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FAMILIA DEL REY

La bronca de la infanta Elena a Victoria Federica en un ascensor (y con testigos)

La hermana del rey Felipe y su hija han tenido varios desencuentros. La joven, mayor de edad, hace uso de su independencia pero, según su madre, "está despendolada"

Foto: La infanta Elena y su hija. (Getty)
La infanta Elena y su hija. (Getty)

Hasta que no cumplió la mayoría de edad, el perfil mediático de Victoria Federica (Vic en la intimidad) era casi invisible. Paseos con su padre por el barrio de Salamanca, posados con la reina Sofía y los primos Urdangarin en Palma, y excursiones en verano por el Pirineo catalán con la infanta Elena y sus amigos. Una adolescencia aparentemente sosegada muy diferente a la de su hermano Froilán. El primogénito, muy a su pesar, se convirtió en el centro de atención de la prensa. De él se dijeron cosas inciertas, como sus insultos a un asiático, sus broncas en las discotecas o sus tendencias políticas. En varias ocasiones, Marichalar explicaba a Vanitatis que nada de esas historias era real. Mientras el foco iluminaba al nieto preferido de don Juan Carlos, Victoria vivía en su mundo feliz.

No ha sido buena estudiante y sí una niña tranquila a la que le gustaba el ballet y tocaba muy bien el piano, según reveló la princesa Irene de Grecia, su tía abuela.

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La adolescencia ya pasó y, como cualquier chica de su edad, ahora quiere una independencia más allá del control parental. El pasado 5 de mayo tuvo su primer acto público (no formaba parte de la agenda institucional ni oficial) en Sevilla, ejerciendo de madrina en la exhibición de Enganches de la Maestranza. En las gradas, la infanta Elena por un lado y Marichalar por otro. Ahora que los hijos son mayores no hay necesidad de aparecer juntos ni tener más relación que la que la que afecta directamente a la descendencia común.

Victoria Federcia, con mantilla, en su debut social en Sevilla. (EFE)
Victoria Federcia, con mantilla, en su debut social en Sevilla. (EFE)

La madre y la hija se alojaban en el hotel Alfonso XIII y ahí tuvieron un desencuentro con testigo incluido. La infanta, Victoria y una amiga esperaban al ascensor en el recibidor del primer piso para bajar a desayunar. En ese momento se abren las puertas y la persona que se encuentra dentro presencia la siguiente escena. La duquesa de Lugo, muy enfadada, dirigiéndose a su hija y sin importarle que hubiera una persona ajena observando la trifulca familiar.

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“Haces lo que quieres. Has llegado a las siete de la mañana y me tienes harta. Esto se va a acabar”. Ante la insistencia del cliente, que quería continuar con su ruta, la Infanta se despidió de Victoria y volvió a su habitación. La amiga le comentó: “Menudo cabreo tiene tu madre. Qué enfadada estaba”. Respuesta de la sobrina real: “Se le pasará enseguida”.

A quien se le paso rápidamente fue a Victoria. Las dos amigas se sentaron en una mesa a desayunar y a reírse con los mensajes que recibían en sus móviles.

La sobrina del rey Felipe, en el concurso de enganches sevillano. (EFE)
La sobrina del rey Felipe, en el concurso de enganches sevillano. (EFE)

El siguiente desencuentro tuvo lugar en el Club de Campo de Madrid el fin de semana pasado. Se celebraba el campeonato Longines Global Champion, la Fórmula 1 de los concursos hípicos. En la zona VIP, de nuevo madre e hija y otra vez rapapolvo verbal por no llegar a la hora prevista para comer. La sobrina de Felipe VI apareció a las cuatro y la duquesa se lo reprochó.

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El domingo por la tarde, la infanta Elena fue una de las protagonistas del concurso. Llegó a las seis de la tarde y no quiso colocarse en la zona de autoridades y directivos. Prefirió las gradas y pasar más desapercibida. Se entregaba la Copa de S.M. el Rey, pero esta vez no hubo orden de Zarzuela para que fuera la encargada de entregar el premio en nombre del hermano y jefe del Estado. Y cuando no hay indicaciones, no hay representación.

Victoria Federica, en el concurso de saltos del Club de Campo. (Limited Pictures)
Victoria Federica, en el concurso de saltos del Club de Campo. (Limited Pictures)

En un momento dado, unos conocidos le dijeron a doña Elena que habían visto a Victoria con sus amigos por el recinto hípico. La respuesta de la madre fue clara: “Ni idea de por dónde anda. Está despendolada”.

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