Maradona no se quema
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POLÉMICO HASTA EL FINAL

Maradona no se quema

Tras leer la aberrante medida cautelar de impedir la incineración de Maradona, me temo que vamos a tener que sufrir miles de horas de testimonios escabrosos e interesados

Foto: Diego Armando Maradona en una imagen de archivo. (Reuters)
Diego Armando Maradona en una imagen de archivo. (Reuters)

Sé que no las tengo todas conmigo, pero me apunto. Tengo ya la dirección del juzgado nacional de primera instancia nº 56 e indirecto contacto, por amigos argentinos de rugby, con representantes de la Fiscalía encargada de llevar a cabo las pruebas de ADN reclamadas por todos los que tengamos dudas sobre si pudiésemos ser hijos de Maradona.

Detecto cierto colapso en las oficinas mencionadas tras ser incapaz de comunicarme telefónicamente con ellos durante toda la semana, pero ser consciente de que no soy el único que lo está pensando no me apea de mi intención de reclamarle al, espero refrigerado cadáver, mi parte de su fortuna.

Foto:  Leopoldo Luque. (EFE)

Como esperaba, la dirección de mail que me facilitó mi amigo de rugby, uno que presume de conocer a todos y cada uno de los argentinos que salen en nuestras conversaciones incluido a aquellos fallecidos antes de su propio nacimiento, me devuelve mis correos. Me temo por tanto que tampoco seré capaz de estar entre los primeros de la lista de reclamantes del registro del mencionado juzgado si dan validez a las reclamaciones de paternidad realizadas por correo electrónico. También he preguntado en todos mis grupos de WhatsApp si alguien albergaba dudas razonables coincidentes con las mías y excepto uno que se lo está pensando porque es zurdo, los demás ni se han manifestado, así que descarto la capacidad de recaudar fondos que me daría para presidir una asociación de “a lo mejor hijos de Maradona”.

placeholder Diego Armando Maradona. (EFE)
Diego Armando Maradona. (EFE)

Sin duda hubiera utilizado la cuestación para dar el salto, al charco y a mi anodina vida, y hacer acto de presencia inmediata en la que ya será una larga cola alrededor del juzgado, y que imagino parecida a las que montan en los conciertos las quinceañeras con carteles, tiendas de campaña y muy buen rollo. Según fuentes cercanas a mi amigo, la cola podría abarcar a fecha de hoy ya más de dos cuadras bonaerenses.

Confieso que la redacción de la demanda que tengo casi ultimada es un corta pega de las declaraciones de varios de los que se me han adelantado y en especial de la de Magalí Gil, que me ha parecido la más tierna y con más posibilidades de éxito. De hecho me consta, por varias revistas prestigiosísimas de cotilleo, que la decisión cautelar ordenada por el juez o jueza –dice mi amigo que le conoce pero que no está seguro del género- de prohibir la incineración del mi a lo mejor pobre padre, llegó después de la reclamación de Magalí.

Con veinticinco años y una cara de Maradona que no puede con ella, la cabrona me lleva mucha ventaja en el futuro reparto de la herencia. Aunque yo, riguroso y disciplinado en mi misión como nadie, estoy dispuesto a jugar sucio como hizo contra Inglaterra mi a lo mejor padre.

En una labor de documentación sin precedentes he consultado en padresadolescentes.com si es científicamente demostrable la capacidad de un niño de nueve años para concebir un hijo y me han confirmado que es difícil pero que tratándose de Maradona lo más seguro es que quien sabe. Y es que no me ayuda tampoco que mi desconsiderado testador tuviera nueve años recién cumplidos y viviera en Argentina cuando me dieron el primero de los muchos azotes de mi infancia. Pero voy a por todas.

placeholder Diego Armando Maradona en 2018. (EFE)
Diego Armando Maradona en 2018. (EFE)

Al fin y al cabo es su palabra contra la mía y ahí sí que tengo ventaja porque no creo que con treinta días en un congelador sea capaz de articular ya palabra. Así que doy por hecho que si consigo hacer llegar por cualquier medio mi reclamación al hasta ahora inaccesible juzgado argentino tengo muchas posibilidades de protagonizar, junto con otros trescientos o cuatrocientos coprotagonistas, un culebrón judicial y mediático primero y un reparto cainita y público después.

