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Eduardo Chillida Belzunce vuelve a Madrid con el mantra de su padre muy interiorizado: “Tú trabaja y nunca te lo creas”
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ARTE CONTEMPORÁNEO

Eduardo Chillida Belzunce vuelve a Madrid con el mantra de su padre muy interiorizado: “Tú trabaja y nunca te lo creas”

Tras 18 años, Chillida Belzunce regresa a la capital con la muestra colectiva 'Colores y formas', que reúne, hasta el 18 de mayo, sus últimos trabajos, así como otros de su padre, hermanos, hija y varios artistas vascos vinculados a su universo

Foto: Eduardo Chillida Belzunce (62) es el pequeño de ocho hermanos y, de alguna manera, el destino le tenía reservado el nombre de su padre. (Cortesía)
Eduardo Chillida Belzunce (62) es el pequeño de ocho hermanos y, de alguna manera, el destino le tenía reservado el nombre de su padre. (Cortesía)

Eduardo Chillida Belzunce (San Sebastián, 1964) es el hijo menor del inmenso escultor Eduardo Chillida y de la no menos importante Pilar Belzunce. Pequeño de ocho hermanos, de alguna manera, el destino le tenía reservado el Eduardo del padre. “Se llamará Eduardo y es el último”, sentenció su madre. Pilar no solo fue “la mujer de”, fue una pieza central en la carrera del escultor: gestionó asuntos prácticos, económicos y organizativos, trató con galeristas como Aimé Maeght, conservó obra y documentación, y ayudó a levantar el proyecto de Chillida Leku a partir del caserío Zabalaga.

La trayectoria plástica del pequeño de los Chillida comenzó en la infancia, cuando, con 5 años, realizó una figura femenina en terracota que representaba a su madre. Su padre siempre la tuvo cerca de él en su taller. Recuerda el autor, entre sonrisas, que cuando Joan Miró visitó a su aita, este “fue directo a la escultura y dijo: Eduardo, ¿cuándo has hecho esta maravilla?”. Su padre respondió: “Ah, nada, eso es de Edu, del pequeño”.

Sobre su formación, Chillida Belzunce confiesa que “lo de estudiar nunca me hizo especial ilusión”, por lo que pasaba las clases “dibujando de todo y a todos”. Pasó también una temporada junto al maestro Antonio López para formarse, hasta que un accidente de moto con 21 años —el segundo, había tenido otro con 19— le dejó completamente fuera de juego.

El terrible suceso le tuvo en coma un mes y medio y, cuando volvió a la vida, tuvo que afrontar la cruda realidad: una parálisis de la parte derecha de su cuerpo que le acabó obligando a convertirse en zurdo para continuar su labor. “Mi madre era una máquina de amor perfecta. Estuvo al pie de mi cama todo el tiempo, sacándome adelante”, recuerda. "Yo era un gran deportista, destacaba en todo lo físico, y en aquel momento no podía ni ir al baño solo".

placeholder Eduardo Chillida Belzunce, el pequeño los ocho hijos de Pilar y Eduardo. (Cortesía)
Eduardo Chillida Belzunce, el pequeño los ocho hijos de Pilar y Eduardo. (Cortesía)

Ella le impuso una rehabilitación estricta: “Los lunes tienes fisioterapia en tal sitio, los miércoles en no sé qué otro y los viernes en otro”. Eduardo recuerda divertido cómo Pilar optó por no informar a los especialistas sobre los otros tratamientos: “Ninguno sabía de la existencia de los otros, pero todos se sorprendían: ‘Oye, ¡cómo mejora este chaval!’. Se quedaban alucinados”. Tras este periodo, Eduardo se traslada a Madrid, en 1986, con su hermano Luis para demostrar que “podía desenvolverme por mí mismo. Fácil no fue”.

Volviendo al presente, la exposición 'Colores y Formas' integra obras de tres generaciones. Además de la producción de Eduardo, se exhibe obra original y litografías de su padre, trabajos de sus hermanos Pedro y María, y de su hija Laura. La lista incluye a otros artistas vascos de su círculo, como Ignacio López y Cristian Iglesias, junto a las joyeras Charo Casteres y Mari Cruz Velasco, a quienes nuestro protagonista define como “estupendísimas”. El conjunto abarca pintura, escultura, cerámica, collage y joyería contemporánea. Eduardo se muestra especialmente orgulloso de este grupo plural generado por él.

placeholder Eduardo Chillida Belzunce atendiendo a las preguntas de Vanitatis. (Cortesía)
Eduardo Chillida Belzunce atendiendo a las preguntas de Vanitatis. (Cortesía)

Respecto al presente, Chillida Belzunce afirma que tener 62 años le hace “especial ilusión”, sobre todo por poder mostrar lo que está haciendo ahora en su etapa más abstracta. Sobre la certeza de haber nacido en el seno de una de las familias más importantes del arte contemporáneo, y descartando el síndrome de tener que superar al progenitor, Eduardo sentencia: “Siempre he respetado muchísimo a mi padre, como padre y como artista. Haber crecido junto a él era estar en el cielo, pero nunca he pretendido ser él, porque Eduardo Chillida solo hay uno. Lo que sí heredé fue su humildad”.

Eduardo hijo recupera dos frases que su padre le dedicaba y que siempre le han funcionado como mantra sanador: “Tú trabaja y nunca te lo creas” y “Ahí vas, camino de la gloria”.

En el espacio expositivo del número 2 de la calle Belén de Madrid se introduce también la iniciativa Chillida Belzunce Art & Design, que traslada su lenguaje a mobiliario, iluminación, textiles y accesorios. Si siempre has querido un Chillida en casa, ahora tienes donde elegir.

Eduardo Chillida Belzunce (San Sebastián, 1964) es el hijo menor del inmenso escultor Eduardo Chillida y de la no menos importante Pilar Belzunce. Pequeño de ocho hermanos, de alguna manera, el destino le tenía reservado el Eduardo del padre. “Se llamará Eduardo y es el último”, sentenció su madre. Pilar no solo fue “la mujer de”, fue una pieza central en la carrera del escultor: gestionó asuntos prácticos, económicos y organizativos, trató con galeristas como Aimé Maeght, conservó obra y documentación, y ayudó a levantar el proyecto de Chillida Leku a partir del caserío Zabalaga.

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