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OBITUARIO

Lucía Bosé, la 'mamma' de pelo azul que hablaba con los ángeles

Mientras fue la reina y señora de la casa recibía a los amigos propios y ajenos a la hora que fuera. Y daba igual ocho que ochenta: siempre había un plato para ellos

Foto: Lucía Bosé. (Cordon Press)
Lucía Bosé. (Cordon Press)

Lucía Bosé siempre fue la 'mamma' italiana para todos los que llegaban a su casa de Somosaguas. Este chalet fue siempre el domicilio familiar donde vivió los años gloriosos y guerreros con Luis Miguel Dominguín y los tres hijos: Lucía, Miguel y Paola. Con el tiempo, ese chalet se lo quedaría Miguel Bosé. Le pagó a su madre la cantidad correspondiente y sigue siendo el cuartel general del cantante cuando viene a Madrid.

Mientras fue la reina y señora de la casa recibía a los amigos propios y ajenos a la hora que fuera. Y daba igual ocho que ochenta: decía que lo suyo era dar de comer a la gente. En lo que tardaba en hacer los espaguetis, los invitados se encargaban de colocar platos y vasos en una mesa de madera pintada de blanco muy grande y donde cabían, fácilmente, doce personas. Los espaguetis se servían en una fuente de loza y si había más amigos, en dos. Y marcaba la pauta: “Aquí no se espera a nadie porque hay que tomarlos al dente”. Lucía dirigía, controlaba y organizaba el matriarcado, que también era el lugar de trabajo de todos, porque los tres hijos le salieron artistas.

Lucía y Luis Miguel Dominguín, en una imagen de archivo. (Cordon Press)
Lucía y Luis Miguel Dominguín, en una imagen de archivo. (Cordon Press)

La casa era su reino y cada poco cambiaba la decoración. Tenía muy buen gusto y fue una de las introductoras de las telas provenzales que se pusieron tan de moda en los años ochenta. Quizá si se hubiera dedicado en serio al interiorismo, habría sido una de las mejores profesionales, pero prefirió hacerlo gratis para sus amigos. Incluso Luis Miguel Dominguín, una vez que las relaciones se volvieron pacíficas, le pedía consejo para su casa de Sotogrande y para La Virgen, la finca de Jaén.

Pasiones, amigos, familia

Cuando los hijos se independizaron, ella también lo hizo y se dedicó a viajar, que era una de sus pasiones igual que el golf, al que se aficionó ya pasados los cincuenta. Se acercaba hasta el campo que hay en la urbanización El Bosque, en Villaviciosa de Odón (Madrid), y después su rutina era un aperitivo que consistía en vermú con aceitunas negras en algún bar del pueblo.

Tenía amigos por todo el mundo y los visitaba. No estaba más de diez días porque decía que “lo poco agrada y lo mucho cansa”. Le sucedía lo mismo con la familia, a la que añoraba cuando no estaba con ellos, pero su independencia estaba por encima de todo.

Lucía, en una de sus últimas apariciones públicas. (Getty)
Lucía, en una de sus últimas apariciones públicas. (Getty)

Y fue una gran abuela, 'la nonna', como la llamaban sus nietos, de los que siempre estuvo pendiente. La muerte de Bimba fue para ella la gran tragedia de su vida.

A Olfo, el hijo de Lucía, le hizo su escudero y vigilante de sus ángeles cuando tuvo que cerrar el museo que montó en una antigua fábrica de harinas en Turégano. Era un espacio imponente con esculturas, pinturas, grabados y cualquier soporte que sirviera para ese homenaje a sus ángeles de la guarda, que aseguraba siempre estaban con ella. Cuando no hubo financiación y la gestión se hizo imposible, se enfadó, primero con el ayuntamiento y después con los mismos ángeles: “Me podían haber echado una mano, pero está claro que prefieren no ser visibles”, aseguraba cuando se la preguntaba por esa cuestión. Y ahí los dejó, a la espera de que alguien se hiciera cargo.

Lucía Bosé se retiró al campo y allí volvía a recibir en su casa azul como la 'mamma' que siempre fue. Ahora sus ángeles la harán compañía.

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