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Aldo Comas: "A mis 24 años, mi madre murió de manera trágica y me tocó elegir su ataúd; así me hice mayor"
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Aldo Comas: "A mis 24 años, mi madre murió de manera trágica y me tocó elegir su ataúd; así me hice mayor"

Torrencial, excesivo y caótico. Elegante, brillante y sincero. Así es Aldo Comas, un gran personaje por redescubrir. A alguien que afirma: "Tengo un coeficiente superalto que solo me ha servido para meterme en líos" no hay que dejarlo pasar...

Foto: Aldo Comas, el irrepetible. (Diego Lafuente)
Aldo Comas, el irrepetible. (Diego Lafuente)

Aldo Comas (Barcelona, 1985) no ha venido a este mundo para pasar desapercibido. De su boca suelen brotar verdades como puños, directas y tajantes, que no siempre gustan a los suyos, a los de su clan, a los artistas. Lo que, por otra parte, suele afectarle más bien poco.

Aldo Patricio Comas Zabala bien podría ser el ejemplo perfecto de hombre honesto: una persona que no maquilla su existencia, ni para bien, ni para mal. Lo que ocurre es que hay vidas fascinantes y atractivas —como la suya— y otras, lamentablemente, aburridas e instaladas en el lado oscuro del ‘hate’, ese pantano hediondo donde se odia por defecto. “Ayúdame, Obi-Wan Kenobi. Eres mi única esperanza”.

Todo en nuestro protagonista está condicionado por su TDAH de libro —trastorno por déficit de atención e hiperactividad— y por unas altas capacidades que, según él, le han servido sobre todo para meterse en líos. Quien llegue al final de esta entrevista descubrirá, quizá, cómo poner en positivo todo esto del TDAH y las altas capacidades.

Combativo, elegante y sofisticado a partes iguales, Aldo es un hombre del Renacimiento subido de revoluciones: pinturas, esculturas, un Arca de Noé escondida en un molino del Ampurdán del siglo XVI, saltos en paracaídas, reality shows y alfombras rojas. Y, por supuesto, cámaras de televisión que no suele desaprovechar con tal de atragantarle la cena a medio planeta. Junto a él, en el epicentro de su universo, su adorada —nuestra también— Macarena Gómez y su hijo Dante.

Quien siga leyendo, que aparque prejuicios. Estamos ante una persona altamente interesante y vamos a demostrarlo.

placeholder Aldo Comas por Diego Lafuente.
Aldo Comas por Diego Lafuente.

PREGUNTA. Concéntrate: ¿cuál es tu primer recuerdo?

RESPUESTA. Tengo recuerdos desde los 3 años. Recuerdo prenderle fuego a mi casa. Jugaba con mecheros porque mis padres eran muy fiesteros, muy jóvenes, un poco dispersos, y yo estaba bastante solo casi siempre. Recuerdo perfectamente aquella vez y el olor de la Harley Davidson de mi padre cuando me llevaba delante y sin casco, o el primer día que fui a la guardería francesa y cómo le tiré de los pelos a la profe porque no quería quedarme allí mientras mi padre intentaba que no la dejase calva.

También recuerdo que con mi abuelo íbamos a buscar gamusinos por la montaña. Aún no sé lo que es un gamusino, pero imagino que es la versión ibérica del gnomo, ¿no? Recuerdo fiestas muy locas en mi casa, surrealistas. Y recuerdo las sevillanas que se oían por las ventanas porque vivíamos en la frontera entre España y Francia, y estaba lleno de franceses borrachos comprando alcohol y tabaco con las sevillanas a todo lo que da.

P. ¿Qué quieres decir con que quemaste la casa?

R. Estaba jugando en la cama con unos cochecitos pequeñitos de hierro. Los puse uno encima del otro porque habían tenido un accidente, y yo tenía un colchón de los de antes, de espuma. No sé de dónde saqué un mechero para prenderles fuego a los cochecitos porque, claro, habían chocado. De repente, el fuego saltó al colchón y se expandió por todo el cuarto. Yo me escondí en la ducha.

