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ha muerto a los 91 años

Carmen Franco, una mujer con un apellido detestado y admirado con igual intensidad

Carmen Franco Polo para la biografía oficial y Nenuca para los íntimos tuvo una vida fácil en un mundo donde su apellido era detestado y querido con la misma intensidad

Foto: Carmen Franco, madre de Carmen Martínez-Bordiú, en un fotomontaje realizado en Vanitatis.
Carmen Franco, madre de Carmen Martínez-Bordiú, en un fotomontaje realizado en Vanitatis.

Cuando se convirtió en la cabeza visible del clan Franco, una vez quedó en primera línea del organigrama, Carmen nunca quiso ser la portavoz de la familia. En realidad, lo que pretendió fue que su perfil fuera lo más invisible posible dado su histórico de vida. Poco a poco lo fue consiguiendo hasta llegar a estos últimos años donde sus apariciones públicas se centraban en el Rastrillo de Nuevo Futuro y sus paseos por La Granja, donde jugaba a las cartas con su amiga de siempre, Helena Bermúdez de Castro. No le gustaba perder y quizá era de los pocos momentos donde mostraba cierto malhumor. Según los que la trataron era una mujer muy educada y poco autoritaria. “No heredó esos genes de sus padres, pero sí algunos de sus nietos”, decían

No hacía declaraciones, ni se prestaba a los reportajes de los que tan asidua es su hija Carmencita. Ni tan siquiera quiso que la celebración de sus 90 años tuviera una vertiente pública. Esta fiesta la organizó su nieto Luis Alfonso y su mujer, Margarita Vargas, en su chalet de La Finca y acudieron todos los miembros de la saga incluidos los nietos y biznietos. Los hijos y ella misma sabían que ya quedaba poco, aunque aún tuvo otro cumpleaños.

No acudía a las fiestas donde se requería su presencia, ni a los homenajes que organizaban firmas comerciales y asociaciones como reclamo para que asistiera. Cuanto menos se hablara de ella y de su familia mejor. Esto no fue posible porque sus hijos siempre dieron titulares. Desde Francis Franco y sus líos judiciales a Carmen Martínez-Bordiú con amores de ida y vuelta, matrimonios estacionales y pasiones de última hora. O este último año el divorcio de Cristóbal y Jose Toledo.

Carmen, o Nenuca como la llamaban desde pequeña, fue una mujer discreta que no se metía en la vida de sus hijos. A lo más que llegaba era a dar su apoyo o brindar su casa de la calle Hermanos Bécquer como refugio. Lo hizo con Luis Alfonso cuando murió su padre, el duque de Cádiz; también con Carmen cuando se separó de Jean Marie Rossi; y ahora con el nieto Daniel Martínez-Bordiú Toledo. “Nunca he querido organizar la existencia de nadie y menos la de mis hijos”, decía cuando se le preguntaba por alguna cuestión relacionada con su peculiar descendencia.

Carmen Franco en 2001. (Gtres)
Carmen Franco en 2001. (Gtres)

Todo lo contrario de lo que fue su niñez, juventud y matrimonio. Llegó a El Pardo cuando tenía 13 años y durante décadas creyó que su padre, además de jefe de todos los Ejércitos, era un hombre inmortal. Creció a la sombra de la Guardia Mora, de una institutriz francesa y una teresiana. Siempre custodiada y anulada por su madre primero y su marido después. No fue al colegio, no pudo elegir a sus amigas cuando era pequeña y tuvo una adolescencia donde nadie le explicaba los cambios físicos ni emocionales que sufren las jóvenes. Estableció su relación con el mundo exterior a través del NO-DO (informativo oficial), donde ella y más adelante sus hijos eran los protagonistas.

“Todo lo tuve que aprender sola”, le decía a Nieves Herrero en esas conversaciones que han servido para que la periodista escribiera este testamento literario donde hay claves que se desconocían de su vida.

Uno de los momentos más difíciles para ella fue el atentado al hotel Corona de Aragón donde se encontraba con su familia con motivo de la jura de bandera de su hijo Cristóbal. “Pudimos morir todos quemados”, contaba muchos años después al preguntarle algunos de las anécdotas más complicadas fuera del ámbito familiar como fue la muerte de su nieto Francisco. Desde el día del atentado Carmen llevaba siempre en su bolso una escala (como las de los escaladores) como talismán. “Por si acaso”, comentaba a sus amistades.

Carmen Franco el día de su boda. (EFE)
Carmen Franco el día de su boda. (EFE)

Su combinación genealógica era muy complicada. Hija del general que durante cuarenta años mantuvo a los ciudadanos firmes y sin democracia; de Carmen Polo, autoritaria, dominante y organizadora de la vida de Nenuca, que tuvo poco margen para elegir su futuro, incluido su marido. Se casó enamorada del marqués de Villaverde, pero sufrió mucho por sus infidelidades. Su madre le enseñó a no demostrar sus debilidades y tristezas. Oficialmente fueron una pareja 'feliz' con seis hijos hasta que Cristóbal Martínez-Bordiú murió en 1998.

Una vez cubierto el luto, Carmen Franco cambió de vida y se dedicó a viajar con sus amigas unas veces y con su hija Carmen otras por medio mundo. “Es lo que más me puede gustar”, contaba cuando los periodistas la preguntábamos por ese espíritu viajero. Quizás solo era una manera de huir de un pasado con más sombras que luces en el plano íntimo y familiar y que últimamente había vuelto a revivir.

Este verano fue el primero que no acudió al pazo de Meiras, su refugio. El municipio de Sada la declaró “persona non grata” y desde ese día decidió que nunca más pisaría ese lugar. Y así fue. Este asunto más la decisión de asociaciones y partidos políticos de trasladar los restos de su padre Francisco Franco fuera del Valle de los Caídos fueron dos noticias que la afectaron profundamente.

Según contaban los que la han tratado estos últimos tiempos, “Carmen estaba muy cansada y con pocas ganas de luchar. Lo hizo cuando le detectaron el primer cáncer, pero ahora ya no tenía fuerzas”. Carmen Franco Polo para la biografía oficial, Nenuca para los íntimos y 'abu' para los nietos tuvo una vida aparentemente fácil en un mundo donde su apellido era detestado y querido con la misma intensidad.

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