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¿feminista conservadora?

40 años sin la abuela de Méndez de Vigo, la feminista que le caía bien a Franco

Carmen de Icaza falleció el 16 de marzo de 1979 convertida en un icono de dos ideologías contrapuestas: el falangismo y el feminismo

Foto: Carmen de Icaza en una imagen de época. (Getty)
Carmen de Icaza en una imagen de época. (Getty)

“Ha muerto en Madrid, a los 73 años, la escritora española Carmen de Icaza, baronesa de Claret, cuyas novelas alcanzaron enorme éxito en los años siguientes a la Guerra Civil entre un público mayoritariamente juvenil y femenino”. Así anunció 'El País', en marzo de 1979, el fallecimiento de la abuela del exministro Íñigo Méndez de Vigo. El escueto obituario parece insuficiente para la que fue representante de un feminismo que acabó siendo asumido sin problemas por el franquismo.

Hermana de la ahora muy conocida Sonsoles de Icaza (protagonista de un amor prohibido con Serrano Suñer, cuñado de Franco, que dio lugar a la novela 'Lo que escondían sus ojos') fue una mujer que radiografió con perfecta puntería a las clases altas de su época. También derribó algunas de las barreras que pesaban sobre las señoritas bien, esas que no debían saltarse las reglas establecidas. Cualquiera podría pensar que eso contradice el título de baronesa de Claret que le concedió Franco por su trabajo para la Cruz Roja. Pero así era Carmen de Icaza: un cúmulo de contradicciones que quizá solo son producto de la autenticidad.

Icaza con el símbolo falangista. (Foto: Archivo General de la Administración)
Icaza con el símbolo falangista. (Foto: Archivo General de la Administración)

Nacida a finales del siglo XIX (1899), su familia no fue todo lo rica que se podría presuponer. De hecho, nada más morir su padre, Carmen tuvo que ponerse a trabajar como periodista en 'El Sol', 'ABC' o la revista 'Blanco y Negro' para ayudar a los suyos. Que una mujer se patease los periódicos no era lo habitual en aquellos años, pero Icaza siempre desafió las convenciones. En publicaciones como 'Blanco y Negro' coincidiría con grandes emblemas del feminismo republicano como Elena Fortún, creadora de la inolvidable 'Celia'. Allí también tuvo la oportunidad de publicar, por entregas, su segunda novela, 'Cristina Guzmán, profesora de idiomas'. Solo tenía 18 años cuando publicó su primera obra, titulada 'La boda'.

Su pasión literaria no nacía de la nada. De pequeña había estudiado Lenguas Clásicas y Modernas, hablaba idiomas y había vivido varios años en Alemania debido al trabajo de su padre. Aunque muchos viesen en su pasión por escribir un símbolo del feminismo de la época, esta actividad no rompió una vida familiar tradicional. Cuando vivió sus grandes éxitos literarios ya estaba casada con Pedro Montojo, un teniente coronel del Arma de Caballería que acabaría dirigiendo Telefónica. Con él se casó el 14 de febrero de 1930 y tuvo a su única hija, la recientemente fallecida Paloma Montojo.

Portada de 'Vestida de tul', su obra más famosa.
Portada de 'Vestida de tul', su obra más famosa.

Mientras diseccionaba los vicios y defectos de las clases altas en libros como 'Vestida de tul' (que vendió unos 10.000 ejemplares en una semana y fue elogiado por la mismísima Pasionaria) cuidaba de su hija tecleando desde casa. Las mujeres de sus libros eran, en palabras de Carmen Martín Gaite, “activas y prácticas, se sorbían las lágrimas, afrontaban cualquier calamidad sin una queja, mirando hacia un punto orlado de nubes rosadas”. Esa tipología de personajes aparecieron en títulos suyos como 'Las horas contadas' o 'La fuente enterrada'.

La prueba de que Carmen fue aceptada por el régimen la da su nombramiento como secretaria del famoso Auxilio Social franquista. Ella fue la que dijo aquello de “ni un hogar sin lumbre, ni un español sin pan”. Su labor, de carácter social, chocaba con los dictámenes de una dictadura que oprimía a millones de personas. También con las mujeres de sus propias novelas. “Las únicas armas para hacernos un lugar dentro de nuestra sociedad, donde la mujer no cuenta para nada mientras no dispone de todo, son precisamente nuestra coquetería, nuestro atractivo, nuestras intrigas de mujer”, decía uno de sus personajes en 'Vestida de tul'.

[LEER MÁS: Paloma Montojo, la fascinante vida de la madre de Íñigo Méndez de Vigo]

Conforme el franquismo se fue quedando añejo y murió gracias una justa y esperada Transición, la figura de Carmen empezó a ser motivo de debate. Muchos la vieron como una falangista. Otros elogiaron su capacidad para hablar de la mujer cuando nadie más (o solo unas pocas como Carmen Laforet) podía hacerlo. Su marido murió en marzo de 1978 y ella le siguió casi un año más tarde, el 16 del mismo mes de 1979. Cuarenta años después de su fallecimiento y con su nombre algo difuminado por el paso del tiempo, la pregunta sobre ella sigue siendo la misma: ¿feminista o falangista? Seguramente las dos cosas.

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