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es nieto del ángel de budapest

Felipao, el artista cuyos perros pop coleccionan la reina Sofía, Preysler o Koplowitz

Su abuelo fue el hombre (y héroe) que inspiró la película 'La lista de Schindler’

Foto: El artista Felipao con sus famosos perros. (Foto: Olga Moreno)
El artista Felipao con sus famosos perros. (Foto: Olga Moreno)

elipe García-Bañón, conocido artísticamente como Felipao, recibe a Vanitatis en un luminoso piso del centro de Madrid que refleja su incesante pasión por el color. Sus llamativas esculturas de perros, gatos, calaveras y granadas de mano en forma de corazón decoran un salón compartiendo espacio con parte de su colección de obras de arte.

Entre sus clientes figuran multitud de caras conocidas. A la reina Sofía le personalizó una escultura inspirándose en su afición al arte y a los perros. También tienen una escultura de Felipao coleccionistas de arte como la familia March o Esther y Alicia Koplowitz. Socialites entre las que destacan Carmen Martínez-Bordiú, María Zurita, Fiona Ferrer y la bloguera María León. La chef Samantha Vallejo-Nágera, Luis Valls-Taberner, los joyeros Miriam Ungría y Miguel Mas, o el polifacético Boris Izaguirre, entre otros.

En el comedor, un neón con su nombre, una mesa con luz flúor y un cuadro geométrico nos permiten conocer otras de las obras que firma este peculiar artista del color. Para vestir utiliza prendas de colores o estampados llamativos, como forma de expresar su marcada personalidad. “Ya en la orla de COU aparezco con una bufanda color pistacho y el resto de mis compañeros chaqueta y corbata. Me gusta salir del enclaustramiento que hace vestir colores miméticos a todo el mundo. Los colores llamativos me parecen mucho más divertidos”, explica este hombre que prefiere una obra de arte a un Rolex.

Los perritos de Felipao. (Foto: Olga Moreno)
Los perritos de Felipao. (Foto: Olga Moreno)

De Icade a ser artista

Estudió Derecho y Administración de Empresas en ICADE, y cuando llevaba doce años trabajando en una importante multinacional farmacéutica, decidió dar un giro radical a su vida y dejar ver la luz al artista que llevaba dentro. “No veía sentido a mi trabajo, era prácticamente mimético y me aburría. Cuando me pregunté si quería seguir así hasta que me prejubilaran, decidí dejarlo. Hablé con mi jefe y le dije que mi ciclo allí había terminado y que iba a ser artista (aunque no me creyó)".

"En la vida la felicidad no te viene dada, la tienes que construir”, reflexiona. Siempre le había gustado el arte y ya su primer sueldo lo invirtió en un cuadro. “Mis amigos me decían que me comprara un reloj antes que un cuadro, pero yo decidí comenzar en ese momento mi colección de arte. Luego compré más cuadros, esculturas, cajas de luz y cosas que me gustaban. Iba a muchas galerías, museos y a los estudios de los artistas para que me explicaran qué habían querido expresar con sus obras. Siempre dicen que los coleccionistas somos, en cierto modo, artistas frustrados”.

Hijo y nieto de diplomáticos, la infancia de Felipe García-Bañon transcurrió viajando de un lado para otro. “He vivido en cuatro países diferentes: Marruecos, Nicaragua, Kenia y Pakistán. Distintas personas, idiomas, culturas que me han permitido tener una visión muy poliédrica del mundo, no tener demasiados prejuicios y ningún miedo al cambio”.

Felipao en su casa de Madrid. (Foto: Olga Moreno)
Felipao en su casa de Madrid. (Foto: Olga Moreno)

Su abuelo fue Ángel Sanz Briz, quien inspiró películas como ‘El ángel de Budapest’ o 'La lista de Schindler’ por su lucha salvando judíos durante el Holocausto expidiendo para ello pasaportes y cartas de protección diplomática española. “Lo especial de la historia de mi abuelo es que él pensó que era su deber actuar así. No hablaba jamás de a cuántas personas salvaba ni siquiera con su familia. Por eso, en los años 80 cuando el Gobierno de Israel otorga los reconocimientos a mi familia, es el momento en que somos conscientes de la magnitud de lo que mi abuelo había hecho”.

