El cumpleaños que Vargas Llosa nunca olvidará, recluido en casa de Isabel Preysler
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Junto a Isabel Preysler y Tamara

El cumpleaños que Vargas Llosa nunca olvidará, recluido en casa de Isabel Preysler

Un cumpleaños que nunca olvidará será el de este año con el mundo confinado por la pandemia del coronavirus

Foto: Isabel Preysler y Vargas Llosa, en una imagen de archivo durante la fiesta por el 80 cumpleaños del escritor. (Getty)
Isabel Preysler y Vargas Llosa, en una imagen de archivo durante la fiesta por el 80 cumpleaños del escritor. (Getty)

El cumpleaños de Mario Vargas Llosa ha sido muy diferente al de años anteriores. Ha cumplido 84 años recluido en la casa de Isabel Preysler, donde vive desde que se convirtieron en pareja estable.

Antes de que se hiciera público su romance, vivió durante unos meses en una de las suites del hotel Eurobuilding 2. Y fue precisamente la novia quien se encargó de hacer la reserva una vez que el Nobel tuvo que salir del domicilio conyugal madrileño en la calle Flora.

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Desde esa fecha ha sido Preysler quién se ha encargado de festejar al escritor. Unos años con más repercusión y otros, como esta vez, en la soledad que supone la cuarentena.

En la mansión de Puerta de Hierro solo se encuentran la dueña de la casa, Tamara y el escritor. Al grupo familiar se une la cocinera, Ramona, que gracias a la publicidad que Tamara ha hecho de su repostería, es un personaje más en la agenda social. Ha sido la encargada de preparar el pastel de aniversario.

Mario Vargas Llosa e Isabel Preysler, en una imagen de archivo. (Getty)
Mario Vargas Llosa e Isabel Preysler, en una imagen de archivo. (Getty)

El protagonista apagó las velas y recibió las felicitaciones de sus hijos y nietos, que se conectaron con él a través de FaceTime y WhatsApp y le cantaron el cumpleaños feliz.

Su nieta Anais es un portento de voz y participa en audiciones y festivales de música. Junto con su hermana Isabella enviaron el audio musical que tan feliz ha hecho al abuelo en un momento en el que las familias (y la suya) deben permanecer aislados.

Los 81 los celebró fuera de España. Fue una especie de viaje iniciático con Isabel Preysler recorriendo Lima y otros lugares llenos de recuerdos para el Nobel. Almorzaron en la picantería La Nueva Palomino y de postre Isabel Preysler le cantó “cumpleaños feliz”. En este aniversario el escritor donó siete mil ejemplares de su biblioteca personal a la de Arequipa, su lugar de nacimiento.

El año pasado, los 83 le pillaron en Buenos Aires. El escritor formaba parte de la comitiva que acompañaba a los reyes en su viaje institucional a Argentina. Preysler se quedó en Madrid a la espera de que naciera Miguel, el hijo de Ana y Verdasco. Pero Mario no estuvo solo. Compartió cena en el restaurante Papagayo con Joaquín Sabina, que también se encontraba en la capital, aunque por otras razones.

Mario Vargas Llosa. (EFE)
Mario Vargas Llosa. (EFE)

Este local se encuentra entre los mejores de la ciudad. El Nobel y el cantante se apuntaron a los once platos del menú degustación. Un aniversario de altura aunque sin la presencia de su novia.

Echando la vista atrás, el mejor cumpleaños, el que tuvo más repercusión mediática y social fue la celebración de sus 80 años que sirvió para la presentación oficial de la novia a sus amigos del mundo literario. Fue una cena organizada en el hotel Villamagna a la que acudieron los expresidentes de Chile, Perú y Colombia, políticos en ejercicio y jubilados, empresarios, editores, personajes de las revistas del corazón y por supuesto escritores.

El escritor Mario Vargas Llosa durante la inauguración del seminario organizado con motivo del 80 cumpleaños del autor, 'Vargas Llosa: cultura, ideas y libertad'. (EFE)
El escritor Mario Vargas Llosa durante la inauguración del seminario organizado con motivo del 80 cumpleaños del autor, 'Vargas Llosa: cultura, ideas y libertad'. (EFE)

A los postres, Vargas Llosa micrófono en mano y ante un público expectante, declaró su amor a su novia. “Esta personita que me hace feliz. Cada día que paso contigo es mejor que el anterior. Y ya sé que la palabra felicidad tiene un nombre y apellido: Isabel Preysler”.

Esa mañana “su felicidad” le había regalado a Céline, un cachorro gran danés. El nombre de la mascota también tuvo un significado especial. El Nobel definía a Louis-Ferdinand Céline como "el último escritor maldito" y para Isabel era una de las firmas de lujo francesas con más arraigo entre las mujeres ejecutivas.

Así han sido los cumpleaños de Vargas Llosa, pero el que nunca olvidará será el de este año con el mundo confinado por la pandemia del coronavirus.

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