Logo El Confidencial
EMIGRÓ HACE SEIS AÑOS

Mateo Sancho, periodista y gay en Nueva York: "Es una ciudad más abierta que España"

El 4 de julio publica la novela 'Nueva York de un plumazo', que viene precedida por los elogios del escritor Eduardo Mendicutti

Foto: Mateo Sancho. (Foto: Waldo Spessott)
Mateo Sancho. (Foto: Waldo Spessott)

"Gay emigrante soltero busca" podría ser perfectamente el resumen del periplo vital de Simón, el protagonista de 'Nueva York de un plumazo' (Roca Editorial), novela del periodista Mateo Sancho que sale a la luz el próximo 4 de julio. Un auténtico 'page-turner', que es así como denominan los anglosajones a los libros que no puedes parar de leer una vez los empiezas, es también un vibrante retrato de la ciudad que nunca duerme, una guía de sus códigos de conducta y un mapa de lugares que cualquier gay 'aventurero' no debería perderse.

Este 2019, en el que se celebra el 50 aniversario de los disturbios de Stonewall, es un momento ideal también para reflexionar sobre el punto en el que se encuentra la lucha de la comunidad LGTBI+ y cómo han cambiado los 'usos y costumbres' en los últimos años. De hecho, algunas de las preguntas quedan contestadas en el libro. Y las que no se las hacemos nosotros al autor...

PREGUNTA: Dicen que a veces lo más complicado es encontrar un título para una novela, 'Nueva York de un plumazo' es una excelente síntesis del libro. ¿Cómo surgió la idea de escribirlo?

RESPUESTA: La idea de escribir este libro fue, de alguna manera, celebrar mi propia despedida de soltero en términos literarios. Cuando me casé, quería dejar para el recuerdo y compartir mis impresiones sobre mis avatares sentimentales neoyorquinos y, de paso, reflexionar sobre las especificidades del emigrante homosexual en la época de Grindr.

P.: ¿Es esta novela tan autobiográfica como parece?

R,: Todas las emociones son propias, pero todo está ficcionado, maximizado, extendido... A todo le di una vuelta de tuerca. Como periodista, uno sale al mundo literario con muchas ganas de echarle mucha imaginación a su propia realidad. Pero no deja de ser otra manera de llegar a la verdad.

P.: Como Elvira Lindo ha dicho en muchas ocasiones, Nueva York no es precisamente la tierra de las oportunidades para los inmigrantes, ¿ha sido tu camino tan duro como el de Simón?

R.: Los nacidos en los 80, además, tuvimos esa idea del extranjero como un camino de progreso y veníamos de experiencias como la Erasmus que distorsionan un poco el durísimo hecho, aun desde el privilegio del Madrid-Nueva York, que supone emigrar. Como le dice Carlos a Simón en el libro, todos los emigrantes llegamos con un tarro de mierda que nos podemos comer al principio, al final o por partes, pero te lo acabas comiendo. A mí Nueva York, profesionalmente, me lo ha dado todo. Sexualmente, yo diría que también. Y sentimentalmente he tenido mucha suerte. Pero es verdad que la soledad que he vivido en esta ciudad no la había sentido en España, donde las amistades, los lazos afectivos y la comunicación emocional forman parte de nuestros códigos.

P.: Llevas ya unos cuantos años viviendo en Nueva York, ¿te sientes, como Simón, una persona que ha encontrado allí su lugar en el mundo?

R.: Cuando emigras te aferras a la nueva ciudad como causa/culpa de todo. Después de seis años aquí, de los 29 a los 35, es para mí difícil distinguir qué parte de mis neuras son por la entrada a la madurez o por Nueva York, por la crisis del periodismo o por Nueva York, o incluso por el matrimonio o por Nueva York. Nueva York se convierte en cabeza de turco para todas tus carencias, pero lo cierto es que, poco a poco, he ido negociando con la ciudad qué partes cedo y cuáles no y se ha convertido en una casa a mi imagen y semejanza. Y en eso creo que Nueva York es más abierta que España, donde las opciones son más reducidas y la marea ejerce más presión. La morriña, eso sí, no me la quita nadie. Y venir a España siempre es una buena noticia para mí.

P.: El libro es también una guía perfecta para cualquier gay que llegue a la ciudad y quiera descubrir la escena LGTBI, ¿en qué ha cambiado desde que llegaste allí?

R.: Nueva York, por muy rápido que se mueva, mantiene bastante su esencia. Sí siento que las nuevas generaciones de homosexuales no van tanto a los bares gais, por lo que con 35 años sigo sintiéndome la gama joven del bar gay de toda la vida. Pero, por otro lado, poco a poco sí que he ido notando cómo cambia el público de alguno de mis bares favoritos, que emerge la comunidad gay asiática, que antes ni se veía, o que las nuevas generaciones nos hacen reevaluar las etiquetas con las que definimos nuestra sexualidad. Un día estuve cenando con un chico homosexual de 14 años que me dijo que yo no era gay, sino que era birromántico, porque aunque no había tenido sexo con ninguna mujer, sí me había enamorado de algunas. Estas cosas que te hacen sentir un poco carroza.

P.: Estás preparando una tesis doctoral sobre homosexualidad y vejez y justo este año se celebra el 50 aniversario del Orgullo Gay. ¿Podemos decir que Nueva York no es ciudad para viejos, parafraseando a Cormac McCarthy?

R.: Sí y no. Haciendo la tesis entrevisté a 27 hombres homosexuales neoyorquinos de más de 60 años (y otros 30 en Madrid) y descubrí otra capa de la sociedad y del colectivo que desconocía y que me resultó fascinante. A diferencia de en España, en Nueva York la subcultura gay de los años 70 fue muy fuerte y dejó unas redes de asistencia, de amistades y de asociacionismo muy bien armadas que todavía hoy se dejan sentir. A pesar de que habían tenido vidas muy desgastantes, estos hombres seguían allí resistiendo con una actitud llena de esperanza, dando, sin pretenderlo, muchas lecciones a personas más jóvenes, como yo. Y hay una asociación llamada SAGE que desde los años 70 ha estado luchando por este tema, casi treinta años de que la fundación 26 de Diciembre surgiera en España. Dicho esto, la jubilación en Estados Unidos es económicamente muy difícil y el estado del bienestar anglosajón es mucho menos generoso que el que conocemos en España. Y no hay duda de que el ritmo de vida y los precios de la ciudad hacen que la ciudad no sea para viejos… ni para estudiantes tampoco. Entre los 30 y los 55 (es decir, la plenitud laboral y salarial) es cuando Nueva York te abre las puertas.

P.: En el libro se establece una gran dicotomía entre cómo Simón vive su sexualidad en España y en Estados Unidos, ¿nos sigue separando un abismo o estamos más cerca de lo que parece?

R.: Somos distintos. Como homosexual, cuando emigras a otra ciudad más lejana, en general, te liberas de algunos remilgos. Muchos neoyorquinos me han hablado de que para ellos el viaje fue en la otra dirección. Que fueron a España y les pareció todo moralmente más laxo y sexualmente más abierto. Es verdad que, como decía, ellos son más veteranos en la causa y están políticamente más organizados, pero no es menos cierto que en España estamos mejor equipados emocionalmente y la aceptación ha calado, en menos tiempo, de manera más sincera y profunda en la sociedad, aunque ahora veamos atisbos de lo contrario. Es la diferencia entre una sociedad individualista que no te obstaculiza tu propia identidad pero luego tampoco te acompaña en tus decisiones y una sociedad más gregaria que te lo pone más difícil pero una vez que te 'desarmarizas', sacas contigo a todo tu entorno afectivo: padre, madre y demás familia.

Ver esta publicación en Instagram

#Shopaholic #Bronx #Carrito #NYC #fashion

Una publicación compartida de Mateo Sancho Cardiel (@mateosanchony) el

P.: La búsqueda de la felicidad es el gran motor del protagonista, ¿la pareja puede ser un impedimento si no se gestiona bien?

R.: La soltería y la pareja son dos modelos de felicidad distintos. El primero depende solo de ti y el segundo depende de dos personas (o de tres, o de cuatro, cada uno con su modelo). El encaje de bolillos sentimental es tremendamente complicado y desnuda todas tus vulnerabilidades, pero a mí me parece un camino de crecimiento y de generosidad. Ojo. Eso no quita para que yo como soltero haya sido muy feliz y haya aprendido muchísimas cosas. La amistad es algo maravilloso y puede llenar tanto como la pareja. Pero si el amor llega, personalmente, creo que no es una opción no apostar por él. Es un gran esfuerzo, especialmente en las sociedades individualistas, y si sale mal sufres, claro. Pero yo creo que merece la pena intentarlo.

P.: Uno de los personajes manifiesta que un gay está condenado "al fun". ¿Son la diversión y la ironía el mejor antídoto para luchar contra la homofobia y la discriminación?

R.: Esta es una pregunta complicada. Creo que la parte lúdica del colectivo ha sido muy importante para la causa y sí creo en la militancia hedonista. Es verdad que luego la lucha se ha desviado hacia un marketing de consumo de ocio que ha llevado a la lucha hacia un nicho de mercado que sí ha desvirtuado el compromiso, pues como toda 'imagen de marca', el colectivo ha acabado desechando una parte del colectivo menos fotogénica, como es la vejez o las vivencias más traumáticas que, por desgracia, todavía marcan a muchísimas personas LGBTQI+. Pero yo sí defiendo vehementemente el Orgullo Gay como celebración colorista y divertida y no por ello menos política. Y, sobre todo, no tiene por qué ser incompatible con un activismo tradicional más fiel a la reivindicación social radical y combativa.

Famosos

El redactor recomienda

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
1comentario
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios