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FAMILIAS

La discreta 'otra' familia de la viuda asesinada de la CAM, ante el juicio del año

El lunes 14 de octubre, casi tres años después del asesinato de María del Carmen Martínez, comienza un juicio que promete buenas dosis de morbo

Foto: Vicente Sala. (Ilustración de Jate)
Vicente Sala. (Ilustración de Jate)

La asesinaron poco antes de las siete de la tarde de un viernes de diciembre de 2016 y enseguida cuajó la guerra por la herencia como móvil del crimen. La víctima, María del Carmen Martínez, 72 años, era la viuda del expresidente de la Caja de Ahorros del Mediterráneo y mandaba sobre una familia partida en dos –el hijo varón por un lado; las tres hijas por el otro— desde la muerte del padre, Vicente Sala, en 2011. Una multimillonaria herencia de por medio. A partir de este lunes 14 de octubre, casi tres años después, el yerno que dirigía el concesionario donde fue asesinada, Miguel López, 52 años, el único acusado del crimen, afronta el juicio. El fiscal y el abogado del hijo mayor de la víctima piden para él 24 años de prisión.

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Desde el día siguiente al crimen, la familia Sala Martínez ha vivido la exposición pública de forma particular. Inevitablemente expuesta, pero en silencio, como en un escaparate. Las tres hijas defendieron en el juzgado la inocencia de López, pero ninguna ha hablado con la prensa. El primogénito solo habló con Vanitatis y por razones bien concretas. Más allá del núcleo familiar, el entorno ha sido un reflejo de lo mismo. “Vicente era como un hermano para mí; a partir de ahí, no tengo nada que añadir”, me dijo un empresario amigo del expresidente de la CAM. “La discreción es una virtud que debe de tener todo alicantino que se precie”, precisó.

Esa discreción mineral, de burguesía de provincias, ha mantenido al margen a la familia de origen de Mari Carmen Martínez, la víctima. Salvo de su hermana Toñi, tres años menor que la viuda y que fue quien la llevó al concesionario la tarde del asesinato, nada se ha hablado de sus otros dos hermanos de padre: “La relación es muy rápida de definir: ninguna. A partir de ahí, no sé si le podré ayudar mucho”, respondió uno de esos dos hermanos, también empresario y discreto, al teléfono.

El acusado de matar a María del Carmen Martínez. (EFE)
El acusado de matar a María del Carmen Martínez. (EFE)

Si no todos los alicantinos, desde luego sí lucen esa discreción los del cogollo de la capital. “Los alicantinos de verdad, que no seremos más de 60.000 de toda la población de la ciudad”, según el amigo de Vicente Sala. La ciudad, despejada y amable, ligeramente volcada sobre el mar, tiene casi 300.000 habitantes. Nadie ha levantado la voz. Compárese con esos otros crímenes populares –“mediáticos”, según el ensayo de Paula Corroto—y se verá y oirá la diferencia.

Un advenedizo

El acusado, Miguel López, 52 años, no es alicantino. El yerno nació en Benetússer, un pueblo de Valencia, hijo de un empresario, estudió en un colegio privado y conoció a su mujer, Fuensanta (Fani), en la Universidad de Valencia, donde él se licenció en Empresariales. Fani, como sus dos hermanas mayores, es licenciada en Farmacia. Todo lo que se ha dicho y escrito sobre él dibuja un perfil de advenedizo. “El nieto del afilador que detestaba a su suegra rica”, por citar solo el mejor resumen de la tesis de la investigación, con independencia de su veracidad.

El tabú sobre la otra familia aclara, por contraste, la dificultad que impone el querer encontrarle un sentido al crimen: Vicente Sala, el expresidente de la CAM, también se casó con la hija del jefe. Una dificultad que comparten policías, abogados y jueces, y que a partir del lunes afrontarán también los nueve ciudadanos del jurado que decidirá el veredicto. ¿Es Miguel López el yerno advenedizo que asesinó a su suegra rica por dinero? ¿Y qué pruebas hay? ¿O es solo otro yerno más de un importante empresario, como lo fue el propio Vicente Sala?

"Siempre me he preguntado por qué no querían saber nada de nosotros", se pregunta un hermano de la asesinada

Toñi y Mari Carmen siempre fueron uña y carne. De hecho, la hermana Toñi siempre vivió con el matrimonio en Alicante. Cuando recién casados se instalaron en un piso del centro y cuando luego se mudaron ya con los cuatro hijos a la finca de La Torre, entre la carretera de Valencia y la playa de la Albufera.

