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FUE EN 2008 EN GIRONA

La boda que acabó con la paz del clan Sánchez Vicario, a través de fotos exclusivas

Los padres de ella no participaron en la organización de la boda, celebrada en el castillo de Peralada. La extenista estaba embarazada de su hija, que cumple 9 años el próximo martes

Foto: Una de las imágenes de la boda de Arantxa Sánchez Vicario.
Una de las imágenes de la boda de Arantxa Sánchez Vicario.

Muchos se sorprendieron cuando recibieron la invitación. Emilio Sánchez y María Luisa Vicario, José Santacana y Encarnación Blanch invitaban a la boda de sus hijos, Arantxa Sánchez Vicario y Josep Santacana, el 12 de septiembre de 2008. De pronto, desaparecían las desavenencias, las disputas públicas. La extenista se casaba, contra la voluntad de su familia, con el chico con el que vivía desde hacía un año, justo después de conocerse.

Fue en verano de 2007 cuando ambos coincidieron en una cena y en la fiesta posterior en la discoteca Pachá. Aquella noche Pep Santacana jugó su mejor partido: coqueteó con las amigas de la tenista ignorándola hasta que se le acercó para decirle que a él no le gustaba el tenis. Así conquistó a la joven, divorciada entonces de un periodista deportivo. “Me vaciló”, contaba tiempo después a la prensa.

Arantxa Sánchez, seria, entra en su boda mientras su padre, Emilio, sale del coche.
Arantxa Sánchez, seria, entra en su boda mientras su padre, Emilio, sale del coche.

Empezaron esa misma noche y ya no se separaron hasta que llegó la temida ruptura, hace dos años, según 'El País', hace unas semanas, según 'El Mundo'. La cuestión es que el marido ha pedido el divorcio, vive con otra mujer y hasta quiere quitarle la custodia de sus dos hijos a Arantxa, que ha perdido toda su fortuna y está en una complicada situación personal.

Un desenlace que sobrevolaba los pensamientos de muchos de los asistentes a la boda celebrada aquella tarde del 12 de septiembre de 2008 en el castillo de Perelada. Arantxa se alojó en el hotel Golf de Roses, donde pasó unos día cuidándose. Incluso su peluquero de cabecera, Alberto Cerdán, acudió al lugar para prepararla para la ceremonia (también peinó al novio).

Arantxa Sánchez Vicario el día de su boda.
Arantxa Sánchez Vicario el día de su boda.

La joven vistió un traje de Hannibal Laguna, un dos piezas en color crema que la madre solo pudo ver una vez la novia se lo había puesto. Marisa Sánchez no pudo participar en la organización del enlace y ni siquiera pudo ver cómo su hija pequeña se vestía.

Entre los invitados estaban todos los hermanos de la novia con sus parejas e hijos. También acudieron deportistas como Miguel Induráin, Emilio Butragueño, Carlos y Albert Costa, Sergio Casal, Álvaro Bultó y Joan Laporta, entonces presidente del Barça. La amiga de la novia Coral Bistuer y Manuel Fuentes fueron otros de los invitados.

Música para una novia embarazada

Fue una ceremonia civil que empezó con el ‘Ave María’ y en la que sonó también la música de ‘La vida es bella’. No hubo exclusiva y algunos periodistas que allí se apostaron no lograron más que alguna instantánea de la salida de los novios. Ella estaba embarazada de dos meses y decía que nunca había sido tan feliz, a pesar de que esa boda la distanció de su familia de una forma infinita.

Vanitatis ha tenido acceso a algunas fotos exclusivas que muestran los momentos en los que la familia se rompió. Se puede ver a Emilio Sánchez acompañar a su hija en el Hispano Suizo que alquilaron para la ocasión. Allí estaban todos, a su pesar, pronosticando una fatal desenlace que finalmente ha llegado 10 años después.

La pareja, durante la boda civil, en el castillo de Peralada.
La pareja, durante la boda civil, en el castillo de Peralada.

La gran pelea empezó unos meses antes de la boda, en primavera. La familia Sánchez Vicario había encargado un informe a la agencia de detectives Método 3 para saber la verdad sobre Santacana. La información que les llegó no hizo más que agrandar la brecha en la familia. Porque todo lo que se decía de él era negativo.

El libro que lo rompió todo

En el informe se detallaban las deudas del joven, sus relaciones empresariales de dudosa fiabilidad, se habló incluso con amigas de la extenista que aseguraban que Arantxa estaba desesperada por formar una familia. “Me pareció una maniobra ruin propia de gentes de baja calaña” es la frase que usó la tenista en 'Arantxa, vamos' (La Esfera, 2012), el libro con el que rompió definitivamente con su familia, a la que acusaba de haberse aprovechado de ella e incluso de haberla estafado.

Nadie del entornó dudó de que la mano de Santacana estaba detrás de la afrenta de Arantxa contra los suyos. Y ahora es ella la que no sabe cómo enfrentarse a la situación. No quiso escuchar a su hermano Emilio, el mayor, el ídolo de la joven, el encargado de comunicarle el contenido del informe de los detectives.

Arantxa Sánchez Vicario y Josep Santacana, muy sonrientes a la salida de su boda.
Arantxa Sánchez Vicario y Josep Santacana, muy sonrientes a la salida de su boda.

Arantxa aseguró que lo sabía todo porque el propio Pep se lo había contado. Que su futuro esposo era una buena persona que había tenido mala suerte, decía. Así que cuando su familia le sugirió que al menos, antes de casarse, pidiera al novio que firmara una capitulación matrimonial de renuncias, la pareja se negó.

La boda se celebró con la presencia de la familia de la novia. Emilio Sánchez acompañó a su hija al ‘altar’, apesadumbrado y claramente triste. La tenista española más popular de la época tuvo a su primera hija en febrero (este martes 27, la pequeña cumple 9 años). Y al cabo de unos meses la pareja fue al notario para cambiar el testamento, dijeron, en favor de la niña.

Una guerra pública

La sorpresa de la familia Sánchez Vicario llegó cuando la tenista cambió muchas más cosas, sin previo aviso, sobre sus negocios. Retiró los poderes a su padre, les pidió que le pagaran por el alquiler de las casas en las que vivían y nombró a su marido el gestor de todos sus bienes.

La pareja Sánchez Vicario-Santacana posa tras la ceremonia de su boda.
La pareja Sánchez Vicario-Santacana posa tras la ceremonia de su boda.

Poco después llegaron los problemas judiciales para Arantxa, a quien Hacienda y otras entidades reclamaban deudas contraídas por movimientos financieros poco claros. Y estalló la gran guerra, en la que la joven no dudó en acusar a su familia, en público y en los juzgados. Una guerra económica que se apagó en 2015, cuando llegaron a un acuerdo extrajudicial. Una guerra personal que se apaga ahora, cuando la pequeña de la familia, aquella niña superprotegida, vuelve a necesitar a los suyos. Los que en realidad nunca se fueron.

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