La tiara desaparecida de la familia Falcó: un misterio sin resolver de Asturias a Bolivia
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La tiara desaparecida de la familia Falcó: un misterio sin resolver de Asturias a Bolivia

Prepara el bol de palomitas, la manta y ponte cómoda en el sofá, porque la historia que te venimos a contar hoy es digna de película

Foto: Hilda Armada Falcó. (Foto de archivo)
Hilda Armada Falcó. (Foto de archivo)

Prepara el bol de palomitas, la manta de ver películas y ponte cómoda en el sofá, porque la historia que te venimos a contar hoy es digna de una gran novela policiaca. Nuestra historia comienza en la parroquia de San Salvador de Deva, en Gijón, donde celebraron su boda Hilda Armada Falcó y Borja Márquez.

El 3 de septiembre de 2011 sería un día de extrema felicidad para los novios y sus seres queridos, entre los que se incluía a la prima de la novia, Tamara Falcó, pero muy pronto se convirtió en una jornada marcada por el recuerdo de un robo histórico.

Hilda Armada Falcó, en su boda con Borja Márquez. (Foto de archivo)
Hilda Armada Falcó, en su boda con Borja Márquez. (Foto de archivo)

Hilda Armada Falcó es la nieta del conde de Revillagigedo e hija del conde de Güemes (título que actualmente ella ostenta) y la condesa de Villanueva de las Hachas. De ahí que decidiera lucir en este gran día una de las grandes joyas de su aristocrática familia.

Nos referimos a la espectacular tiara de platino y diamantes de corte brillante que vimos a la actual condesa de Güemes en su boda, perteneciente a la familia de su madre, Hilda Falcó Medina. Una joya única original de los años 20 y de la firma Cartier que tenía gran valor, se estima que por encima de un millón de euros, pero que nunca jamás podría volver a lucir después de su enlace.

Más de 35.000 euros en efectivo

Ni un año después, porque en mayo de 2012, una banda de ladrones entró en la finca familiar asturiana la Quinta de la Peña de Francia y arrasaron con todos los enseres de valor. La Guardia Civil estimó que pudieron hacerse con un botín de más de 35.000 euros en efectivo, varias antigüedades y la famosa tiara de diamantes del millón de euros, que se encontraba en la caja fuerte de la vivienda.

Un golpe que parecía maestro, ya que no hubo detenidos en un principio, pero que como suele pasar no lo fue. Podría haberse dado el caso de que una banda de ladrones organizados entrara en una casa de campo para un robo menos ambicioso y que de casualidad se hubieran encontrado con el impresionante botín.

Sin embargo, como sospechaban los investigadores de la Guardia Civil, alguien sabía que la tiara no había viajado de vuelta a Madrid tras la boda de Hilda Armada Falcó. Quedándose en Asturias, contra el pronóstico habitual.

Vista aérea de la Quinta de la Peña de Francia, en Deva. (Archivo Patrimonio de Gijón)
Vista aérea de la Quinta de la Peña de Francia, en Deva. (Archivo Patrimonio de Gijón)

Por eso, la investigación se centró desde los inicios en el círculo cercano de la familia, concluyendo siete meses después con la detención, entre otros, de la antigua pareja de guardeses de la finca.

Nos ponemos en antecedentes -no hay una novela negra que no incluya algún flashback- para viajar unos años atrás al pasado y presentar a J. L. C. M. y a V. L. V. E., de 31 años y 28 años, respectivamente. Una pareja que trabajaba desde hacía cinco años como guardeses y asistentes de servicio de la propiedad del conde de Güemes.

Banda especializada en grandes robos

La mala suerte (o no) hizo que, justo en el momento del robo, ninguno de los dos se encontrara en la residencia. Una casualidad que después quedó desarmada, ya que la Guardia Civil de la Comandancia de Gijón demostró que la pareja de guardeses y su prima, Wanda S. V., habían contactado con una banda especializada en el robo de joyas de Bolivia, su país de origen.

Así, según recogería después la crónica judicial del periódico asturiano 'La Nueva España', la prima de la guardesa sí estaba en la Quinta de la Peña de Francia el día del robo. Facilitando que los ladrones pudieran entrar e inutilizando los sistemas de seguridad.

Vista aérea de los límites de la finca. (Archivo Patrimonio de Gijón)
Vista aérea de los límites de la finca. (Archivo Patrimonio de Gijón)

La joven, considerada en el juicio como la cabecilla de la trama, llevaba varios meses residiendo en la casa sin que sus dueños lo supieran, siendo la encargada de permitir la entrada de los ladrones sin levantar sospechas (ya que supuestamente no debería estar allí).

El juicio llegaría en 2014, donde cuatro personas de la cinco imputadas -una continúa en busca y captura por la Interpol- fueron juzgadas. A lo largo de la vista oral, la guardesa que trabajaba en la casa dijo que solo robó lo que necesitaba, "600 dólares para una operación" de su madre. Desvinculándose del resto del dinero y piezas.

Antecedentes penales

Sin embargo, se pudo demostrar que durante su estancia como trabajadores, los guardeses y su prima Wanda S. V. (que contaba con antecedentes penales también en Bolivia por varios atracos) habían robado también en la cercana vivienda de la tía de Hilda Armada, Casilda Armada, en varias ocasiones. Sustrayendo entre 6.000 euros y 8.000 euros en piezas que después habían vendido en casas de empeño de la zona, de lo que se hizo eco el periódico 'El Correo'.

Finalmente, el abogado que representó a los imputados llegó a un acuerdo con la Fiscalía para rebajar la pena de sus clientes, que, a cambio, reconocieron los hechos. Aceptando cada procesado los delitos que se les imputaban y dos años y medio de prisión.

Entrada principal de la Quinta de la Peña de Francia, Deva. (Archivo Patrimonio de Gijón)
Entrada principal de la Quinta de la Peña de Francia, Deva. (Archivo Patrimonio de Gijón)

Por desgracia, a pesar de esta sentencia, nada del botín ha sido recuperado. Ni el dinero, ni las antigüedades o recuerdos familiares, ni mucho menos, como era de imaginar, la valiosa tiara. Un misterio sin resolver, o casi, porque a pesar de no haber atado todos los cabos, los expertos dan por hecho que jamás se volverá a ver esa joya histórica.

A pesar de que se continúa buscando su paradero -la Guardia Civil siguió su pista desde Asturias por varios países de Latinoamérica como Chile-, se cree que su destino final fue Bolivia, país natal de los condenados.

"No hay esperanzas de que aparezca"

Se da por hecho que la joya fue desmantelada y vendida en piezas sueltas, lo que facilita su salida en el mercado negro y, aunque pierde valor, hizo que fuera más fácil de revender por el ladrón fugado.

"La investigación se cerró entonces, no hay esperanzas de que aparezca", aseguró la Guardia Civil a 'El Mundo' entonces. Aunque, como la esperanza es lo último que se pierde, esperamos que algún día la familia pueda recuperar una tiara a la que seguro guardan muchísimo cariño desde hace un siglo.

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