"Saqué un mechero para prenderle fuego a los cochecitos porque, claro, habían chocado. De repente, el fuego saltó al colchón y se expandió por todo el cuarto"

Mis padres, a las dos de la tarde, estaban sobando porque habrían estado de fiesta el día anterior. Se levantaron, vieron la casa en llamas y que yo no estaba en el cuarto. Imagínate el susto. Me refugié en la ducha y abrí el agua. Con 3 años, tuve un arranque de cordura o algo así.

P. ¿Qué querías ser cuando empezaste a hacerte un hombrecito?

R. Pasé por varias fases. Mis dos grandes temas eran ser piloto de avión —que al final he acabado siéndolo de mi propio cuerpo cuando salto en paracaídas— y veterinario. No he sido veterinario porque las ciencias no se me dan nada bien, pero he acabado rodeadísimo de animales porque me flipan. De alguna manera, esos dos sueños infantiles los he alcanzado. Pero me hice artista, que también es bonito. No más bonito que lo otro, ¿eh? Igual de válido.

placeholder Aldo Comas por Diego Lafuente.
Aldo Comas por Diego Lafuente.

P. ¿Qué es lo mejor de haber nacido en tu familia?

R. Haber viajado. Mi familia es muy viajera y me enseñaron a viajar desde pequeño. Viajar es una forma de educación espectacular. Valoro más a una persona por viajada que por leída, casi.

"Valoro más a una persona por viajada que por leída, casi"

Es uno de los influjos culturales más importantes que puede tener alguien. Y viajar ya no tiene que ver con la pasta: hoy puedes hacerlo con muy poco dinero, te vas con una manta y ya. Cambiar de lugar regenera las células, te saca de la zona de confort, te expande la mente y te hace ver lo pequeños que somos y lo ridículas que son muchas veces nuestras posiciones.

P. ¿Le pondrías algún pero a tu familia?

R. Yo los quiero mucho, pero mi padre y mi madre, cuando me tuvieron, eran muy jóvenes y no estaban demasiado pendientes. Luego tuvieron un divorcio muy traumático y bastantes problemas con las fiestas. Eran ‘baby boomers’ con menos información de la que tenemos nosotros, quizá. Su época fue mucho más alocada y eso se transformó en muchísima soledad para mí desde pequeño. Pero esa soledad también hizo que me desarrollara creativamente como soy hoy.

"No podemos juzgar a nuestros padres porque nadie enseña a un padre a ser padre. Yo también he cometido mis errores y he repetido patrones"

Soy lo que soy por el sufrimiento y por la alegría que me dieron mis padres. Y siempre tuve a mi abuela, que fue un gran tótem de amor y cultura. Me despertaba por la mañana con la casa llena de botellas y restos de la fiesta, y me iba en pijama a la casa de enfrente, que era la de mi abuela, para que me hiciera el desayuno. Ella siempre estuvo ahí para mí.

"Mi abuela siempre estuvo ahí para mí"

No podemos juzgar a nuestros padres porque nadie enseña a un padre a ser padre. Yo también he cometido mis errores y he repetido patrones. Mi madre tuvo una vida muy jodida que la llevó a ser como era. Que en paz descanse.

P. Somos lo que somos por las circunstancias que nos tocan, pero la construcción de uno mismo también hay que trabajársela. ¿Qué piensas de la gente que se pasa la vida quejándose y culpando de todos sus males a los demás?

R. Víctimas. No puedo con ellas. Todos tenemos traumas, cada uno los suyos. No hay que ir por ahí comparando traumas; además, los traumas son supersubjetivos. Pero los traumas son lo que nos hacen. Yo soy muy schopenhauerista: tú encuentras la felicidad cuando has conocido la tristeza. Valoras la comida cuando has conocido el hambre.

