Gemma Alcalá, mujer de Villarejo: de las más altas esferas a tener que pedir dinero
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NOVELA POLICIACA

Gemma Alcalá, mujer de Villarejo: de las más altas esferas a tener que pedir dinero

Acusada en el marco de la operación Tándem, se juega 46 años de cárcel. Supuestamente su matrimonio estaría roto, pero acude puntualmente a los vis a vis con su marido

Foto: Gemma Alcalá, mujer de Villarejo: de las más altas esferas a tener que pedir dinero
Gemma Alcalá, mujer de Villarejo: de las más altas esferas a tener que pedir dinero

Gemma Alcalá, la mujer del excomisario Villarejo, se enfrentó el 23 de octubre a la pesadilla de su segunda detención. Agentes de Asuntos Internos se presentaban en su domicilio por orden de la Fiscalía Anticorrupción y la detenían en el marco de la operación Tándem. Tras pasar a disposición judicial, Manuel García-Castellón, juez de la Audiencia Nacional que lleva el caso, le permitió regresar a su residencia de Boadilla del Monte a pesar de la negativa de la Fiscalía, que considera que Alcalá podría fugarse.

Un amor de novela (policiaca)

La vida de esta periodista dio un giro de 180 grados poco antes de cumplir los treinta años. Eran finales de los años 90 y en una cafetería madrileña una amiga le presentó a un tal Jose Manuel Villarejo, divorciado y padre de cuatro hijos. A pesar de la diferencia de edad de casi veinte años y ciertas farsas que le contó Pepe, su historia de amor siguió adelante. El excomisario relató con su característica voz ronca a su pareja que era un empresario con negocios fuera de España. Más tarde le desvelaría que en realidad también era un policía en excedencia para, por último, reconocerle que seguía en activo.

Lo que quizás no podía imaginar Gemma es que a partir de ese momento compartiría su vida con el protagonista de un complicado argumento de espías, delitos y secretos de Estado más propio de una novela policiaca que del mundo real. O tal vez sí, porque aunque ella solo reconoce que administraba gran parte de las empresas a nombre de Villarejo, su nombre aparece continuamente como protagonista en las tramas que supuestamente desconocía. Actualmente está procesada por la operación Tándem, concretamente en las piezas Iron y Land. Anticorrupción pide para ella 46 años de cárcel.

Gemma Alcalá, en una imagen de televisión. (La Sexta)
Gemma Alcalá, en una imagen de televisión. (La Sexta)

Su principal apoyo es la hija de doce años que tiene junto a su marido. Ella es su motivo para luchar, y lo único que dice preocuparle en la actualidad es protegerla y evitar que sufra. Juntas viven en una vivienda de Boadilla del Monte (Madrid) equipada con todo tipo de dispositivos de seguridad que hacían las delicias del cabeza de familia antes de entrar en prisión. A pesar de ello, Gemma tiene mucho miedo. Fue su marido quien le recomendó que buscara protección para ella y su hija temiendo las represalias que pudieran sufrir. Como curiosidad, el sótano del domicilio está convertido en una galería de tiro.

Divorcio y vis a vis

Supuestamente, la relación entre Gemma y Pepe estaría rota, aunque no les habría dado tiempo a divorciarse por la detención y posterior encarcelamiento de Villarejo. Pero lo cierto es que su todavía esposa acude puntualmente a los vis a vis que la cárcel programa. Según ella, es tan solo para intercambiar información sobre el proceso judicial, pero lo que pasa y lo que se habla bajo esas cuatro paredes solamente ellos lo saben. También es llamativo el hecho de que, durante un duro registro en su domicilio en el que los investigadores buscaban escondites secretos donde Villarejo almacenaba información sensible y exprimían discos duros en busca de pruebas, el implacable excomisario se desmoronó (según cuentan) al ver a su esposa.

Acostumbrada a un alto nivel de vida, cuando su marido fue detenido vio como sus cuentas eran congeladas. Recurrió entonces a la ayuda de sus padres, una familia humilde que regentaba una carnicería en el barrio madrileño de Vallecas, y a sus tres hermanos para poder comer. Mientras tanto los bancos la presionaban para el pago de una hipoteca por la que debían cuatro millones de euros. Ella está convencida de que se trata de una maniobra para asfixiarla económicamente y que colabore en la causa.

Imagen del comisario Villarejo. (Atresmedia)
Imagen del comisario Villarejo. (Atresmedia)

Los efectos de la caída

El matrimonio se casó en separación de bienes y su única propiedad sería un piso en Estepona. Su marido, en cambio, se calcula que posee un capital social cercano a los 25 millones de euros. Su hija continúa acudiendo al mismo colegio privado del noroeste de Madrid al que asistía antes de la detención de Villarejo y ella se encarga de las labores del hogar. Ha intentado volver a trabajar como periodista, pero cuando descubren que es la mujer de uno de los comisarios más polémicos de los últimos años su teléfono no vuelve a sonar.

Estar casada con Villarejo le permitió conocer a personalidades de la banca, la empresa y la política. Con la caída del excomisario, todos ellos se han esfumado y no quieren que se les relacione con un hombre con el que algún día compartieron cenas, copas y confidencias. Un hombre que se codeó con las más altas esferas y que hoy se encuentra entre rejas, situación que podría experimentar próximamente la propia Gemma si la Fiscalía logra demostrar los delitos de los que la acusa: pertenencia a organización criminal, infidelidad en la custodia de documentos y revelación de secretos.

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