Poppi, la escultura que le dio la fama

El salto a la fama como artista lo dio de la mano de Poppi, que es el nombre que reciben sus esculturas pop de bulldog francés. Poppi es el nombre de un pueblo de la Toscana, el lugar al que me fui unos meses a reflexionar sobre qué hacer con mi vida cuando dejé la multinacional. Además no sonaba muy distinto de pop art. Escogí al bulldog francés porque me parece un feo atractivo, un perro de lo más cool, con carácter y personalidad”. Después vinieron los carlinos Pippo y Pippa; Lump, el teckel homenaje al perro de Picasso; los gatos Oxi y Kat, las Love Bomb y las calaveras Horny. “El nombre de cada escultura lo pienso mucho. Todos tienen un significado. Kat es, por ejemplo, gato en inglés con la K de Kenia, Oxi viene de una noticia en la que leí que los gatos en Japón se alquilan porque frotarlos genera oxitocina, la hormona del amor…”, explica.

Felipao posa con algunas de sus obras en un rincón de su casa. (Foto: Olga Moreno)
Felipao posa con algunas de sus obras en un rincón de su casa. (Foto: Olga Moreno)

Pregunta: ¿Qué es lo más importante en el proceso de creación de tus esculturas?

Respuesta: La idea y la creatividad. Los bulldogs son piezas únicas. Eso requiere un ejercicio de originalidad, tengo que ser sorprendente. Llevo hechos trescientos hasta la fecha y cuando llegue a quinientos destruiré el molde. ¿Sabes el porqué de quinientos? (Pregunta riendo). Porque mi familia siempre me decía: te hemos dicho quinientas veces que no te dediques al arte. (Más risas).

P: ¿Y de todas tus obras tienes alguna favorita?

R: No, porque las piezas que no me gustan no las firmo. Te diré que hasta me da cierta pena vender los Poppi ya que son únicos y llevan detrás un proceso muy cuidado.

P: ¿Qué te inspira?

R: La inspiración no tiene lógica ninguna, llega cuando menos te lo esperas. Por un viaje, una tienda de helados de Miami, la camisa de un vendedor de frutas de Bombay…

Felipao, el diseñador de perros pop

Pero nos cuenta que el Poppi que más le costó crear fue, sin duda, el que le encargó el prestigioso diseñador Philippe Stark: “Solo me dio como briefing la palabra amor. Y me dijo que a partir de ella hiciera lo que quisiera, lo cual no suele ocurrir. Pensé en el lío que me había metido porque es uno de los mejores diseñadores del mundo y no podía hacer una escultura llena de corazones porque era demasiado obvio”, recuerda. “Es cierto que tengo clientes conocidos, pero me hace la misma ilusión un cliente conocido que otro que no lo es. Sigo ilusionándome con que la gente decida compartir su espacio con mis obras”.

No le gusta que se le etiquete como ‘artista pop’, ya que cree que eso le restringiría. Es feliz y se considera muy afortunado por haber podido hacer de su pasión su trabajo. “Mi trabajo me divierte. Yo no tengo ni estrés posvacacional ni bajones los lunes”, bromea. Además de su faceta más conocida, la de escultor, se encuentra inmerso en unas acciones como interiorista de autor para marcas y particulares, y es también diseñador de muebles de autor, como no podía ser de otra forma con color, leds. “El color da vida a las cosas”. Además de haber intervenido una de las meninas de las que hay repartidas por el centro de Madrid, está actualmente trabajando en dar forma a la propia menina. Será una escultura icónica de este personaje histórico, interpretando cómo sería en el siglo XXI y que será igual de reconocible que el resto de sus obras. Color seguro que no le va a faltar.

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