Es verdad que mi reclamación queda muy coja por no poder contar con la declaración de mi madre. Descarté su testimonio cuando al insinuarle el asunto me preguntó si Maradona era el cantante ese drogadicto que habían metido en la cárcel ahora. Tras exponer algunos detalles relevantes de la vida del futbolista y dejar entrever en parte mis intenciones de involucrarla, su cortante silencio me obligó a una gran pausa dramática y al cambio de tema inmediato. Ni siquiera la ponderación del redondo y abrumador sabor de sus patatas guisadas evitaron sus alaridos cuando cayó en la cuenta de que mi insinuación le dejaba al borde de la pederastia. Me quedé sin testigo y sin postre. No sé qué sentí más en ese momento la verdad.

Aun así sigo a por todas. Mis dramáticas conclusiones tras hacer algunos números básicos sobre el valor residual de la fortuna de mi no imposible progenitor tampoco me van a hacer abandonar mis planes. Ha sido quizá una de las labores más arduas a las que me he enfrentado.

A modo de resumen diré que he revisado todos los contratos profesionales incluidos los de publicidad, firmados a lo largo de su carrera, estimado los gastos de vivienda y coches y la cotización en el mercado negro de las principales sustancias estupefacientes a lo largo de más de cuatro décadas. Esto último fue de lo que menos me costó, que llevo registro.

Los números resultantes los he ponderado con un coeficiente corrector medio que he llamado COTEVAE o “coeficiente te vas a enterar”, calculado tras el análisis de la personalidad y las circunstancias específicas de las mujeres con las que protagonizó largas y públicas relaciones que incluyeran resultado de hijo reconocido. Me salen alrededor de cinco.

placeholder Diego Armando Maradona. (EFE)
Diego Armando Maradona. (EFE)

A pesar del calibre de la investigación, su precisión y la solvente carga pericial de mis análisis no tengo claro ni qué, ni cuánto voy a poder reclamar. Intuyo que no mucho sobre todo por la consecuente división de la misma. La siguiente operación matemática sería muy básica si consiguiéramos despejar la incógnita de cuántos en mis circunstancias van a ser acreditados como descendientes directos del disoluto genio y prolífico a lo mejor mi padre.

Finalmente y con gran decepción caigo en la cuenta, tras los análisis financieros de su economía y de la que me quedaría a mí tras costear los gastos inherentes a la interposición de la demanda, que monetariamente no me va a merecer la pena.

También reflexiono sobre lo de viajar ahora a Argentina y me da tremenda pereza. Y en el fondo soy muy tímido para salir en la tele, sin contar con que los insultos nunca me salen a la primera y que tendría todas las de perder con Jorge Javier Vázquez.

Lo cierto es que sobre todo no me veo explicándole a mi padre de verdad que éste es el nuevo proyecto empresarial en el que se ha metido su hijo tras fracasar en el intento de crear la primera escuela bilingüe de perros -solo se interesaron Enrique Ponce y Ana Soria-. Y por supuesto que no me atrevo a insinuar en su presencia que no fuera él quien pusiera de sus partes para traerme al planeta.

Así que creo que me desinflo. Y espero que los miles de inocupados que han pensado como yo tras leer la aberrante medida cautelar de impedir la incineración de Maradona también abandonen el asunto. Porque me temo si no que vamos a tener que sufrir miles de horas de testimonios escabrosos e interesados en todos los medios durante los próximos meses. Sin contar con el colapso social que puede sufrir Argentina. Pero qué le vamos a hacer… estos jueces argentinos, que van provocando.

Diego Armando Maradona
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