"Viajar regenera las células, te saca de la zona de confort, te expande la mente y te hace ver lo pequeños que somos y lo ridículas que son muchas veces nuestras posiciones"

Con 18 años estuve preso en Nepal diez días, en Katmandú. Iba con el típico grupo de turistas hippies y dos chavales llevaban un par de porros, una chorrada, y nos metieron a todos en la trena. Cuando salimos, la cónsul española tenía un hotel de cinco estrellas y nos recluyeron allí hasta que pudimos viajar. Pasé de estar en una cárcel del tercer país más pobre del mundo, con la peste más grande que te puedas imaginar, a un hotel de cinco estrellas. Nunca en mi puta vida había valorado tanto un bocadillo de bacon o una ducha. Eso es schopenhauerismo total: valoras las cosas cuando has conocido su carencia.

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placeholder Aldo Comas en acción por Julia Saura.
Aldo Comas en acción por Julia Saura.

P. ¿En qué momento te hiciste adulto?

R. He tenido bastantes hostias en la vida. Mi adolescencia fue muy dura y luego, teniendo yo 24 años, mi madre murió de una sobredosis. Ponerte a escoger una caja de pino o nogal, estar con el cuerpo de tu madre y vaciar su casa no es fácil. Mis padres ya estaban divorciados y me tocó a mí. Hay gente a la que le pasa más joven y gente a la que le pasa más mayor, pero nunca estás preparado. Esa fue la hostia que me obligó a hacerme mayor por cojones.

"Otro zarpazo fue cuando se me murió un colega haciendo paracaidismo. Se murió en mis brazos, lo tuve que reanimar, acabé viendo cómo se moría a un palmo de mi cara"

Otro zarpazo fue cuando se me murió un colega haciendo paracaidismo. Se murió en mis brazos, lo tuve que reanimar, acabé viendo cómo se moría a un palmo de mi cara. Aterrizó mal, con el paracaídas medio abierto. Estábamos a dos kilómetros del centro de saltos y no había nadie. Viví con él los últimos momentos de su vida. Los dos teníamos 28 años.

Y también te haces mayor cuando te das cuenta de que eres mayor. Ahora, con los 40, siento que ya ha pasado la mitad de mi vida.

P. Bueno, tener 40 no es ser tan mayor…

R. No, pero ya estás en ese punto en el que la balanza se inclina hacia el otro lado. Te empiezas a plantear cuestiones que antes no te planteabas. Otra cosa que me hizo mayor, para lo bueno, fue el día que nació mi hijo Dante. Eso me hizo mayor en plan bien, a lo grande y a lo bonito.

P. ¿Te molesta si hablamos de tu TDAH?

R. En absoluto. Yo soy el inventor del TDAH. Me lo diagnosticaron con 6 años y empezaron a medicarme con pseudoanfetaminas hasta los 16. También me diagnosticaron altas capacidades; antes no se llamaban así, te hacían un test y punto. Tengo un coeficiente superalto que, en verdad, solo me ha servido para meterme en líos. (Risas). Me echaron de todos los colegios. Era el que se metía en todos los líos, siempre.

"Tengo un coeficiente superalto que, en verdad, solo me ha servido para meterme en líos. Me echaron de todos los colegios. Era el que se metía en todos los líos, siempre"

Ahora, como adulto, lo he empezado a trabajar de una manera distinta, asumiéndolo. Intento medicarme lo mínimo, pero sí: me tocó un ‘full TDAH’ de libro. No poder estarme quieto, dormir con temblores, la pierna moviéndose, perderme… Soy lo que se dice todo un personaje. Macarena te lo puede contar mejor.

P. Nadie es perfecto. Estudiaste en el Collège Alpin Beau Soleil, uno de los internados privados más exclusivos y prestigiosos de Suiza. ¿Te marcó esa etapa?

R. Lo del Beau Soleil suena muy bonito, pero antes pasé por muchas escuelas. Empecé en la guardería del barrio francés de El Pertús, el pueblo que hace frontera con Francia en el que vivíamos. De los 5 a los 13 fui al St. George’s School, un colegio inglés supermono en Gerona. Me echaron, claro. Luego me mandaron a Milton Abbey, un colegio militar solo para tíos en el condado de Dorset. Los miércoles nos vestíamos de 'full ejército', hacíamos marchas militares, paradas, disparábamos armas, camuflaje… Una locura. Duré tres meses. Me echaron.

