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LA HERENCIA DE LA ARTISTA

La herencia de Lucía Bosé: una gran propiedad, proyectos y empresas

La actriz italiana estuvo trabajando hasta el último día en distintos proyectos artísticos. Su patrimonio estaba administrado por sus hijos Miguel y Paola

Foto: Lucía Bosé, en una imagen de archivo. (Alamy)
Lucía Bosé, en una imagen de archivo. (Alamy)
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Durante la noche de este viernes 27 de marzo y con motivo del fallecimiento de la gran Lucía Bosé, el programa 'Volverte a ver' emitirá a las 22:00 de la noche una entrega especial dedicada a su figura, un homenaje póstumo en el que la actriz se sienta frente a Carlos Sobera para hablar sobre su sorprendente vida.

El mundo recordará a Lucía Bosé como la matriarca de una familia única, la mujer del pelo azul, el carácter irredento de un personaje singular, la mujer que parió a Miguel Bosé, la exesposa del genial Dominguín, la 'mamma' italiana a cuya mesa se reunían con frecuencia amigos y faranduleros. Lucía Bosé era todas esas cosas, pero también y, sobre todo, era una artista, y lo fue hasta sus últimos días. En cada etapa de su vida se expresó de una manera diferente, a través de su trabajo como actriz, principalmente, pero también de su obra plástica y del recuerdo de aquel proyecto entre filosófico y artístico, el Museo de los Ángeles, que finalmente no salió bien.

Desde 2006 canalizaba su trabajo en los platos (de vajilla, se entiende). Bosé llevaba años visitando varias ciudades como Milán, Segovia o Cáceres con su exposición 'Piatti'. Medio centenar de platos de madera de bambú y de plástico que la actriz había personalizado con la técnica del collage. Lucía había convertido este elemento de todos los días en un soporte artístico en el que retrataba a actrices como Marilyn Monroe, Greta Garbo, Marlene Dietrich o a sí misma; cantantes como María Callas, Lola Flores o Sara Montiel, o a artistas como la mexicana Frida Kahlo. También rendía homenaje a su nieta, Bimba Bosé, y se podían encontrar en sus platos esculturas romanas, siempre de mujeres. Lucía Bosé era un 8 de marzo en sí misma.

Lucía Bosé, en un divertido gesto. (Cordon Press)
Lucía Bosé, en un divertido gesto. (Cordon Press)


Pero el proyecto que más tiempo, dinero y esfuerzos le llevó fue el Museo. En el año 2000, Lucía Bosé y Paola Dominguín convirtieron una antigua fábrica de harina de Turégano (Segovia) en el Museo de los Ángeles. Casi 2.000 metros cuadrados y tres pisos dedicados a estas figuras mitológicas y a obras de grandes dimensiones con libertad de estilo. El concepto era rompedor, pretendía ser un museo abierto donde se realizaran actividades, además de exponerse cerca de un centenar de obras de artistas contemporáneos relacionadas con los ángeles.

Siete años después de abrirlo, en 2007, anunciaron su cierre temporal después de haber recibido cerca de 150.000 visitantes. Habían invertido más de 600.000 euros en acondicionar el espacio y ponerlo en marcha, era el único museo de estas características que había en el mundo, pero la falta de apoyo de las instituciones públicas fue definitiva y poco tiempo después el cierre se confirmó como definitivo. Hoy el museo está cerrado y el edificio permanece a la venta.

Lucía Bosé, en el Festival de Cine de Roma. (Getty)
Lucía Bosé, en el Festival de Cine de Roma. (Getty)

La única huella viva de aquella aventura es la empresa Tureart SL, una de las dos entidades que mantenía Lucía Bosé abiertas en el Registro Mercantil. La compañía no actualizaba cuentas desde el año 2010, en que declaró unos resultados de 52.000 euros, y no mantenía actividad. Aunque Lucía Bosé era la administradora única, su hija Paola actuaba como apoderada de esta empresa.

Además, Lucía Borloni (Bosé era su apellido materno) era la accionista mayoritaria de otra empresa, Lumi SL, administrada por su hijo Miguel. Esta entidad se dedica al alquiler de bienes inmobiliarios, pero cuenta con una sola propiedad a su nombre: la fabulosa casa familiar de Somosaguas, valorada en más de seis millones de euros. La casa, una gran estructura de hormigón con amplios ventanales y rodeada de jardines, es el lugar donde se criaron los Dominguín Bosé hasta que con el tiempo se convirtió en el hogar de Miguel. Allí, según él mismo compartió en Instagram en 2018, cuenta con su propio estudio de grabación, un gallinero y espacio suficiente para sus hijos y para él cuando están en Madrid.

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