Michael Robinson, Premio Ondas a mejor presentador: su emocionante relación con sus hijos
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RECUERDOS INOLVIDABLES

Michael Robinson, Premio Ondas a mejor presentador: su emocionante relación con sus hijos

El exfutbolista y locutor televisivo contó las facetas más íntimas de su vida en sus memorias, 'Es lo que hay...: Mis treinta años en España'

Foto: Michael Robinson, Premio Ondas a mejor presentador: su emocionante relación con sus hijos
Michael Robinson, Premio Ondas a mejor presentador: su emocionante relación con sus hijos

Michael Robinson ha sido reconocido por el jurado de los Premios Ondas con un galardón póstumo por su labor como comunicador y renovador del lenguaje deportivo en la televisión. Este Ondas se suma a los dos que ya había recibido Robinson a lo largo de su carrera, en los años 1992 y 2009. El comunicador fallecía el pasado 28 de abril. Jesús Ruiz Mantilla escribía en 'El País' la noticia de su muerte con un enorme dolor. El periodista y escritor fue junto a él el artífice de las memorias del gran futbolista y comentarista deportivo que tanta huella dejó en nuestro país después de abandonar el fútbol profesional en 1989, tras dos años de andadura en el Osasuna, truncados por una rodilla maltrecha.

'Es lo que hay...: Mis treinta años en España' era el título que la editorial Planeta publicaba el 18 de mayo de 2017, un año antes de que hiciera acto de presencia el cáncer contra el que estuvo luchando hasta el último momento, como él mismo afirmaba en su perfil de Twitter cuando por error se dijo que había fallecido. "Sigo en la lucha", manifestaba esta leyenda del deporte y de la comunicación, quien, hasta en su situación, mandaba ánimos a la gente confinada a consecuencia del estado de alarma.

Ruiz Mantilla, que para la elaboración de las memorias también contó con los testimonios de los dos hijos de Robinson, desvelaba en el mencionado artículo que la última vez que hablaron se esperaba el fatal desenlace, pero que el emblemático comentarista, todo un héroe nacional en el Reino Unido cuando militaba en el Liverpool, se lo hizo saber con mucha elegancia: "Siento ser portador de malas noticias. No me han dado esperanzas”. El autor concluía su necrológica con la definición de un hombre al que conocía en las distancias cortas: "Lo que Robinson se lleva con él es la virtud a la que tantos aspiran pero queda solo para unos cuantos elegidos: el don del verdadero carisma y la más poderosa autenticidad".

Fue en las páginas de este libro donde conocimos nosotros también de manera más cercana a Robinson, quien se lo dedicaba a sus grandes pilares, su mujer y sus dos hijos: "A Chris, Liam y Aimee, con quienes comparto mi vida. Y a los que tienen el mando a distancia y me permiten invadir su salón de estar", manifestaba, sin olvidarse del público que durante tres décadas, las mismas que vivió en nuestro país, jamás le dio la espalda.

En las memorias, que más que nunca merecen una lectura, porque nos dan una visión tremendamente íntima y la dimensión humana de Michael Robinson, además de hacer una encendida declaración de amor a su mujer, quien siempre ha destacado por su discreción y por mantenerse en un segundo plano voluntario, relata numerosos capítulos de la infancia de sus hijos y los describe como solo un padre puede hacerlo.

En el momento en el que veían la luz, su hijo Liam se encontraba viviendo en Dubái, tras haber estudiado en Escocia y el Reino Unido y haber estado trabajando una temporada en nuestro país, y estaba a punto de hacerle abuelo de su única nieta, Gabriela, que nacería en septiembre de ese año ("con su mujer Ángela, una señora maravillosa que mi hijo tuvo la suerte de conocer"), mientras que su hija, Aimee, se encontraba en la capital inglesa, donde presenció en primera persona los atentados de 2017, en el emblemático Puente de Londres. Un episodio que el propio Robinson había relatado en 'La ventana' de la Ser y que quedó en un recuerdo durísimo y triste, pero, afortunadamente, salió indemne de la situación.

Liam, que ahora está casado y convertido en padre de familia, trabajaba con su padre en la productora Robinson Productions, de la que es director creativo, y en el libro tiene una enorme relevancia al igual que su hermana. Además de tomar la palabra y asegurar que a su padre no se le debía molestar "si está en su posición zen. Es decir, sentado en el salón con su iPad, jugando al Euromillón o enganchado a su serie favorita", fue protagonista de uno de los momentos que más angustió a sus padres en un momento en el que empezaba a abrirse camino en el rugby, deporte por el que heredó la pasión de su progenitor.

"Tuvo que dejarlo abruptamente poco después de que ingresara en la UCI del hospital de la Zarzuela, donde batalló entre la vida y la muerte. Sufrió una hemorragia cerebral durante el entrenamiento. Pasamos allí la peor noche de nuestras vidas. Nos prepararon para dos opciones: o muere o se queda ciego, sordo, tocado. Al día siguiente, gracias a Dios, la hemorragia paró. Debió dejarlo entonces, pero siguió. Un día, mareado, tras un impacto con la selección española de rugby 15 sub-21, terminó", explicaba Michael Robinson.

El irrepetible comentarista deportivo aprovechaba para mostrar la diferencia de carácter entre sus dos hijos. De Liam destacaba que era "hiperactivo" y que "no durmió más de cuatro horas seguidas antes de cumplir los dos años", mientras que de Aimee subrayaba que "fue todo lo contrario. Mucho más calmada. Es probable que si hubiera nacido primero ella, ahora tuviéramos un equipo de fútbol en casa", manifestaba divertido.

Michael Robinson y su mujer, Christine. (Cordon Press)
Michael Robinson y su mujer, Christine. (Cordon Press)

Resulta emocionante leer ahora las palabras que le dedica a su hija, que estudió Publicidad y es profesora de yoga: "Aimee es como su padre. Liam puede ser más como mamá, Aimee se parece a mí. Sonriente, echada para adelante, sin miedo a los retos". También las dedicadas a su hijo: "Es creativo, bondadoso y noble. Le admiro mucho".

Su propio hijo le devolvía sus elogios en 'La ventana' en Cadena Ser, el mismo programa en el que Michael anunció que tenía cáncer en diciembre de 2018. Ahora, tras perderle, destacó que "era un hombre extraordinario. Son unos momentos un poco extraños, porque yo como hijo siempre le he visto obviamente como padre, pero no esta estrella que se ve ahora".

Los últimos días, Robinson los pudo pasar junto a su mujer y sus dos hijos (Aimee había llegado desde Australia), rodeado de su enorme cariño, como lo era también el de sus familiares, amigos y compañeros de profesión que ayer se volcaban en las redes sociales para rendirle tributo.

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