Logo El Confidencial
HA FALLECIDO A LOS 44 AÑOS

La familia Borbón von Hardenberg, rota tras la muerte de Cristina, la hija más frágil

La hija de Beatriz era brillante y dulce, con un sentido de la amistad profundo y con un gran amor por los animales, a los que dedicaba tiempo y cariño

Foto: Cristina Elena Borbón. (Instagram)
Cristina Elena Borbón. (Instagram)

La noticia de la muerte de Cristina Borbón, hija del duque de Sevilla y de Beatriz von Hardenberg, nos ha conmocionado a todos los que desde siempre la hemos conocido, a ella y a su familia. Vivía en Madrid, con una empleada, y con un perfil muy bajo. Solo los íntimos sabían que Cristina había ingresado en el hospital Puerta de Hierro ayer, jueves 13 de febrero, donde finalmente falleció a las tres de la tarde de ese mismo día. A las ocho y media de la noche se trasladaba el cuerpo a la sala E del tanatorio de San Isidro y hoy viernes, a las seis de la tarde, habrá un responso y a continuación el entierro.

Cristina era la mediana de los tres hermanos. La más sensible, la más artista y muy parecida, en carácter, a su madre Beatriz. Dulce, con un sentido de la amistad profundo y con un gran amor por los animales, a los que dedicaba tiempo y cariño.

En la casa familiar de su madre, en Las Rozas, cuidaba de los hurones, del cerdo vietnamita y de los muchos perros de acogida que disfrutaban de la libertad que daba el sentirse queridos. En una ocasión, a un amigo que no conocía las debilidades de Cristina se le ocurrió hacer un comentario negativo sobre los hurones. Estos animales tenían su refugio en los cajones donde la joven guardaba sus jerséis de cachemira. Cuando el individuo en cuestión dijo la frase “¿cómo lo puedes permitir?”, Cristina se dio la vuelta y no volvió a dirigirle la palabra.

La cocinera prodigiosa

La hija de Beatriz era brillante y con un currículum académico de sobresaliente. No quiso estudiar una carrera universitaria relacionada con las finanzas como le recomendaron y eligió un camino más complicado. Le habría gustado ser veterinaria pero optó por otra disciplina. Desde pequeña le gustaba cocinar y, cuando llegaba del colegio, era la repostera de la casa. Cuando decidió hacerse cocinera, no todo su entorno la entendió. Su madre sí, y la alentó para que cumpliera su sueño.

Hizo prácticas en París en Cordon Bleu, donde solo aceptan alumnos que tengan aptitudes. El dinero, en este caso, como después en la escuela de Nueva York, sirve para pagar los cursos, si eres bueno. Ella misma contaba a quien esto firma que “si en las primeras evaluaciones no das la talla, te piden que te marches. Era muy intenso y aprendí mucho”.

Tenía cualidades y lo demostró a lo largo de su experiencia a través de su empresa de alta cocina a domicilio. Su paté era espléndido y los solomillos al vino, una de sus especialidades. Lo único que le costaba algo más eran los cortes de carne e inventó una técnica para que esos solomillos resultaran más jugosos. En la casa familiar de Las Rozas se convirtió en la cocinera prodigiosa cuando llegaban los amigos de su madre: siempre cariñosa y dispuesta a revelar sus secretos de cocina.

Cristina era de ese tipo de personas que son demasiado exigentes consigo mismas. Esa manera de ser hizo que no pudiera disfrutar de la vida con todo lo que el mundo le ofrecía. Era feliz cada vez que visitaba a su hermana Olivia y su sobrinos en Marbella, adoraba a su madre y quería a su padre. Quizá le faltó esa estabilidad emotiva que supone una pareja estable. Descanse en paz un alma limpia a la que añorarán todos los que la trataron y quisieron.

Famosos
Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
6 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios