Duque de Fernandina: "Mi abuela era brillante, una mujer nacida antes de tiempo"
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ENTREVISTA

Duque de Fernandina: "Mi abuela era brillante, una mujer nacida antes de tiempo"

Alonso González de Gregorio ostenta el título desde el pasado agosto. "Me creía en el deber de pedirlo", nos dice. Ser noble, añade, es una "contribución a la comunidad"

placeholder Foto: Alonso González de Gregorio, duque de Fernandina, en el hotel Majestic. (Mireya de Sagarra)
Alonso González de Gregorio, duque de Fernandina, en el hotel Majestic. (Mireya de Sagarra)

Siempre había sido Alonso González. A secas. Durante sus largos años de carrera en el extranjero, de París a Pekín, de Londres a Copenhague, todos le conocían por su apellido simple, sin más, sin saber que tras ese clásico González se escondía un nombre, González de Gregorio, que acompaña a uno de los títulos nobiliarios de más arraigo en España: el ducado de Fernandina. Un título que, por cierto, ostenta Alonso desde el pasado agosto y que lleva con sentido de la responsabilidad y, sobre todo, con amor a su familia. No en vano es el nieto de Luisa Isabel Álvarez de Toledo y Maura, la fallecida duquesa de Medina Sidonia -el ducado más antiguo de España-, conocida como la Duquesa Roja por su lucha antifranquista.

De ella hereda, tras varios años de pleitos con su tía Pilar, el ducado de Fernandina. Alonso González de Gregorio reclamó el título, dice, “porque me creía en el deber de pedirlo”. Esta es la primera entrevista que da González de Gregorio desde que es duque, un encuentro en el que habla, entre otras muchas cosas, de su condición de noble con generosidad y reflexión: “Ahora estoy en conexión con mis antepasados, es una forma de revivirlos”. Para él, ser duque es un medio para “contribuir a la comunidad”, algo que considera que hizo su abuela, de quien recuerda que, entre otras cosas, “donó una iglesia, la de la Merced, para que se hiciera un centro cultural”.

placeholder Alonso González de Gregorio, duque de Fernandina, en el hotel Majestic. (Mireya de Sagarra)
Alonso González de Gregorio, duque de Fernandina, en el hotel Majestic. (Mireya de Sagarra)

Quedamos con él en el hotel Majestic, en Barcelona, ciudad en la tiene su residencia, además de en Madrid. Llega puntual, vestido de forma impecable -camisa blanca impoluta, chinos de color beis y chaqueta de lana de color azul marengo-. Es de formas elegantes, podríamos decir que exquisitas, y tiene un punto de timidez que desaparece cuando habla de lo que realmente le interesa: la educación.

La educación, su pasión

Su padre, Leoncio González de Gregorio, actual duque de Medina Sidonia, es profesor en la Universidad de Castilla-La Mancha y en la Escuela Diplomática, y su madre, Montse Viñamata, condesa de Alba Triste, ha trabajado toda su vida vinculada a la educación. Así que no es de extrañar que Alonso haya creado una innovadora empresa dedicada a la consultoría educativa, The Georgian Manor House, en la que asesoran a todo tipo de personas para encontrar su lugar en el mundo a través de la formación.

Esa es su pasión y cuando la expone, le brilla la mirada, gesticula, alza la voz y descubre a su interlocutor las grandes posibilidades que tiene cualquier individuo si sabe enfocar su personalidad, sus deseos y sus capacidades. A eso se dedica el duque de Fernandina, alejado del oropel que se le supone a un título nobiliario como el suyo. “Tanto yo como toda mi familia hemos sido siempre personas trabajadoras, tengo amigos en medio mundo, gente superinteresante con la que hablo de todo, aprendo y disfruto, ser duque es algo que no condiciona mi vida, ni lo uso ni lo cuento, muchos ni siquiera saben que soy noble, ser noble es algo que te acompaña, pero no solo el título, es la educación lo que importa”. Y, en su caso, se siente orgulloso porque en casa le dieron “una educación muy buena”.

Foto: Alonso González de Gregorio.

