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Felipe González: el inesperado estratega en la 'guerra' de los Alba por la herencia

Cayetano Martínez de Irujo relata en sus memorias cómo le pidió ayuda al expresidente del Gobierno antes de que su madre se casara con Alfonso Diez

Foto: Felipe González y Mar García Vaquero, en un acto reciente. (EFE)
Felipe González y Mar García Vaquero, en un acto reciente. (EFE)

"¿Por qué no? ¿Por qué no podía cumplir mamá el sueño de casarse con Alfonso Diez Carabantes?", se pregunta Cayetano Martínez de Irujo en sus suculentas memorias 'De Cayetana a Cayetano' (La Esfera). El argumento principal era el miedo de los hermanos a la dispersión del patrimonio de los Alba, al entrar en el reparto un eventual heredero. "No podíamos dejar ese legado al albur de una decisión tan arbitraria como la boda de mi madre a los 84 años".

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Siempre se ha dicho, y es verdad, que el valor de este patrimonio es incalculable. "La fortuna está formada en gran parte por posesiones de valor histórico y artístico que en su mayoría están adscritas a la Fundación y reguladas por ley. Desde palacios a cuadros de Goya impedían que Cayetana y Alfonso Diez se dieran el 'sí, quiero'. Un patrimonio de 35.000 hectáreas de terreno y 28 fincas. Los palacios de Las Dueñas, Liria y Monterrey. Las casas de verano de El Carpio, Ibiza, Marbella y San Sebastián. Y las obras de arte [...] Además, la fortaleza de Castro Caldelas, en Orense, y los castillos de Moeche, Narahío y de los Andrade..." y un largo etcétera de monumentos que están cedidos temporalmente "para su conservación y mantenimiento".

Dice Cayetano que el afán de los hermanos no era el egoísmo económico, sino preservar el legado que tanto esfuerzo, sudor y lágrimas (parafraseando a Churchill) le había costado mantener a la Casa de Alba.

De izquierda a derecha: Pedro y Cristina de Borbón, Alfonso Diez, Carlos Fitz-James, Eugenia Martínez de Irujo, Jacobo Siruela, Inka Martí, Alfonso Fitz-James, Cayetano y Fernando Martínez de Irujo. (Getty)
De izquierda a derecha: Pedro y Cristina de Borbón, Alfonso Diez, Carlos Fitz-James, Eugenia Martínez de Irujo, Jacobo Siruela, Inka Martí, Alfonso Fitz-James, Cayetano y Fernando Martínez de Irujo. (Getty)

Lo endiablado de la situación no eliminaba el principal problema: el visceral deseo de su madre por casarse con Alfonso Diez. Los hermanos no lograban ponerse de acuerdo, así que Cayetano tuvo una idea. "En las ocasiones complicadas recurro al consejo de las personas que considero mejor preparadas para solventar la cuestión. Para nosotros, la boda de mamá era un problema de Estado. ¿Y quién era la persona que a mi juicio nos podía ayudar mejor en un problema de Estado? ¿Quién había sido un estadista en España? Solo tenía un nombre: Felipe González".

A pesar de los reparos de sus hermanos (Carlos dijo que era una tontería y Jacobo que Felipe González estaba "pasado"), Cayetano no abandonó la idea. Sabía que Felipe González quería mucho a Cayetana de Alba y organizó un desayuno con el expresidente del Gobierno a través de Gonzalo Miró. A él le explicó "con claridad" la situación:

Alfonso Diez y Cayetano Martínez de Irujo, en la boda de Cayetana. (Getty)
Alfonso Diez y Cayetano Martínez de Irujo, en la boda de Cayetana. (Getty)

"Mi madre se quiere casar de nuevo. Tú la conoces, Felipe, nadie la detiene. Después de lo que hemos pasado con Jesús Aguirre, necesito que me aconsejes para salvar el patrimonio", le dijo.

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Y el hombre que fue presidente del Gobierno de España entre 1982 y 1996 cogió "un papelito amarillo" y empezó a dibujar. "Hizo un esquema en el que indicaba los riesgos que corríamos y dibujó nuestro patrimonio como si fuera un país. Hizo lo que yo imaginaba, un croquis del estado y los riesgos a los que nos enfrentábamos. No me dio la solución, pero me encaminó hacia ella. Debíamos tomar las medidas oportunas antes del matrimonio y me indicó los pasos para empezar a indagar. Analicé y sinteticé su mensaje y monté una reunión con los abogados, el administrador, los fiscalistas y mi hermano Carlos".

Una semana después de aquella reunión, que "no fue cómoda", llegó la solución que hoy toda España conoce: la duquesa de Alba haría una donación en vida de su patrimonio aunque se quedaría con el usufructo de los bienes hasta su muerte. "La donación de la Casa de Alba es un hecho histórico. Habíamos traspasado un patrimonio de centenares de millones de euros con absoluta naturalidad".

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