"Pasé de ir a clase con príncipes, hijos de narcos e hijos de presidentes —yo siempre era el más pobre de la clase— a un colegio público"

De ahí me mandaron a Suiza —el mismo año estuve en tres colegios— el trimestre de verano y me echaron también, por liarla con unos españoles. Pero me dejaron volver, estuve dos años más y me volvieron a echar. Luego mi padre me dijo: “Mira, ya no pago más por tus estudios, búscate la vida”, y acabé en un cole público en Gerona, el Vicens Vives, que me encantó.

"Los diez primeros días en el colegio público me esperaban en la puerta para darme palizas, porque yo iba vestido de Ralph Lauren rosa de arriba a abajo. ¡Normal que me atacasen!"

Pasé de ir a clase con príncipes, hijos de narcos e hijos de presidentes —yo siempre era el más pobre de la clase— a un colegio público donde los diez primeros días me esperaban en la puerta para darme palizas, porque yo iba vestido de Ralph Lauren rosa de arriba a abajo. ¡Normal que me atacasen! Al final, los que me pegaban acabaron siendo mis mejores amigos.

Mi educación es la conclusión de todo esto. Beau Soleil queda muy bien en el currículum, pero soy más que eso, soy todo por lo que he pasado.

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Aldo Comas por Diego Lafuente.

P. Conclusión: los niños bien estudian con otros niños bien, lo que en el futuro se traduce en grandes amistades bien, contactos bien, planes bien y vacaciones aún mejor.

R. No hay nada mejor que el networking que te puede ofrecer un buen colegio, eso es así. Tengo amigos de Beau Soleil por todo el planeta. Puedo ir a un montón de países, llamar a alguno y que me acoja, aunque no hablemos casi nunca. Somos como una especie de masonería.

"La educación te permite estar sentado con una princesa o en un comedor social y tratar a la gente con el mismo respeto y cariño, y pasártelo igual de bien"

Del colegio de Suiza mantengo muchos amigos, pero superamigos, solo uno. Lo importante no es con quién te sienten al lado, sino que sepas idiomas y que te eduquen para ser una persona con cojones. La educación te permite estar sentado con una princesa o en un comedor social y tratar a la gente con el mismo respeto y cariño, y pasártelo igual de bien. Es así.

P. ¿Qué hacemos con la plaga de la gente políticamente correcta?

R. Lo políticamente correcto, o mejor dicho, esta era de los ofendidos, ha creado parte de la polarización que sufrimos. Es la historia de siempre: cuanto más te ofendes, más ganas de ofenderte tengo. El que se ofende cada vez se ofende más, y el que quiere ofender cada vez quiere ofender más. Es un juego perverso.

"El mundo ofendidito es lo contrario al humor, lo contrario a la gracia. Es el lloriqueo, el victimismo, eso que llaman 'problemas del primer mundo'"

La era de los ofendiditos es una pantomima. Si la humanidad les hubiera hecho caso en algún momento de la historia, directamente no existiría el ser humano. El mundo ofendidito es lo contrario al humor, lo contrario a la gracia. Es el lloriqueo, el victimismo, eso que llaman 'problemas del primer mundo'. A mí los ofendidos me la sudan. No voy a hacer daño a nadie, pero tampoco voy a vivir pendiente de si alguien se ofende porque yo respire.

P. Dominas como pocos el arte de cazar una cámara o un micro para soltar verdades incómodas. ¿Lo tuyo qué es más necesidad de polemizar o necesidad de saldar cuentas con el mundo?

R. No. Si quisiera polemizar, me metería en política, porque me lo han ofrecido. También me llaman mucho para ir de tertuliano. Si quisiera estar ahí, lo haría.

Lo que pasa es que me considero sincero. No es eso de “yo digo lo que pienso y si no te gusta, te aguantas”. No. Yo digo las cosas desde mi propia lógica. Todos opinamos de cosas de las que no somos expertos: política, geopolítica, un cotilleo o lo que sea. Pero yo no opino desde la verdad absoluta, opino desde mi propia verdad.

"Digo cosas que piensa casi todo el mundo que conozco. Pero al decirlas yo, un artista, o soy una especie de héroe —¡qué huevos tiene!— o soy el fascista hijo de puta más grande"

Y sorprende mucho cuando digo cualquier chorrada, como lo de los Goya o los Forqué, que son cosas que piensa casi todo el mundo que conozco. Pero al decirlas yo, un artista, o soy una especie de héroe —“qué huevos tiene”— o soy el fascista hijo de puta más grande. Y no soy ni una cosa ni la otra. Doy un punto de vista distinto al tuyo y no pasa nada. Tiene que ser respetado.

En España hay mucho complejo con la derecha y la juventud. Históricamente, la izquierda, la revolución y la libertad vinieron de ahí. Con la caída de Franco, obviamente tenía que venir de ahí. Pero eso no quiere decir que por ser de derechas seas intolerante, no creas en la libertad o no creas en los derechos humanos. No tiene nada que ver.

"Los artistas no tienen por qué ser todos de izquierdas. Eso es una gilipollez"

Los artistas no tienen por qué ser todos de izquierdas. Eso es una gilipollez. Dalí fue profundamente monárquico y hasta franquista, diríamos. Y no se le pone en duda por eso.

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placeholder Aldo Comas por Julia Saura.
Aldo Comas por Julia Saura.

P. Cuando tecleas Aldo Comas en Google, lo primero que aparece es “Actor. Esposo de Macarena Gómez”. ¿Qué le dices al algoritmo?

R. Que Google funciona por etiquetas, por palabras clave que va pillando de aquí y de allá. Ahora, con lo de los Goya, que me hice viral por todo el planeta, ponían: “Actor Aldo Comas”. Y yo: “Come on, I’m a painter”. ¡Soy pintor, soy pintor!

Me da igual. Me han puesto todos los títulos. Ya solo falta que un día digan que soy médico o arquitecto.

P. Bueno, y luego está el maravilloso título de ser esposo de Macarena Gómez, a la cual adoramos. Hablabas antes de Macarena, que te aguanta muchas cosas, vamos a decirlo así. Háblanos de ella, por favor.

R. Macarena es extremadamente inocente, con un corazón increíblemente grande. No hace falta hablar de su arte, porque para mí es un portento como actriz. Hay que tener algo más para poder llegar a impersonar a la gente como lo hace ella.

Es la mejor persona del mundo. A veces la sufro porque me da unos sustos de muerte cuando se convierte en sus personajes y se pone a llorar o a gritar como una loca… y todo es ‘acting’. Es genial

"Macarena es la mejor persona del mundo. A veces la sufro porque me da unos sustos de muerte cuando se convierte en sus personajes y se pone a llorar o a gritar como una loca… y todo es ‘acting’. Es genial"

Y es mucho más buena de lo que aparenta su dureza inicial. Macarena, cuando la conoces de primeras, puede parecer muy dura, muy seca. Pero es pura ternura. Es dubitativa, confía mucho en mí, en mi criterio estilístico. Es una gran madre. Y no sé qué más decirte: es muy buena persona.

P. El ser humano es el único animal capaz de ser artista. Tú eres pintor, escultor, performer… ¿Qué necesitas expresar?

R. Como artista, trabajar con una finalidad muchas veces es un reto. Yo trabajo quizá más con tótems. Trabajo mucho la infancia y el concepto de las selvas.

Lo que quiero mostrar con mi arte es el caos interno del ser humano y la conexión brutal que tenemos con nuestro niño. Busco constantemente la infancia e investigo la simbología de la naturaleza como el verdadero sino de nuestro interior.

