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HA FALLECIDO A LOS 77 AÑOS

Adiós a Manolo Segura, excelente jugador de backgammon y amigo fiel de Tita Thyssen

Afectos aparte, cuentan que nunca quiso más de la madre de su hijo que navegar en el Mata Mua y comer marisco

Foto: Manolo Segura. (Cordon Press)
Manolo Segura. (Cordon Press)

Manolo Segura ha fallecido a los 77 años en Madrid. Nació en Santander aunque siempre vivió en la capital y, con el tiempo, se convirtió en parte fundamental en la vida de la baronesa Thyssen. Con su carácter conciliador fue una especie de hombre bueno en los miles de enfrentamientos y desencuentros con Borja. A veces, era la propia Tita la que se ponía en contacto con él para saber por dónde andaban su hijo y su nuera.

Lo único que no pudo conseguir fue que la pareja aceptara casarse a lo grande en Villa Favorita. Esa negativa enfadó de tal manera a Carmen que incluso llegó a culpar al fiel amigo de su poco poder de convicción. Le llegó a decir que no fuera a la boda y, si lo hacía, que se olvidara de ella. Estuvo acompañando ese día a su hijo y su nuera, y durante el resto de su vida participó en todos los acontecimientos importantes de los Thyssen Cervera.

Tita, Manolo, Borja y Blanca, en Ibiza. (Cordon Press)
Tita, Manolo, Borja y Blanca, en Ibiza. (Cordon Press)

Un hombre tranquilo

Segura no se tomaba a mal los mucho desplantes de Tita. “Ella es así. Monta en cólera y enseguida se le pasa. Hay que conocerla. Es buena y generosa”, decía. En el aspecto económico siempre tuvo la ayuda de su exnovia y del barón, al que llegó a ofrecer un documental sobre las antigüedades que decoraban la mansión suiza. Nunca se supo si terminó el trabajo, pero los barones convocaron a los medios para contarlo.

Esa ayuda llegó primero como profesional y después como miembro de la familia. Todos en el círculo de Carmen lo consideraban uno más. Al casarse con Paz Pastor, la abogada se incorporó al grupo tanto en la vida privada como en la pública de la mecenas. Parte del verano, el matrimonio compartía vacaciones con la baronesa en el yate Mata Mua.

Paz Pastor, en el tanatorio para despedir a  Manolo Segura. (Cordon Press)
Paz Pastor, en el tanatorio para despedir a Manolo Segura. (Cordon Press)

Cuando se separó de su mujer en 2016, la relación se afianzó e incluso hubo comentarios en el ambiente que frecuentaba el publicista de que ambos podían retomar lo que dejaron cuatro décadas atrás. Segura, que siempre mantuvo una relación cordial con la prensa, negaba esa posibilidad: “Es imposible porque ya somos como hermanos. La quiero mucho y ella sabe que siempre estaré cuando me necesite”.

Manolo y Tita Cervera formaban parte de un mismo grupo de amigos y conocidos que frecuentaban los mismos lugares en los años 80. Las discotecas Mau Mau y Grifith en Madrid eran los lugares de encuentro de esos jóvenes despreocupados en invierno. Las actividades se centraban en concursos de backgammon a primera hora de la noche que daban paso a las cenas comunitarias en los lugares de moda. Después acudían a las 'boîte' (que así se denominaban entonces) para acabar al amanecer en cualquier garito de flamenco.

Entre marqueses y princesas

Segura era el rey del backgammon y se convertía siempre en un reclamo a la hora de convocar los campeonatos donde los premios en metálico eran importantes. Para el jugador, era una manera de contribuir a su economía. Esa pandilla también la frecuentaba Tessa y Fernando de Baviera, el marqués de Cubas, Lita Trujillo, Jaime Ostos, José Manuel Morán, Antonio Quirón, Gunilla von Bismarck y Luis Ortiz, entre otros.

Manolo y Tita, en los setenta.
Manolo y Tita, en los setenta.

Durante un tiempo fue acompañante en Marbella de la emperatriz Soraya y Suzy Burton, la última mujer de Richard Burton. Era guapo, educado y, aunque sus recursos monetarios no estaban a la altura, a ellas les daba igual. Una de sus grandes amigas, y quien le ayudó económicamente cuando su situación financiera no era boyante, fue siempre Jossie Binstock, viuda del magnate del mismo apellido.

Manolo Segura era un hombre con pocas ambiciones profesionales y personales. Le bastaban sus amigos, sus partidas y sus veranos en Marbella. Afectos aparte, cuentan que nunca quiso más de la madre de su hijo que navegar en el Mata Mua y comer marisco.

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