En el conflicto familiar, la tata, como la llamaban sus sobrinos, se puso de parte de su hermana y su sobrino, el heredero universal según el testamento que la madre modificó meses antes del crimen. El supuesto robo de unas joyas, que la tía Toñi denunció en su declaración policial, se utilizó también para afear la presunta avaricia de las hijas. Pero las joyas aparecieron en un cajón olvidado y la tata las recuperó, discretamente.

Vicente Sala, el fallecido presidente de la CAM. (EFE)
Vicente Sala, el fallecido presidente de la CAM. (EFE)

Los otros dos hermanos por parte de padre es como si no existieran. “La verdad es que ni yo lo entiendo”, dijo uno de ellos. “Siempre me he preguntado por qué motivo no querían saber nada de nosotros”, añade. Un primo, que también prefiere que no salga su nombre, tienta una explicación: “Yo creo que venía de cuando el padre se casó en segundas nupcias, porque a lo mejor sus hijas [Mari Carmen y Toñi] no aceptaron muy bien a la segunda familia”.

Mucho antes de convertirse en presidente de la Caja de Ahorros del Mediterráneo, Vicente Sala se casó también con la hija del empresario. Pero a diferencia de Miguel López, que nació en una familia acomodada, Sala venía de orígenes más humildes. El empresario Rafael Martínez había hecho fortuna reciclando el caucho sobrante de las suelas de los zapatos. El empleado Sala visitaba las fábricas para vender esa materia prima con la que también se elaboraban plásticos. En 1962, se casó con la hija del jefe, María del Carmen.

María del Carmen modificó su testamento seis meses antes del crimen para nombrar heredero universal a su hijo varón

El suegro, Rafael Martínez, dividió las empresas del caucho en dos ramas: la goma, que él mismo siguió explotando, y el plástico, que cedió a Vicente Sala y su mujer, y con la que el matrimonio levantaría lo que es hoy Samar Internacional. Solo en 2016, el año del crimen, facturó 240 millones de euros. Entonces pertenecía por igual a los cuatro Sala Martínez. Hoy pertenece en exclusiva al primogénito, después de que se firmara un acuerdo para dividir los activos de todas las empresas.

Los otros dos hijos de Rafael Martínez -un hombre y una mujer- heredaron la empresa de las gomas, con la que entre otras cosas se fabricaron en su día preservativos y todavía hoy la goma de las cajas de zapatos. Hoy es también un boyante negocio familiar, sin problemas a la vista. “El testamento de mi padre fue un testamento legal, que se repartió a partes iguales. En este caso no hubo ningún tipo de favoritismo entre hijos”, según el único de los dos hermanos que aceptó contar la historia de esa otra familia.

La policía trabaja en el lugar del crimen. (EFE)
La policía trabaja en el lugar del crimen. (EFE)

María del Carmen modificó el suyo seis meses antes del crimen para nombrar heredero universal a su hijo varón y dejar a las hijas la legítima que obliga la ley.

La madre de María del Carmen y Toñi falleció joven. El padre de ambas se casó en segundas nupcias y luego en terceras, y casi a los 80 años todavía tuvo una cuarta mujer. “Mi padre era muy vital, yo recuerdo incluso ir a verlo al hogar de ancianos durante los últimos años y verlo bailar con una mujer en cada brazo”, recuerda uno de sus hijos de aquel segundo matrimonio. “Yo creo que mi padre de vez en cuando iba a comer al chalet que ellos [Vicente y Mari Carmen y Toñi] tenían en Alicante”. El padre, Rafael Martínez, murió en 2014, con 94 años.

"Mis hijas dejan de cuidarme"

La viuda resumió ese año de 2014 en tres frases en su diario. “Muere mi padre. Tristeza”; “Mis hijas dejan de cuidarme. Tristeza”; “Mi hijo me cuida y mi hermana. Feliz”. Su padre, Rafael Martínez, también vivió con tristeza sus últimos años de vida: “Mis hijas no me quieren”, le confesó alguna vez a la mujer que lo cuidaba. María del Carmen, ya viuda, asistió al funeral de su padre. “Coincidimos en el funeral de nuestro padre. Y nada más”, según uno de aquellos otros hermanos.

El 9 de diciembre de 2016, María del Carmen Martínez fue asesinada en el lavadero de Novocar, el concesionario propiedad de la familia en Alicante, que hoy está cerrado. Le dispararon cuando estaba sentada en el asiento del conductor de su Porsche gris. Salió del coche y murió sobre las siete de la tarde. El lunes juzgan a su yerno, Miguel López.

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