Los tiempos en que Bertín Osborne no podía decir que estaba casado y tenía una hija
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Los tiempos en que Bertín Osborne no podía decir que estaba casado y tenía una hija

La estrategia de su casa de discos consistió, en los primeros años de su carrera, en obviar el hecho de que ya había pasado por el altar

placeholder Foto: El cantante, en una imagen de archivo. (CP)
El cantante, en una imagen de archivo. (CP)

Hasta que decidió dedicarse a la música profesionalmente, Bertín Osborne cantaba en las fiestas de sus amigos y en las reuniones familiares. Nadie, y menos su padre, el conde de Donadío de Casasola, hombre de fuerte carácter, imaginaba que su hijo iba a dejar primero sus estudios de ingeniero agrónomo y después varios trabajos de los que se denominaban serios.

Ejerció de agente inmobiliario y de seguros, vendió promociones, fue relaciones públicas de bodegas y en el tiempo libre hacía lo que le gustaba: cantar. Los desencuentros paternos solo sirvieron para independizarse y demostrar a todos que su felicidad laboral estaba en la música.

placeholder El reportaje de 'Protagonistas' que sacó a la luz la familia de Bertín. (Archivo)
El reportaje de 'Protagonistas' que sacó a la luz la familia de Bertín. (Archivo)

El 9 de julio de 1977 se casa con Sandra Domecq en la iglesia de San Miguel de Jerez, donde muchos años después lo harían también sus hijas, Alejandra y Eugenia. Este dato se mantuvo secreto en los inicios artísticos de Bertín.

Por fin, en 1980, la discográfica Hispavox le hace un contrato. De esta compañía formaban parte Juan Pardo, Mari Trini, Paloma San Basilio, Massiel, Raphael, José Luis Perales, Miguel Ríos y Manuel Alejandro como compositor, entre otras muchas estrellas del momento. Bertín es un desconocido, pero el nuevo director general de la empresa, José Luis Gil, todo un cazatalentos, se percata de que Bertín, además de un físico espectacular, engancha. Al año siguiente, en 1981, lanza ‘Amor mediterráneo’, que se convierte en número uno.

Los contratos para actuar en los mejores locales y escenarios se multiplican y se convierte en el chico del momento. Su voz rotunda triunfa y el físico de galán de 1,90, más su simpatía, hacen el resto.

placeholder Bertín, posando para la revista. (Archivo)
Bertín, posando para la revista. (Archivo)

En aquellos años era muy común que los mánager y las casas de discos adornaran las biografías de sus artistas y excluyeran lo que consideraban que era menos vendible. Y esto fue lo que sucedió con Bertín Osborne. Le presentaron como un chico de buena familia de Jerez, aunque él había nacido y había vivido, hasta casarse, en Madrid.

Nada se decía de su estado civil. No era conveniente que Bertín ofreciese una imagen de hombre casado, y eso se mantuvo en secreto. Decían desde la compañía que podía perjudicar su carrera de cara a las fans. Así fue durante unos meses hasta que la revista ‘Protagonistas’, del grupo Zeta, publicaba la información en la que presentaba a Bertín en su casa de Jerez y fotografías de Sandra con la niña Alejandra, de cuatro años. El cantante explicaba que no se trataba de un secreto, sino de separar la vida pública de la privada.

placeholder Domecq y la hija de ambos, en el reportaje de 'Protagonistas'. (Archivo)
Domecq y la hija de ambos, en el reportaje de 'Protagonistas'. (Archivo)

A partir de ese momento, ya no había nada que ocultar e incluso el cantante contaba realmente que su vida no fue un camino fácil como pudiera parecer: “No he sido un niño mimado. Mi padre fue muy duro conmigo y durante una época estuvimos sin hablarnos. Me fui de casa y me busqué la vida cuando pocos en mi familia, por no decir nadie, pensaban que iba a poder vivir de la música. Por desgracia, lo peor ahora es ver menos a mi hija Alejandra. Solo hay algo que me cabrea de verdad. Que me juzguen solo por una labor discográfica. A un cantante hay que verlo y oírlo en directo. Yo hago rock and roll y country americano. Tengo más de doscientos temas compuestos y nadie se ha percatado de ello. Me gustaría que se prestara más atención a este asunto y menos a colocar las etiquetas de guapo y de don juan”, llegó a decir.

Bertín Osborne
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