"Con mi arte busco constantemente la infancia e investigo la simbología de la naturaleza como el verdadero sino de nuestro interior"

Somos una selva por dentro. Una selva que se come a sí misma, pero crece. La selva es bella, pero es radical. Es extremadamente egoísta, pero a la vez lo comparte todo. Ahora estoy trabajando mucho la infancia y la selva como símbolo.

P. Es lo que sería tu actual serie, ‘Wild Faces’, ¿no?

R. Exactamente. ‘Wild Faces’ es una serie de esculturas que acabo de lanzar y que ya está casi agotada. Representa eso: la conexión más tribal del ser humano con la naturaleza a través de la simplificación de la forma.

P. A todo lo dicho sumaremos otra condición muy tuya: la de poeta insospechado. Hablas de tus sentimientos, ideas y emociones con ritmo, musicalidad e imágenes. ¿De dónde procede todo esto?

R. Estudié Comunicación Audiovisual y entendí que la base de la comunicación está en la cultura. Cuanto más lees, mejor puedes hablar. Cuanto más cine consumes, cuantos más cómics lees, cuanto más escuchas al mundo, mejor puedes estructurar tu relato.

"Si solo has escuchado el lenguaje de la calle y no lees, hablarás un lenguaje muy básico. Cuanto más aprendas, más encontrarás la palabra correcta para expresarte bien"

Creo mucho en la idea platónica de cultivar al máximo el mundo de las ideas para luego poder expresarlas de la mejor manera. Si tú solo has escuchado el lenguaje de la calle y no lees, hablarás un lenguaje muy básico. Cuanto más aprendas, más encontrarás la palabra correcta para expresarte bien.

Y quizá la parte musical viene de que yo era músico. Empecé en el arte con una banda, haciendo giras, tocando, sacando discos con Cínamon, con Subterfuge. He estado en Estados Unidos, en Francia, en Inglaterra… Me lo pasé bomba en el mundo del rock and roll. Siempre me ha gustado escribir, componer, rimar. Quizá de ahí procede esa musicalidad a la hora de sonar.

P. ¿Cómo se llamaba tu grupo?

R. Empezó siendo El Guisante Mágico y luego se llamó San Leon. Me lo pasé bomba.

P. Hablemos de vuestro molino en el Ampurdán, del hogar de Macarena, Aldo y Dante. ¿Cómo se cruzó en vuestras vidas?

R. Mi padre y yo somos de aquí, del Ampurdán. Nos criamos en El Pertús, en la frontera; somos gente de frontera. Desde que me fui a vivir a Barcelona, cada fin de semana venía aquí, a casa de mi padre, al campo, a saltar, porque tengo cerca el centro de paracaidismo.

Cuando me casé con Maca, una de nuestras prioridades era conseguir una casita en esta zona. Encontramos un molino antiguo del siglo XVI, hecho polvo, donde antiguamente se hacía el pan del pueblo, y fuimos haciéndole reformitas. A mí me encanta el mundo jardín, y empecé con un caballo y un cerdo. Luego llegaron más animales: unas alpacas, un loro, los perros, las gallinas…

"Para mi TDAH me va muy bien hacer dos horas al día de huerto, jardín y animales. Tengo suerte: soy artista, trabajo en casa y puedo hacerlo"

Aquí tengo mi proyecto de vida. La casa es una gran obra de arte, algo que voy construyendo poco a poco. Ahora me he fabricado una barbacoa, por ejemplo. Yo no sabía construir nada y ahora me encanta. Siempre estoy liado con cositas aquí.

Para mi TDAH me va muy bien hacer dos horas al día de huerto, jardín y animales. Tengo suerte: soy artista, trabajo en casa y puedo hacerlo.

P. El paracaidismo es una de tus pasiones. A nosotros nos parece aterrador. ¿Qué te empuja a saltar?

R. No te voy a hacer una lectura romántica de la adrenalina y los límites del ser humano, porque todo eso me parece una chorrada ‘new age’. Para mí, volar es la forma más pura de danzar. Es ballet en tres dimensiones. Es flamenco buceando en un mar de gas.

