Diego Armando camorra y su 150 aniversario
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OPINIÓN

Diego Armando camorra y su 150 aniversario

Seamos optimistas y pensemos que la humanidad fracasará incluso en la consecución de su autodestrucción planetaria. Puestos a no conseguir ningún objetivo de los buenos, vamos

Foto: Maradona. (Reuters)
Maradona. (Reuters)

Seamos optimistas y pensemos que la humanidad fracasará incluso en la consecución de su autodestrucción planetaria. Puestos a no conseguir ningún objetivo de los buenos, vamos a pensar que tampoco podremos alcanzar los muy malos por mucho que lo estemos intentando. Se daría entonces la situación de que dentro de 150 años, el día 25 de noviembre del año 172 d.G. (después de Google, que es como se denominará el calendario), celebrarán siglo y medio de la muerte de Maradona.

Foto:  Diego Armando Maradona, leyenda. (Getty)

Repasarán vida y milagros, no es una expresión -habrá reconocidos varios al futbolista-, y rememorarán la reacción que al mundo le generó su muerte. Describirán la noticia en términos de impacto mediático como la noticia del siglo XXI por delante incluso del descubrimiento de la vacuna universal del coronavirus y de la oficialidad del nacimiento del primer homo supersapiens sin género. Pondrán imágenes que no serán tridimensionales ni inmersivas como el resto de las que emitan por entonces los telediarios personalizados que recibe en su terminal flotante y transparente cada espectador, donde se vean los altercados que protagonizó el pueblo argentino generados por la frustración de la muerte de su ídolo. Recuperarán las declaraciones de los dirigentes políticos, artistas y deportistas más relevantes, los datos de mensajes del extinto Twitter, el ingente y empalagoso volumen de comentarios de la desaparecida Facebook, y el tráfico de fotos y vídeos de la omnipresente Instagram que ya emitirá en tiempo real la vida de todos los habitantes del planeta a la vez, con tal perfección en la aplicación de los filtros que el mundo y sus ocupantes se verán realmente atractivos y felices a pesar de la banalidad y pobreza generalizada impuesta en sus ociosas vidas por el desarrollo de la inteligencia artificial.

placeholder Una pancarta con la cara de Maradona en un partido de Copa Sudamericana. (EFE)
Una pancarta con la cara de Maradona en un partido de Copa Sudamericana. (EFE)

Seamos optimistas y pensemos que ciertas declaraciones exacerbadas y ciertos comportamientos del protagonista no pasarán el listón de lo políticamente correcto que marcará la Comisión de Comportamientos Bilateral y Permanente, la temida CCBP, compuesta en paritaria proporción por los miembros más morales de Google e Instagram y al que acudirá en calidad de observador Jordi Hurtado. Eso podría salvar un poco la imagen que algunos de nuestros tataranietos puedan crearse de nosotros al celebrar el aniversario del deceso. Siglo y medio inflando la burbuja del genial rosarino nos pueden convertir en los verdaderos culpables del origen de la deriva definitiva de la sociedad tal y como se conoció hasta casi finales del siglo XX d.C. o en su denominación actualizada hasta el año 20 a.G.

Futuro distópico

Imagino un grupo de resistentes, conservadores en sentido no peyorativo, de los valores y cultura tradicionales renegando de nosotros ante la contemplación de la distopía a la que, irremediablemente, les hemos abocado. Una distopía que ya anuncian demasiadas películas en la que las habilidades y talentos más absurdos y extravagantes estarán maquiavélicamente controlados por la Comisión de Contenidos Permanente y Bilateral. La todopoderosa CCPB -cambiaron el orden de los adjetivos para no confundirlas- controla el mundo media y de ocio con el asesoramiento de lo que queda de Jorge Javier Vázquez. Su misión no será otra que la de mantener ocupados los vacíos cerebros del 98% de la población para que no reparen en lo miserable de su existencia, justificada solo para generar riqueza suficiente para el 2% restante.

Foto: Maradona y Fidel Castro, gran amigo y confidente. (Reuters)

Pero no seamos demasiado optimistas: ni siquiera la autocensura que se imponga nos librará de habernos convertido en el eslabón perdido entre el hombre y el nuevo mono a ojos de los que aún piensen de forma independiente dentro de 150 años. Veo hoy, con intento de futura perspectiva, lo que estamos haciendo alrededor de la muerte de Maradona y se me ponen los pelos de punta. Los lloros, los homenajes, los asaltos a la capilla ardiente ¡en la sede del gobierno argentino!, la exaltación de sus virtudes, la justificación de sus errores y tremendas deficiencias… ¿Solo yo veo el dislate?

placeholder Un grupo de hinchas choca con la policía durante el último adiós a Maradona. (EFE)
Un grupo de hinchas choca con la policía durante el último adiós a Maradona. (EFE)

Y no se trata de que odie el fútbol. Me gusta el fútbol. Aprecio su sencillez, razón de su universalidad. Valoro la predilección que genera en ciertos segmentos del género femenino, y no deja de sorprenderme en el masculino, el desarrollo de las habilidades físicas y técnicas que te permitan controlar una pelota hasta traspasar una línea entre tres palos. Predilección que señala a los machos con más capacidades reproductivas y a los que solo puedo reprochar que se identifiquen entre ellos, y ante el resto cuando están fuera del campo de fútbol, con al menos un 50% del cuerpo tatuado. Admiro su organización empresarial y la imagen de glamour que ha generado, su incontestable potencial de generar audiencias, la compra que ha hecho de los espacios informativos y la omnipresencia que facilita su crecimiento exponencial de los últimos años. Además, en el plano más personal, siento como imprescindibles en el devenir de estos tiempos los momentos de distracción ligera y socializada, y ni cuento lo que aprecio el fútbol como excusa para hincharme a cerveza con mis amigos.

Sinceridad vs. postureo

Tampoco se trata de que no me guste Maradona. Admiraba a Maradona y hasta era condescendiente con sus defectos hasta hace un par de días. Su ambición ilimitada basada en su inigualable talento, o viceversa, crean la vida soñada por los que nos pasamos la vida soñando con otra (vida, me refiero), mientras vivimos la nuestra y eso es tremendamente atractivo y hace casi todo perdonable. Quiero decir que no soy de las personas que odian el futbol por superfluo ni estigmatizan a Maradona por su vida, de la que probablemente haya resultado, a la postre, tan protagonista como víctima. Lo que realmente odio y me tiene indignado es la reacción que como sociedad estamos teniendo ante su muerte. De verdad que lo veo como un punto de inflexión si realmente las reacciones son sinceras y no están postureadas y ampliadas por los medios para mantener sus audiencias, más abultadas cuanto más extremas son las noticias.

placeholder Maradona. (Cordon Press)
Maradona. (Cordon Press)

El pobre Diego, qué culpa tendrá él, todavía embutido en un ataúd casi cuadrado, armando camorra sin quererlo con su entierro y el mundo distraído por superficialidades tratadas como hechos históricos iniciando su camino vertiginoso hacia el nuevo mono del siglo XXIII o siglo II después de Google. Dejo hoy constancia de mis sinceras y anticipadas disculpas por la parte que me toca a mis futuros bisnietos y me voy a tomar una cerveza que juega el Atleti.

Diego Armando Maradona
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