Rafael Álvarez (El Brujo) a los 70: una vida entre el yoga, su amor cubano y sus hijos
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repasamos algunas anécdotas de su vida

Rafael Álvarez (El Brujo) a los 70: una vida entre el yoga, su amor cubano y sus hijos

El Brujo, como todos lo conocemos, lleva buscando, a lo largo de tres décadas, “una respuesta a los problemas de la existencia, alguna enseñanza de la vida"

placeholder Foto: Rafael Álvarez, El Brujo, en 2019. (EFE)
Rafael Álvarez, El Brujo, en 2019. (EFE)

Rafael Álvarez (o El Brujo, como todos lo conocemos) lleva buscando, a lo largo de cuatro décadas, “una respuesta a los problemas de la existencia, alguna enseñanza de la vida”. En resumen, lo que hacemos todos los seres humanos, aunque él lo hace (y muy bien) a través del arte. Con su presencia poderosa, su cabeza llena de rizos y una fina ironía producto de una larga trayectoria, El Brujo ha cambiado las reglas del teatro y hoy por hoy es un nombre imprescindible de la dramaturgia española.

Álvarez llega a los 70 años (los cumple este domingo) como un profesional consumado y respetado que considera, según sus propias palabras, que la vida es “un regalo maravilloso” y está encantado de compartirla con una familia que ha mantenido en el más absoluto anonimato.

placeholder El Brujo, durante el ensayo general de la obra 'El lazarillo de Tormes'. (EFE)
El Brujo, durante el ensayo general de la obra 'El lazarillo de Tormes'. (EFE)

Álvarez convive con Dagmara, una cubana diecisiete años menor que él con la que ha tenido dos hijos que ya son adolescentes. La familia vive en pleno centro de Madrid, en un piso situado en la zona cercana al Teatro Real. Cuando en 'Magazine Digital' le preguntaron al artista por el mejor recuerdo de su vida no tuvo dudas al reconocer que había sido “conocer a Dagmara”. La complicidad de la pareja también se traduce en las empresas que comparten. Dagmara figura como apoderada de Producciones El Brujo y tiene cargo en la gestión y producción de Bakty, sociedad limitada dedicada a las actividades de ocio y la producción audiovisual.

Además de hombre familiar, El Brujo también es un amante confeso del yoga. Así lo hizo saber él mismo cuando presentó, en 2017, su espectáculo basado en el libro 'Autobiografía de un yogui, la vida de Paramahansa Yogananda'. "Me ha salvado, me ha cambiado la vida. Cuando era joven y empecé a meditar, era bastante descontrolado, tenía un temperamento impulsivo y nervioso. Hay gente que de naturaleza vienen ya tranquilos y con calma, yo no. Ha tenido que ser a base de meditar y de tratar de pacificarme, porque mi naturaleza es impulsiva, soy eléctrico, soy rápido, nervioso, ansioso. Pero la práctica continuada durante años me ha salvado de catástrofes mucho mayores y al mismo tiempo me ha abierto la mente a la posibilidad siempre de una búsqueda de lo que hay más allá del muro", contaba en un entrevista con el diario 'Sur', cuando el espectáculo arribó en Málaga. La mejor prueba de su pasión por la meditación y el yoga es que el intérprete forma parte del consejo asesor de Yoga Center en Madrid.

Una vida dedicada al arte

Torredonjimeno, población a la que su familia se trasladó cuando él apenas tenía tres meses, fue el escenario de su impulsividad juvenil. Aunque el artista asegura que no recuerda nada de Lucena, su localidad natal, sí que ha mantenido lazos familiares con esa localidad y con Puente Genil. En ambos lugares sigue teniendo familiares a los que visita una vez al año. Pese al cariño por sus orígenes, El Brujo emigró a Madrid con la intención de estudiar Derecho. Sin embargo, fue en París donde se dio cuenta de su verdadera vocación.

"Estaba allí con un amigo a punto de ir a Rotterdam para embarcar en un barco que iba por el mundo con petróleo. Entonces llamé por teléfono a un compañero, José Luis Alonso de Santos, y me dijo: 'No. No hagas eso. Vente para acá y haz de protagonista en una obra de teatro que voy a montar yo'. Ahí empezó todo". Aunque su nombre va asociado, irremediablemente, al teatro, fue la serie 'Juncal' la que le otorgó sus primeras glorias profesionales.

placeholder El actor y dramaturgo, en 2018. (EFE)
El actor y dramaturgo, en 2018. (EFE)

Su vida personal ha sido tan afortunada como la que ha tenido sobre las tablas. Cuentan en su círculo más cercano que el actor y dramaturgo está encantado de haber sido 'padre tardío' y que su familia es para él lo primero. También que sigue sintiendo "la cosquillita" cada vez que se sube encima de un escenario; una 'cosquillita' que nos seguirá dando muchas alegrías a aquellos que esperamos seguir disfrutando muchos años con su arte.

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