"Volar es la forma más pura de danzar. Es ballet en tres dimensiones. Es flamenco buceando en un mar de gas"

Cuando conoces las tres dimensiones —haciendo submarinismo o simplemente nadando— se te abre algo. No sé si en la pituitaria o dónde, pero se te abre algo. Para mí es una forma de expresión corporal que va más allá de los límites de lo humano. Es absolutamente incomprensible para el profano, pero es el sueño más grande de la humanidad hecho realidad. Yo vuelo como lo que tú sientes cuando sueñas que vuelas.

P. ¿La muerte de aquel chico no te hizo replantearte seguir saltando?

R. Conozco a mucha gente que ha dejado este deporte por no haber podido gestionar la muerte de un colega. Entre mi grupo de paracaidistas lo tenemos claro: nadie dejará de saltar si uno de nosotros se mata. Lo hemos hablado. Si me toca a mí, montadme la fiesta más grande. Tirad parte de mis cenizas en caída libre y las otras aquí, en casa.

"Yo, cuando me muera, quiero dejar un testamento que dé por culo mucho tiempo a mucha gente, con pruebas y con yincana"

Yo, cuando me muera, quiero dejar un testamento que dé por culo mucho tiempo a mucha gente, con pruebas y con yincana. Que tengas que coger una carta y llevársela a tal persona; que la otra tenga que ir a un notario a buscar una pluma de colibrí… Quiero que mi testamento sea una obra de arte.

P. Otro de tus puntos fuertes es tu arrolladora personalidad al vestir. Te atreves con extravagancias que, todo hay que decirlo, te quedan genial. Eres un tipo elegante ajeno a las modas. ¿Diseñarías una colección cápsula para Zara, H&M o Primark? ¿O para alguna firma de LVMH?

R. ¡Me encantaría! Ahora estoy hablando con una firma para, quizá, hacer algo el año que viene; creo que voy a hacer una colección cápsula. He hecho pañuelos, he diseñado una toalla con mi langosta para una marca de productos de baño de aquí… Cositas. Para mí sería un sueño hacer colecciones cápsula para marcas potentes. Algo chulo para Louis Vuitton, algo así. ¡Guau! ¿¡Te imaginas!?

P. ¿Por qué te apuntaste al reality ‘Hasta el fin del mundo’, cuyo quid, en nuestra opinión, no fue más que saber subirse a tiempo a autobuses?

R. A mí me han ofrecido diez mil realities toda la vida. Me han llamado de ‘MasterChef’ cada año, de ‘Supervivientes’... y a todos les he dicho que no. ¿Iría a una isla a comer cocos y a llorar todo el día en taparrabos? No. ¿Pillarme un ataque de pánico por no hacer un pollo a la pepitoria como toca? Tampoco.

Pero atravesar 18.000 kilómetros por Sudamérica, una ruta que había hecho mi padre, con lo único que sé hacer de verdad, que es viajar… Eso se me da bien y soy feliz. Aun así, llegué con muchas dudas al programa.

‘Hasta el fin del mundo’ fue de las mejores experiencias de mi vida porque aprendí que yo soy feliz en el caos, en el día a día. No plan, no phone, no money… Ahí soy bueno. Dicen que los TDAH son muy buenos en situaciones de estrés, caos y duda. Yo sufro más con los silencios, la monotonía y el aburrimiento.

placeholder ¿Aún quedan piezas de 'Wild Faces'?
¿Aún quedan piezas de 'Wild Faces'?

P. En cualquier caso, si alguien disfrutó del concurso desde una perspectiva ‘bon vivant’, fuisteis tú y tu compañero Jose Lamuño. ¿Cómo te las arreglaste para sacarle tanto partido al periplo?

R. A Jose le llamé yo, porque me pidieron que buscase un compañero. Es una de las personas que más quiero en el mundo. Aunque aparentemente yo era el líder y quizá llevaba más la iniciativa, teníamos muy pactado nuestro rol de pareja. Y él fue ganando su lugar; a medida que pasan los capítulos, el tío fue creciéndose. ¡Y cuidado cuando se cabrea! Al que tenía miedo el equipo era a él, no a mí.

