Este es el cortijo en el que pasa la cuarentena Bordiú (y no está en Portugal)
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Este es el cortijo en el que pasa la cuarentena Bordiú (y no está en Portugal)

Salvo su familia y sus amigos íntimos, que sabían que había abandonado Portugal antes de que comenzara la cuarentena, el resto desconocían el cambio de planes

placeholder Foto: Carmen Martínez-Bordiú, en una imagen de archivo. (Getty)
Carmen Martínez-Bordiú, en una imagen de archivo. (Getty)

Salvo su familia y sus amigos íntimos, que sabían que había abandonado Portugal antes de que comenzara la cuarentena, el resto desconocían el cambio de planes de Carmen Martínez-Bordiú y su vuelta a España. Más concretamente a su finca Los Camochos, en la provincia de Sevilla, donde pasa el periodo de confinamiento hasta que desaparezcan las fases decretadas por el Gobierno y pueda volver a viajar. Oficialmente mantiene su relación con Timothy Mckeague, que ha demostrado ser un hombre discreto sin ansias de popularidad.

Esta propiedad de Cazalla de la Sierra la compró hace años cuando vivía con Roberto Federici, el arquitecto italiano que no la hizo feliz. Aunque no estuvieron casados, sí compartieron negocios. Al separarse, cada uno se quedó con lo suyo. Carmen mantuvo el campo y las ovejas, y Federici vendió su parte a un tercero. El comprador fue Jaime Castellanos, casado con Patricia, hermana de Paloma O´Shea (viuda de Emilio Botín).

A Federici no solo no le interesaba mantener nada en España, sino que su historia afectiva con la actual duquesa de Franco acabó regular. La propia Carmen contaba tiempo después, cuando conoció a José Campos (su tercer marido), cómo la ruptura anterior le supuso un estado de tristeza muy fuerte: “Intentar salvar esa relación de doce años me produjo una depresión importante”.

placeholder José Campos y Carmen, en Madrid en 2011. (EFE)
José Campos y Carmen, en Madrid en 2011. (EFE)

Un cortijo diseñado por V&L

Este ha sido el lugar elegido por la duquesa para pasar la cuarentena y al que suele acudir con más frecuencia de lo que parece. Aquí puede mantener la intimidad que quiere desde que murió su madre, Carmen Franco. En esta finca de trescientas hectáreas, con un cortijo que ayudaron a decorar sus amigos los diseñadores Victorio & Lucchino, tiene ganado y olivares. Uno de los reportajes que más sorprendieron en su día fue ver a Carmen en este campo rodeada de ovejas. Y lo llamativo no era ella sino que las ovejas aparecían todas blancas, perfectas y con la lana cardada como si hubieran pasado previamente por peluquería.

Compró Los Camochos en 1994 y años después se casó por la iglesia con José Campos en la capilla de la finca colindante, propiedad de unos amigos. El campo no era desconocido para Carmen. La familia de su padre, Cristóbal Martínez-Bordiú, era propietaria de latifundios en Arroyovil (Jaén), donde criaban caballos y organizaban cacerías.

La vida tranquila

Carmen se instaló en Portugal hace dos años y medio y desde esa fecha se ha mantenido fuera del mundo mediático por decisión propia. Pocos creían que esa especie de exilio dorado iba a durar tanto tiempo. Decían que se cansaría de tanta vida tranquila, sin paparazzi y recibiendo clases particulares de yoga de su novio, Timothy Mckeague, que también es surfista. Lo conoció en un crucero organizado por un amigo colombiano. El chico era el entrenador de los hijos, y a la vuelta del viaje comenzaron una vida en común.

Buscó la tranquilidad con su novio entre la ciudad de Sintra y las playas de Nazaré (Portugal), donde se encuentra el récord de ola más grande del mundo. Es el paraíso de los deportistas de este tipo de especialidad, en la que Timothy destaca.

placeholder Carmen, en el Valle de los Caídos. (EFE)
Carmen, en el Valle de los Caídos. (EFE)

Durante todo este tiempo, su visibilidad ha sido escasa, sin asistir a las fiestas que se organizaban antes de la pandemia y sin realizar exclusivas. Se ha mantenido alejada de las polémicas que la han rodeado, unas directamente como la utilización del título del ducado de Franco tras la muerte de su madre, Carmen Franco, y otras que afectaban a toda la familia. Entre ellas, la exhumación de los restos de su abuelo del Valle de los Caídos, la venta del pazo de Meirás y la oferta inmobiliaria del edificio de la calle Hermanos Bécquer, en Madrid.

Se puso a la venta en mayo pasado por un precio de cincuenta millones, como informaba El Confidencial, sin que por el momento haya compradores estables. Y menos aún ante la grave crisis inmobiliaria que se avecina una vez el Gobierno levante el estado de alarma.

Carmen Martínez Bordiú
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