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EL AMOR DUELE

Dolor y terapia: Mireia Varela narra su infierno personal tras romper con Rufián

Ha sido la pareja del político durante una década y también uno de sus principales apoyos, pero hace un tiempo pusieron fin a su relación. Ahora ella ha expresado su dolor en redes

Foto: Gabriel Rufián, en el Congreso. (EFE)
Gabriel Rufián, en el Congreso. (EFE)
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Casi una década duró la relación sentimental entre Gabriel Rufián y Mireia Valera: diez años en los que compartieron muchas cosas, aficiones, un proyecto de vida en común, un programa de radio o un hijo, que nació fruto de su amor hace ocho años.

Según ha contado en alguna ocasión el diputado de ERC a los medios, la primera vez que vio a la madre de su hijo fue en el metro. Allí se encontraban cada día y tras unos meses se atrevió a darle un papel en el que había apuntado su número de teléfono y su dirección de correo electrónico. Por aquel entonces, Mireia todavía no había comenzado sus estudios de Lengua y Literatura Española en la Universidad Autónoma de Barcelona, grado que obtuvo en 2015.

La pareja se enamoró y poco tiempo después tuvieron un hijo, Biel, un clon de Gabriel Rufián en rubio. Desde entonces vivieron los tres juntos en un modesto piso del barrio de la Creu Alta, en la ciudad de Sabadell, muy cerca de Barcelona.

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Sin embargo, comenzaron 2019 por separado, y mientras el político rehacía su vida sentimental, según cuentan algunos medios, junto a la jefa de prensa de un partido políticio vasco, Mireia no ha podido olvidar el pasado.

Hace unos días, junto a una imagen completamente negra, relataba el 'infierno personal' por el que ha pasado desde el cese de la relación con Rufián. Palabras duras con las que todo el que haya sufrido por amor se sentirá identificado.

Terapia, dolor y llanto

“Despedí 2018 llorando sabiendo que perdía al amor de mi vida. Le lloré todos los días, tardes y noches. Le supliqué mil perdones y desee cada hora su vuelta. Centenares de noches en vela. Sufrimiento inconmensurable. Aislamiento del mundo. Dolor a la gente que me rodeaba. Incomprensión del prójimo, terapias y medicación. Discusiones sin fin. Dolor, dolor y más dolor.

He despedido 2019 llorando sabiendo que ya no podré recuperarle. Lloro en este 2020 por perder al amor de mi vida, al que escogí como padre de mi hijo, a mi mejor amigo, a mi apoyo incondicional, a mi alma gemela, a mi amante fiel, a mi eterno defensor, a mi paciente protector, a mi infatigable luchador por mí, a mi sueño de familia ideal. No he perdido a una persona en mi vida, he perdido parte de mí misma en él. Hay cosas que el tiempo no puede curar, ni ocultar, ni cicatrizar. Hay heridas eternas. Hay amores que no mueren. Hay personas que no se olvidan. Hay momentos que no se superan. Hay errores que no se perdonan. La felicidad ni se busca ni se alcanza ni se encuentra, se construye. La vida son batallas; a veces hay que luchar y otras hay que saber rendirse. Y yo me rindo”.

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