Marta Chávarri, la gran ausente en el funeral de su exmarido Fernando Falcó: las razones
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Marta Chávarri, la gran ausente en el funeral de su exmarido Fernando Falcó: las razones

Aunque eligió hace unos años desaparecer del mapa mediático, la muerte de su primer marido, el marqués de Cubas, la ha devuelto a la actualidad

Foto: Marta Chávarri, la gran ausente en el funeral de su exmarido Fernando Falcó: las razones
Marta Chávarri, la gran ausente en el funeral de su exmarido Fernando Falcó: las razones

Marta Chávarri eligió hace unos años desaparecer del mapa mediático y han sido contadas las ocasiones en las que ha aparecido en prensa. Vive tranquila en un piso del barrio de Salamanca donde se entretiene pintando. Su vida social se limita a meriendas en casas de amigas de toda la vida que no la traicionan y salidas con sus hermanas. Hace seis años tuvo un accidente doméstico que le desfiguró parte del rostro. Paso por el quirófano y el resultado, según las amistades, fue muy positivo. Ese percance le produjo un decaimiento emocional del que poco a poco fue saliendo, y ella misma así lo confirmaba a Vanitatis: “Estoy feliz y tranquila con mi vida. Me dedico a pintar y a estar con la gente que quiero”.

Con la muerte de su primer marido, Fernando Falcó (padre de Álvaro, su único hijo), su perfil ha vuelto a actualizarse. No acudió al tanatorio de La Paz, en Tres Cantos, por motivos de salud. Su hermanas, Isabel y María, han sido las que han estado apoyando presencialmente al sobrino, con el que mantienen una relación muy estrecha. Igual que Marta se ocupó de ellas cuando falleció la madre, Matilde Figueroa, hermana de Natalia, así han han hecho ellas con Álvaro.

Foto: Álvaro, el hijo discreto de Fernando Falcó y Marta Chávarri y novio de Isabelle Junot

En agosto pasado, Marta Chávarri cumplió 60 años y no hubo superfiesta como sí hizo su amiga Eva Longoria cuando llegó a sus cinco décadas. Tampoco ha participado de los grandes eventos que se organizaban en Madrid, Sevilla o Barcelona antes de la pandemia. En sus años de vino y rosas, ella era la protagonista indiscutible. Ni tan siquiera Isabel Preysler pudo rivalizar con ella en aquellos años donde sus amores con Alberto Cortina llegaron a aparecer en las páginas económicas de la prensa internacional. El divorcio de Alicia Koplowitz del empresario supuso la hecatombe en la vida profesional de los primos de la gabardina (Cortina y Alcocer), que tuvieron que abandonar Construcciones y Contratas por la puerta trasera.

Jaula de oro

En la década de los noventa, la llegada de la despampanante Marta a los restaurantes y locales de moda con su golpe de melena (que ahora se habría hecho viral ) era uno de los momentos preferidos de los fotógrafos. Ella sonreía y nada más.

En la época Cortina, vivía en una jaula de oro en un piso imponente de 500 m2 en la calle General Arrando. Salía siempre en coche y con escolta. Se rumoreaba que el empresario prefería tenerla controlada por aquello de evitar tentaciones, tanto por sus conocidos como por el coqueteo innato de su mujer. A mediodía acudía con sus hermanas y amigas a los llamados restaurantes de señoras donde no iban los tiburones en busca de presa. En cambio, por la noche, su marido la llevaba a locales propios del mundo empresarial, tipo Horcher, Zalacaín y similar. Para el empresario era una manera de presumir delante de sus conocidos. En su boca, el periodista Pepe Oneto puso esta frase: “Estoy con la mujer más imponente de Madrid”.

Marta Chávarri. (Getty)
Marta Chávarri. (Getty)

Lejos quedaban las escapadas clandestinas cuando aún no eran pareja oficial a Gstaad, Nueva York, París, Roma y Kenia. Después llegó la vida hogareña a la que Marta no estaba acostumbrada, ni le gustaba. El desequilibrio de edad marcaba otra vez la diferencia. Con el marqués de Cubas pasó algo parecido: ella era veinteañera cuando se casó y el aristócrata ya había cumplido los 45. Lo que más le gustaba era salir a bailar a las discotecas de referencia: Joy Eslava y Mau Mau. Más de una vez, Fernando Falcó se quedaba en una de las zonas reservadas y se echaba una cabezada mientras la joven marquesa bailaba. Más adelante montó una tienda de menaje de casa (Doméstica Sede), donde concurría su panda de amigos. En la trastienda se organizaban reuniones divertidas donde los gin-tonics, cubatas y cava compartían sitio con sartenes, cuberterías... Todo carísimo y al alcance de muy pocos. La aventura comercial no funcionó y el marqués de Cubas decidió que era mejor invertir en otras empresas.

La foto de la discordia

La vida de la que fuera Lady España ha sido una noria: unas veces arriba y otras abajo. Llena de claroscuros, su presencia en los medios también tuvo sus altibajos. Uno de los momentos más difíciles fue cuando ya de novia de Alberto Cortina la revista ‘Interviú’ publicó una foto donde aparecía sentada en la discoteca Mau Mau y se entreveía que no llevaba bragas. Solo los pantis. Lo curioso de esta foto es que se hizo años atrás cuando estaba casada con Fernando Falcó. En aquel momento, el fotógrafo no se percató de lo que mostraba la joven marquesa. Fue después, cuando se destapó su idilio con el financiero, cuando se publicó en la revista. Para Marta Chávarri fue tan tremenda la situación que durante un tiempo no pudo salir de casa porque se moría de vergüenza. Después vendría la boda con Cortina y el momento complicado se archivó. Hoy esa imagen sería una anécdota.

Foto: Los fallidos matrimonios de Fernando Falcó: de Marta Chávarri a Esther Koplowitz

El matrimonio con la bella Marta duró lo justo. En junio de 1995 llegó el divorcio y un buen acuerdo económico. Una compensación de un millón de pesetas mensuales (6.000€) más diez millones anuales (60.000€) fraccionados. La vivienda del barrio de Salamanca con servicio doméstico y coche con chófer. En este sentido, Alberto Cortina fue generoso. Años después, ya casado con Elena Cué, se eliminaron varios de estos apartados y la rebaja en la pensión hasta un nuevo matrimonio.

Marta Chávarri
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