Parte de su proceso de aprendizaje está vinculado a su relación con su abuela, de la que habla con inmenso cariño. Su recuerdo llena parte de la conversación: “Mi abuela era una persona de altas capacidades, brillante, culta… Una mujer nacida antes de tiempo. Para ir a casa de la abuela tenías que prepararte porque te hacía exámenes, nos preguntaba de historia, de literatura, de actualidad política, era un reto. Piensa una cosa: mi abuela programaba en los años 90, fue autodidacta y aprendió a hacer hasta su propia página web. ¡Te imaginas llegar a casa de la abuela y verla ante el ordenador programando! Era increíble. Ella me abrió una ventana a otros mundos, era amiga de Jean Cocteau, de Françoise Sagan… Me enseñó los grandes clásicos, me prestaba libros de Nietzsche, de Tolstói, de Flannery O’Connor, uno de mis favoritos”.

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Alonso González de Gregorio, duque de Fernandina, en el hotel Majestic. (Mireya de Sagarra)

Recuerda las noches que pasaban juntos en vela, charlando y fumando muchísimo, hasta que veían amanecer. “En casa, los horarios eran estrictos y en casa de la abuela no había reglas, con 14 o 15 años nos quedábamos despiertos hasta que salía el sol, deberíamos aprender de personas como ella, los españoles deberíamos ser más curiosos, si queremos crecer, tenemos que salir, innovar, ser el país más formado de Europa”.

The Georgian Manor House

Hace 11 años, González de Gregorio se embarcó con su madre en la creación de The Georgian Manor House, que, con sede en Barcelona y en Madrid, asesora a quienes buscan respuestas en la educación. Tienen clientes desde los 11 años hasta mayores de 50. Parece algo muy elitista, y él quiere aclararlo: “Para nada, nuestra primera prueba son unas siete horas de entrevistas en las que hacemos todo tipo de test para evaluar a la persona desde todos los ámbitos posibles. Y solo cuesta 480 euros. Luego puedes seguir o puedes quedarte con ese contacto inicial, en el que ya te contamos cuáles son tus aptitudes, tus cualidades y definimos tu vocación”.

Foto:  Pilar Medina Sidonia, en una imagen de archivo. (Enrique Villarino)

Tienen clientes de toda España, de Italia, Francia, Reino Unido y Noruega, y desde que estalló la pandemia, el modo online les ha ayudado a entrar en el mercado latinoamericano. Todas las entrevistas las realiza un consultor y un psicólogo clínico, y su trabajo guía a sus clientes a encontrar el mejor lugar para ellos. Puede ser una carrera en Oxford o Harvard, o una carrera en Barcelona o Madrid. “Nosotros presentamos todas las posibilidades y son los clientes quienes deciden”. Nos recuerda que las grandes universidades europeas son públicas y accesibles para todos, que es cuestión de conocer su existencia.

De Terrassa a Harvard

Lo importante, en The Georgian Manor House, son tres factores: la personalidad, las competencias y la motivación. A partir de los informes que definen y concretan estas tres claves, quienes acuden a esta consultoría pueden moverse mejor. “Nosotros nos dedicamos a orientar a las personas en su educación a partir de su propio talento, diseñamos itinerarios y ayudamos a conseguir objetivos”. Y nos avisa: “Se puede estudiar en Harvard siendo de Nueva York y siendo de Terrassa, solo hay que saber lo que uno quiere”.

Con una educación políglota (habla cinco idiomas: español, inglés, francés, chino y portugués) y experiencia laboral en medio mundo, Alonso no encontraba su lugar: “Algo me decía que yo no tenía que estar allí”, recuerda. Así que decidió “empezar de cero, algo a lo que todos tenemos derecho”, y encontró al fin su lugar en el mundo. Por eso ahora vive volcado en ayudar a otros a encontrarse. Y ser duque de Fernandina no es más que otro paso en esa excelencia vital desde la que pretende contribuir a la sociedad. Como hizo su abuela, uno de los personajes más fascinantes de la historia reciente.

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Alonso González de Gregorio, duque de Fernandina, en el hotel Majestic. (Mireya de Sagarra)
Ducado de Fernandina Medina Sidonia
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