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NEGOCIOS

El fundador de Desigual: el abuelo hippy que va en bici (pero se carga al consejo en un día)

No tiene despacho, jamás usa corbata y almuerza habitualmente en el comedor de empleados. Esta semana ha reestructurado su consejo de administración

Foto: Thomas Meyer, fundador y dueño de la firma de moda Desigual. (EFE)
Thomas Meyer, fundador y dueño de la firma de moda Desigual. (EFE)
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La semana ha sido fuerte para la empresa textil Desigual, que el jueves confirmó la completa reestructuración de su consejo de administración. Abandonaron el órgano de gestión de la empresa dos representantes del fondo Eurazeo, que no estaba presente en la estructura accionarial desde octubre, y tres consejeros independientes. Al mando, se queda únicamente Thomas Meyer, fundador y consejero delegado de la marca, y dos ejecutivos de su confianza: Jorge Ramírez y Celso Gomáriz. El movimiento se ha interpretado como un gesto de genio de este peculiar empresario suizo que vive en el semianonimato y que es, probablemente, el más peculiar de los millonarios patrios (se le calcula una fortuna personal de 1.550 millones de euros), a pesar de estar al frente del cuarto grupo de moda de España.

[LEA MÁS: Desigual reestructura su consejo de administración tras la marcha de Eurazeo]

Meyer llega a la oficina en bici desde su casa en el Born barcelonés. No usa corbata, una prenda que aborrece especialmente, y suele saludar por su nombre a la mayor parte de los empleados. Es uno más. Salvo por el hecho de que la práctica totalidad de la empresa es suya, lo que no es cualquier cosa. El valor de Desigual llegó a ser estimado en 2.850 millones de euros, aunque los últimos resultados la sitúan más cerca de los 1.420 millones.

Parte de la colección de Desigual. (EFE)
Parte de la colección de Desigual. (EFE)

Meyer, nacido en Basilea pero instalado en España desde los años 80, se mezcla con sus compañeros, charla animado, se sienta aquí y allá. Te lo puedes encontrar sentado en un puf tomando café con el ordenador en el regazo o hablando por teléfono de pie delante de uno de los ventanales. La leyenda negra del tipo misterioso y oscuro del que nada se sabe -hasta 2008 no se publicó una foto suya- viene alimentada por su absoluta aversión a salir en los medios. Nunca ha dado una entrevista y rehúye a la prensa, respecto a la cual ha mostrado siempre una gran aversión personal. La paradoja es que, en su día a día, Thomas es una persona muy abierta que habla con normalidad de su vida, muy llanote.

Tienda en el puerto

Meyer llegó a Ibiza con apenas 20 años para vender su ropa. Era, según cuentan, "un hippy auténtico, un hippy psicodélico". Tenía una pequeña tienda en el puerto de Ibiza, entre las callejuelas. La historia cuenta que fue en esa Ibiza que vivía el ocaso del hippismo donde Meyer troceó unos vaqueros usados y los recosió para convertirlos en una cazadora. Acababa de nacer Desigual, la empresa que le cambiaría la vida. "La cazadora fue un éxito de ventas y buscamos una marca que nos identificara. A partir de una idea de Isabel Coixet, elegimos Desigual y la acompañamos de un eslogan que nos definía: 'No es lo mismo'', explican en la información corporativa de la empresa.

Tras una suspensión de pagos en 1988, la empresa remontó poco a poco, pero no empezaron a ambicionar el futuro del que disfrutan hoy hasta la incorporación de Manel Adell en 2002. Adell y Meyer se habían conocido diez años antes, cruzando el Atlántico en un velero junto a 11 personas más. Desde su incorporación al equipo, la firma dio un salto cualitativo y en 2007 ya facturaba 86 millones de euros.

Pero los colaboradores más cercanos a Meyer han ido saliendo paulatinamente de la empresa en los últimos años. En verano de 2012, Adell decidió dejar la empresa, aunque su salida no se materializó hasta el año siguiente. Antes ya se había marchado uno de los ochos hermanos de Meyer, Christian, hasta entonces responsable de la expansión de la compañía.

[LEA MÁS: Thomas Meyer compra a pulmón el 10% de Desigual tras su pelotazo con Eurazeo]

Thomas Meyer, su presidente y dueño, sigue siendo un hombre de espíritu libre al que le gusta pensar que no ha sucumbido a las servidumbres del dinero. Intenta llevar una vida lo más normal posible. Reside muy cerca de la iglesia gótica de Santa María del Mar, donde se puede respirar la brisa marina, una de sus grandes pasiones. En el Born lucen muchos palacetes reconvertidos en apartamentos, con ladrillo visto y techo de volta catalana, como el de Thomas Meyer y su chica.

Meyer tiene una relación con una joven mexicana que también trabaja en la compañía y con la que tiene una hija. Con su primera pareja, una mujer catalana, tiene otras dos hijas ya mayores. Una de ellas, de hecho, acaba de hacerle abuelo. La vida es chula para el fundador de Desigual, aunque quizá no tanto últimamente.

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