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el cura rojo y la aristócrata

"¡Qué fuerte, mamá se casa con un cura!": Así fue la entrada de la izquierda caviar en Liria

El 16 de marzo de 1978, Cayetana Fitz-James Stuart y Jesús Aguirre se dieron el 'sí, quiero' en el palacio de Liria, un enlace que vino cargado de polémica

Foto: La duquesa de Alba, por Jate.
La duquesa de Alba, por Jate.

A las doce del mediodía, la misma hora en la que Fernando, futuro duque de Alba, y Sofía Palazuelo se convierten en marido y mujer, lo hicieron antes, el 16 de marzo de 1978, Cayetana Fitz-James Stuart y Jesús Aguirre. Un mismo escenario, una misma Virgen ante el altar y los mismo votos matrimoniales que recita el nieto y su novia en el palacio de Liria. La historia se repite aunque los mimbres fueron muy diferentes.

Durante meses circuló el rumor de una posible relación de la duquesa de Alba y Jesús Aguirre. Corría el invierno de 1977. Pocos, salvo los amigos directos del sacerdote secularizado, confiaban en que ese enamoramiento acabara en boda. Javier Pradera, Martín Patino, Clemente Auger, Carlos Barral y Pedrusco Diez, hermano de Alfonso, que se convertiría con los años en el tercer marido de Cayetana, estaban al tanto y lo apoyaban.

Jesús Aguirre y la duquesa de Alba. (EFE)
Jesús Aguirre y la duquesa de Alba. (EFE)

El mismo día que la pareja anunció su compromiso, el periodista Manuel Vicent contaba cómo recibieron la noticia al grito de “¡El cura. Duque de Alba! ¡Nos ha tocado la lotería!”.

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Desconcertados y sorprendidos

Esta alegría chocaba con el disgusto de los hijos de Cayetana. Los mayores estaban desconcertados y los pequeños sorprendidos. A ninguno les gustaba ese noviazgo que casi todo el entorno calificaba cuando menos de “raro”. Contaba el periodista Manuel Vicent en una de sus crónicas que los tres menores, Fernando, Cayetano y Eugenia, no daban crédito a la historia sentimental y llegaron a decir: “¡Qué fuerte!, mamá se casa con un cura!”. La realidad era que el padre Aguirre lo fue, pero años antes de tratar a Cayetana se había secularizado. En aquellos años, 'El pájaro espino' aún no estaba de moda. La serie se emitiría muchos años después y el libro de la escritora australiana Colleen McCulllough no había llegado a España.

La duquesa de Alba junto a Alfonso Diez Carabantes, tras contraer matrimonio. (EFE)
La duquesa de Alba junto a Alfonso Diez Carabantes, tras contraer matrimonio. (EFE)

El cura rojo y la duquesa

El círculo más íntimo de la aristócrata estaba horrorizado con la historia y sobre todo porque consideraban que Aguirre formaba parte de lo que se denominó en aquellos años 'curas rojos'. Y lo que era aún peor, que “había estudiado brujería en Alemania”, decían. En realidad, el cura Aguirre, como lo llamaban sus fieles, era un estudioso teólogo junto con su amigo Ratzinger, que después sería Benedicto XVI. En ocasiones, ya de novios oficiales, Cayetana y Jesús se acercaban al monasterio de El Escorial, donde el futuro Papa se enclaustraba antes de que comenzara el invierno.

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Cuando al novio lo calificaban de interesado, arribista, cazafortunas y derrochador, la duquesa salía en su defensa y organizaba reuniones en Liria para conocer a los amigos pintorescos de Aguirre. En aquel momento, Cayetana Alba era una mujer viuda, madre de seis hijos, con lances amorosos más o menos secretos. La leyenda urbana que la adornaba daba nombres de toreros, escritores y periodistas que la rondaban. Muy poco se sabía de esa vida alternativa y afectiva que acompañó durante décadas a la dama con más títulos de España.

...Y Luis Martínez de Irujo

La aristócrata era una mujer con mucho carácter, sensual, atractiva a su manera y con un ingente patrimonio que debía administrar. A grandes rasgos era su Wikipedia de aquellos años hasta que llegó Jesús Aguirre a su vida. Tanto es así que Cayetana quiso crear una biografía alternativa asegurando que su segundo marido había puesto orden en la biblioteca de sus palacios, donde los incunables y las primeras ediciones formaban parte del patrimonio de la Casa Alba. Una verdad a medias porque en realidad quien se había dedicado a clasificar los tesoros bibliográficos fue Luis Martínez de Irujo, primer marido de la aristócrata.

Luis Martínez de Irujo y Cayetana de Alba. (Baron/Hulton Archive/Getty Images)
Luis Martínez de Irujo y Cayetana de Alba. (Baron/Hulton Archive/Getty Images)

“Algunas noches se quedaba hasta el amanecer escribiendo fichas como el mejor amanuense. No fue Aguirre, fue don Luis”, cuentan los que después trabajaron esa documentación para digitalizarla.

El cura Aguirre sí consiguió ser más aristócrata que su propia mujer. Y llegó a decir lo mucho que le afectaba “nuestra jaqueca de los Alba” para referirse a sus dolores de cabeza. Cuando le preguntaban los amigos de su mujer si iba a dar cacerías de venados en cualquiera de las fincas de las que disfrutaba en calidad de consorte, respondía “Queridos, yo solo daré una cacería de abubillas”. Según su amigo y confidente Manuel Vicent, “se quedaba tan fresco”.

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