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EMPRESARIOS

El legado de Manuel Jove: de su espectacular casa-ovni a su colección de arte

La trayectoria del emblemático empresario gallego, fallecido esta semana, estuvo marcada por la prematura muerte de su hija María José a los 37 años

Foto: Manuel Jove y sus dos hijos, el día de la salida a Bolsa de Fadesa. (EFE)
Manuel Jove y sus dos hijos, el día de la salida a Bolsa de Fadesa. (EFE)
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"Esta vivienda unifamiliar privada se abre hacia el mar. Las vistas, la topografía y la orientación condicionaron el proceso de diseño que, partiendo de una agenda bioclimática ambiciosa, tuvo éxito en la creación de una vivienda singular [...]. La vivienda incorpora un sistema domótico de gestión que controla las ventanas y persianas motorizadas para alcanzar un rendimiento bioclimático óptimo en respuesta a las condiciones meteorológicas [...]. Como se pretendía, la complejidad inherente en un edificio de esta naturaleza no se puede apreciar en ninguno de sus espacios y todo lo que permanece son las vistas… desde una casa que abraza el aire". El estudio Miyarq, especializado en "diseños innovadores y visualmente excitantes", fue el encargado de poner en pie uno de los últimos sueños de Manuel Jove, la que los gallegos bautizaron con cierto sentido del humor como la "casa-ovni". Más de mil metros cuadrados en Oleiros en forma de gigantesco platillo volante que mira a la ría coruñesa y constituye uno de los mejores ejemplos de la nueva arquitectura gallega.

La casa se terminó de construir en 2013. Algunos años antes, en un homenaje, el hermano de Manuel, Ángel (presidente y fundador del grupo Anjoca), describió sus comienzos muy gráficamente: "Al principio nos tocó lo peor, la versión en blanco y negro de la vida, que parecía una película italiana de Alberto Sordi, pero eso nos curtió". Estos días, cuando Galicia llora a uno de sus empresarios más destacados, muerto a los 78 años por un cáncer en su casa coruñesa, es inevitable citar una vez más el tópico a la hora de narrar la increíble historia de cómo Manuel Jove prosperó desde una pequeña carpintería de la calle Cordelería coruñesa a la casa-ovni de Oleiros. Según las últimas estimaciones de 'Forbes', el multimillonario poseía una fortuna en torno a los 1.600 millones de euros.

Manuel Jove, en una imagen de archivo. (EFE)
Manuel Jove, en una imagen de archivo. (EFE)

El carácter gallego no es muy dado a exhibir la intimidad, pero en uno y otro sitio se han dado pinceladas de la trayectoria extraordinaria de este emprendedor. Siendo un adolescente, empezó a trabajar con la madera en la carpintería de su padre. A los 19 años decidió emigrar a Alemania para prosperar, su principal objetivo era ganar dinero para poder establecerse por su cuenta, pero a los dos años regresó y volvió a trabajar con su familia. Con 24 años, según un perfil publicado por 'El País', se casó con Amparo Santos, con la que tendría tres hijos, y montó una empresa de reformas. Aunque esa empresa quebró, como otras iniciativas que puso en marcha, Jove no se arredró y siguió confiando en el ladrillo, el que al final le haría rico. En los años 90 fundó Fadesa de las cenizas de otra inmobiliaria y comenzó su despegue absoluto.

Dicen que la rivalidad con su hermano Ángel fue uno de los acicates que espolearon su avidez inversora. La vida quiso que ambos tuvieran que pasar un dificilísimo trago en el año 2002 que les unió de nuevo, aunque esta vez en el dolor. La hija mayor de Manuel Jove, María José, falleció por un derrame cerebral a la edad de 37 años dejando dos hijas gemelas de cinco años y un agujero enorme en el corazón del promotor, que la consideraba su heredera. Pocos meses más tarde le pasó exactamente lo mismo a Ángel: su hijo Jorge, el mayor, perdió también la vida de forma repentina. Al parecer, la familia tiene un gen maldito que coquetea con los aneurismas cerebrales.

Felipa Jove, con varios perros usados como terapia con niños, uno de los proyectos de la Fundación María José Jove. (EFE)
Felipa Jove, con varios perros usados como terapia con niños, uno de los proyectos de la Fundación María José Jove. (EFE)

La muerte de María José convulsionó a la familia. "Mi elección era la segunda fila, porque además mi hermana estaba mejor preparada y tenía una actitud más líder que la mía. Lo entendí desde muy niña: María (cuatro años mayor) era muy carismática y mi función era ayudarla", contó Felipa Jove, la tercera hija de Manuel, en 'Fuera de serie'. María José, abogada de formación, era la vicepresidenta de Fadesa cuando falleció y contaba con una gran reputación en el sector inmobiliario. Poco más de un año después de su muerte, los Jove pusieron en marcha la fundación que lleva su nombre y que dirige con sabia mano Felipa. Desarrolla su actividad a favor de la infancia y de la inclusión social a través de cuatro grandes áreas de trabajo: salud, educación y formación, ocio y tiempo libre saludable y arte.

Bajo el paraguas de la fundación se encuentra también la colección de arte que fue reuniendo a lo largo de los años Manuel Jove. En un principio, el promotor tenía la voluntad de reunir una selección de obras de arte gallego, pero finalmente fue ampliándola hasta formar un abanico de figuras y movimientos artísticos nacionales e internacionales de los siglos XIX al XXI. La colección está cedida para su exhibición a la fundación.

Fernando Martín y Manuel Jove. (EFE)
Fernando Martín y Manuel Jove. (EFE)

De Manuel Jove siempre se destaca el instinto que le hizo ver la crisis de 2008, que afectó tanto al sector inmobiliario y del que él supo huir a tiempo. El gallego sacó el 46% de Fadesa a Bolsa en 2004, y dos años más tarde decidió venderla definitivamente a Fernando Martín, justo antes del crack. En realidad, este cambio de tendencia tuvo más que ver con la muerte de su hija, que crujió su escala de valores y le hizo querer vivir la vida de otra manera. A partir de ahí pasó a un segundo plano que ya no abandonaría. Tenía múltiples aficiones. Seguía tallando en madera con maestría, le gustaba navegar en su yate privado, y disfrutar de sus dos hijos (Manuel Ángel y Felipa) y de sus ocho nietos, siete niñas y un niño.

Su fortuna ahora se vehiculaba a través de la corporación Inveravante, cuyos principales intereses están en el sector energético y el inmobiliario. Pero, además, estos años ha tenido otras líneas de negocio tan diversas como la marca de moda Caramelo, los hoteles o el parque Warner, en Madrid.

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