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De A tu Vera a Mi Gitana, tras las huellas de Isabel Pantoja en la Costa del Sol

La cantante conoció esta zona a raíz de su amistad con Encarna Sánchez. Hoy sigue conservando dos áticos en Fuengirola, donde veranea, aunque Mi Gitana fue pasto de las excavadoras

Foto: Isabel Pantoja, durante un concierto. (Getty)
Isabel Pantoja, durante un concierto. (Getty)

El nombre de Isabel Pantoja en la Costa del Sol llegó preñado de rumores y sobresaltos. Fue la época de su amistad con la locutora Encarna Sánchez, en la finca La Gaviota, ahora propiedad del actor Antonio Banderas. Era una Maribel que revoloteaba por la zona de Los Sardinales y se enamoró de esos terrenos que colonizaron los Coca y el marqués de Villaverde como segunda residencia para sus veraneos. Fue en 1999 cuando Isabel Pantoja se compró su primera propiedad en Marbella. Eligió la urbanización de Los Monteros para ubicar su residencia estival tras dejar atrás los dimes y diretes de su relación con la controvertida periodista de la COPE.

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Fue en esos años cuando apareció otra vez en Marbella junto a su nueva pareja, el empresario Diego Gómez. La pareja se instaló en un chalé que se llamaba El Molinito, pero la pareja lo bautizó con el nombre de A tu Vera y no se cansaron en esa época de sacar reportajes en las revistas de corazón, remangándose los pantalones, mientras adecentaban el jardín con la podadora. Pero esta residencia fue de lo más efímera.

La Pantoja siempre se encuentra como pez en el agua en la localidad de Fuengirola. Aunque en 2016 apareció publicado que Isabel había puesto a la venta los dos áticos que posee allí, ante su necesidad de hacer frente a sus deudas con Hacienda, lo cierto es que las propiedades siguen en su haber, según ha podido saber Vanitatis. Según consta en el Registro Número 1 de la Propiedad de Fuengirola, todos los bienes inmuebles de la cantante siguen a nombre de Pantomar SL, la sociedad a través de la que los adquirió. Se trata de dos áticos anexos de 95 m² en el edificio de La Bamba, sobre los que pesa en cada uno una hipoteca de 400.000 €. También dispone de plazas de garaje que no están hipotecadas.

Isabel Pantoja, en el juicio del caso Malaya, en 2010 en Málaga. (Getty)
Isabel Pantoja, en el juicio del caso Malaya, en 2010 en Málaga. (Getty)

El vínculo de la Pantoja con la Costa del Sol es muy grande. En esta zona pasaba las vacaciones toda la familia con doña Ana, la matriarca del clan cuando Chabelita solo era una "mocosa", como le decía su abuela. Justo este último verano, se veía feliz a Isabel dándose paseos por la calle Miguel de Cervantes. Los vecinos sienten devoción por ella y la folclórica se lleva de maravilla con ellos. Su favorito es un conocido médico nutricionista malagueño, que más de una vez ha puesto a dieta a la folclórica, dejándola como una filigrana.

La sociedad Pantomar SL, con la que compró estas propiedades, canalizaba los ingresos que generaban sus actuaciones artísticas, conciertos y contratos discográficos relacionados con su actividad como cantante. Esta sociedad fue creada en 1996 y tuvo su domicilio social en la casa de Pantoja en La Moraleja hasta que en el año 2000 se trasladó a la casa de su representante. Ya en el año 2005, la sede social se traslada al Centro Comercial Plaza, de la avenida de Manolete en Marbella, donde Isabel compartía unos locales con Julián Muñoz.

Restaurante Cantora

Desde La Bamba, su buque insignia fuengirolés, Isabel Pantoja dirigió las obras en 2001 de su restaurante Cantora en Fuengirola, emplazado en terrenos municipales y cedidos por la alcaldesa de entonces, Esperanza Oña. El acuerdo de esta concesión la obligaba a explotar el restaurante durante un largo periodo, 30 años, pero el convenio fue incumplido ya que el restaurante fue traspasado a los pocos años mediante un contrato de alquiler, sin que hasta el momento el mencionado Ayuntamiento le haya reclamado nada.

Para las compras de las propiedades de Marbella, Isabel Pantoja creó otra sociedad: Franbel Artis SL. La compra del apartamento 105 del aparthotel Guadalpín en Marbella por parte de la folclórica fue la primera operación sospechosa de blanqueo de capitales procedente de las actividades irregulares de Julián Muñoz, que desbloqueó la construcción del complejo hotelero supuestamente a cambio de comisiones.

Isabel Pantoja y Julián Muñoz, juntos en El Rocío. (Cordon Press)
Isabel Pantoja y Julián Muñoz, juntos en El Rocío. (Cordon Press)

El 24 de febrero de 2003, la inmobiliaria Aifos, cuyos gestores fueron imputados en la operación anticorrupción sobre Marbella, vendió el apartamento 105 del hotel Gualdalpín a la sociedad de Isabel Pantoja. El apartamento tiene una superficie de 180 metros cuadrados con vistas al mar. Incluye dos dormitorios y una terraza de más de 70 metros cuadrados. El precio pactado fue de 353.000 euros. Pantoja, ya ennoviada con el regidor, pagó en efectivo el inmueble en nombre de una de sus sociedades. Lo cierto es que ella apenas vivió ahí, se lo alquilaba a amigos de Fuengirola. Entre otros a su peluquero. Aunque la fecha de adquisición del apartamento fue en febrero de 2003, Isabel Pantoja no lo contabiliza como propiedad suya hasta el 25 de junio de 2006, es decir, seis días después de la detención de Muñoz.

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Con la caída del muro de Mi Gitana en el verano del 2017 también caía el paso de la folclórica por la Marbella de tronío, donde un día pensó que sería alcaldesa. En julio de 2003, Julián Muñoz e Isabel Pantoja paseaban su amor por Marbella. La pareja estableció su hogar familiar en Mi Gitana, un chalé de la urbanización La Pera, próxima a Puerto Banús. Un refugio que con el tiempo se convirtió en uno de los bastiones acusatorios contra la cantante en el proceso que la llevó a la cárcel, ya que el tribunal sentenció que en su compra se blanquearon 52.000 euros procedentes de las actividades ilícitas de Muñoz.

Pantoja adquirió Mi Gitana por 3,36 millones de euros en abril de 2004, a través de un crédito hipotecario suscrito, esta vez, por su sociedad Panriver. La puso a la venta en 2014, acuciada por la necesidad de liquidez para pagar la multa de 1,14 millones de euros a la que fue condenada por blanqueo y un embargo preventivo de sus bienes por valor de 1,8 millones de euros decretado por Hacienda, situación también regularizada. El inmueble se vendió en marzo de 2015 por unos 2,2 millones de euros y la promotora inmobiliaria de capital extranjero que lo adquirió, encabezada por un inversor británico, decidió que el destino del chalé, levantado en una parcela de 3.500 metros cuadrados, sería desaparecer. Toda una despedida a un símbolo que poco a poco fue engullido para la eternidad por las excavadoras.

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