sorprende, después incomoda y, poco a poco, se integra. No porque desaparezcan las diferencias, sino porque aprendes a habitarlas sin sentir que te estás traicionando.
Mudarse a España con un idioma compartido puede dar una falsa sensación de "encaje rápido". Nathalie Corrt, cubana que lleva tres años viviendo aquí, dice que esa fue una de sus primeras expectativas y también uno de sus primeros choques: la cultura se parece, pero no es la misma, y eso se nota en lo cotidiano, en la forma de relacionarse y en cómo se interpretan los gestos.