"Llegué a ser ‘trending topic’ como el más odiado de toda España en el primer capítulo. Y eso me sorprendió: “Coño, vale que soy un poco así, especial, pero ¿tan mal caigo?”. Lo pasé un poco mal, pero me duró nada,dos días"

Nos reímos mucho. El único día que dormimos en un puto castillo, que era una maravilla, me avisan de que van a grabar el despertar. Y justo me tiré un cuesco que llegó hasta el muro. O sea, el cuesco venía con sorpresa, pero todo, ¿eh?, chorreando. El cámara fuera con arcadas. Al final éramos ya todos tan colegas que nos partimos el culo y fue una historia divertidísima.

Llegué a ser ‘trending topic’ como el más odiado de toda España en el primer capítulo. Y eso me sorprendió: “Coño, vale que soy un poco así, especial, pero ¿tan mal caigo?”. Lo pasé un poco mal porque yo venía convencido de la aventura de que la gente me vería como el más molón. Pero nada, me duró dos días. Los de Zeppelin, la programa del programa, fueron muy hábiles porque crearon mi arco narrativo de una manera magistral. Acabé amando el formato.

P. ¿Aldo Comas se cansa en alguna ocasión de Aldo Comas?

R. Guau, qué pregunta tan bonita. Constantemente. Aldo Comas se pelea con Aldo Comas, se abraza, se deconstruye y se vuelve a construir.

"Siempre queremos ser ángeles o demonios, pero no se puede. La gran batalla es saber estar entre ambos"

La terapia más grande que puede hacer el ser humano siempre es consigo mismo. Y como buen TDAH y pensador, me paso la vida analizando. Analizando y haciendo de amigo y enemigo de mí mismo. Hablando y deshablando con mi ángel y con mi demonio.

Siempre queremos ser ángeles o demonios, pero no se puede. La gran batalla es saber estar entre ambos. Al menos, esa es mi batalla.

placeholder Aldo en su Arca de Noé.
Aldo en su Arca de Noé.

P. ¿Sabes perder?

R. Soy superbuen perdedor. ¿Sabes por qué? Porque me han castigado toda la vida. Siempre he sido el primero al que pillaban, el que tenía la culpa de todo. “Ha sido Aldo”. Me he pasado la vida castigado, teniendo que asumir mis errores. Y quizá eso también es lo que me ha salvado el culo. Yo la cago, la lío mucho, pero también soy muy bueno pidiendo perdón y asumiendo mi culpa. “Ey, lo siento, baby”, y ya está.

"Siempre he sido el primero al que pillaban, el que tenía la culpa de todo: '¡Ha sido Aldo!'”

También soy competitivo, pero a lo guay. Como vivo tanto el presente, la derrota dura un minuto. Y después de la derrota solo hay futuro.

P. ¿Cómo te ves de viejecito?

R. Lo más importante es que sí: me veo de viejecito. Quiero llegar a viejo y seguir saltando de aviones. Quiero llegar a los 90 y pico con mi mujer, porque Macarena y yo tenemos un pacto de por vida.

"Quiero llegar a los 90 y pico con mi mujer, porque Macarena y yo tenemos un pacto de por vida"

Y quiero a mi hijo cerca. Quiero que esos tres tótems estén. Poder seguir como hasta ahora: vivir del arte, vivir la vida día a día. Que me acompañe la salud, que las muertes alrededor sean leves y a su tiempo. Tener una vida tranquila, ligeramente ascendente. Y que las hostias que vengan ya no sean muy fuertes, si puede ser.

Aldo Comas (Barcelona, 1985) no ha venido a este mundo para pasar desapercibido. De su boca suelen brotar verdades como puños, directas y tajantes, que no siempre gustan a los suyos, a los de su clan, a los artistas. Lo que, por otra parte, suele afectarle más bien poco.

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