Vestido de cashmere con combinación de tul de Fabiana Filippi
Entrevista Nasrin Zhiyan y Nacho Gay
Fotografía Valero Rioja
Estilismo Carla Aguilar
Peluquería y maquillaje Delia Sanz
Formato Irene de Pablo, Carlos Muñoz y Luis Rodríguez

Es argentina, pero nunca arranca las frases con un che, porque lleva tantos años acá como allá. Le gusta discutir penaltis con todo un experto, el entrenador del Atlético de Madrid y a la sazón su marido. Ama el arte, pero no tanto como pasar tiempo con sus hijas, porque para Carla Pereyra, como para Vito Corleone, que no Simeone, la familia es lo primero

"Me planto aquí. No voy a por el niño. Me gusta mucho disfrutar a mis hijas, pero también cuidar la pareja y Diego ya tiene tres hijos."
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as memorias de Carla Pereyra (34) están impresas sobre las fibras (sensibles) de un cuaderno de bitácora. El primero de sus muchos viajes, el iniciático, lo hizo cabalgando por la infancia a lomos de un pequeño caballo. Fueron años felices en su tierra natal, Entre Ríos, en plena Mesopotamia argentina, cerca de su familia. Años que recuerda hoy con cierta nostalgia, aunque nunca del todo embriagadora. Apenas había soplado 17 velas, con Néstor Kirchner ya devaluando la moneda desde la Casa Rosada, cuando se postuló como grumete en un velero con forma de avión que tomó tierra sobre las pasarelas de moda de Milán. “Nunca fui del todo consciente de ese logro”, afirma con la perspectiva de los años.

"Me planto aquí. No voy a por el niño. Me gusta mucho disfrutar a mis hijas, pero también cuidar la pareja y Diego ya tiene tres hijos."

Quizá por eso, Carla abandonó pronto Italia, por la necesidad de regar una sed de aventura que, muy por el contrario, acabaría resultando a todas luces insaciable. Recorrió en un cascarón de nuez, como la protagonista de aquella letra de Sabina, otro enamorado hasta el tuétano del Atleti, países como España, Reino Unido y Estados Unidos, combinando siempre sus dos grandes pasiones: la moda y el arte. Para cuando su barco había atracado a los pies de la Estatua de la Libertad, que da más sombra que los limoneros (Sabina dixit), Carla ya se había percatado de que Argentina había dejado de ser su hogar. ¿Volver, como Gardel? Sí, pero no a Buenos Aires, sino a Madrid.

Carla Pereyra
Vestido de raso con tirantes de Temperley London y bailarinas blancas de Gucci.
Carla Pereyra
Vestido cuello halter tricolor de Louis Vuitton. Arriba: Vestido de raso con tirantes de Temperley London y bailarinas blancas de Gucci. Abajo: Vestido cuello halter tricolor de Louis Vuitton.

Y lo hizo. Ya instalada de nuevo aquí, se cruzó por casualidad, en un restaurante de cuyo nombre no quiere acordarse, con otro argentino, Diego Simeone, el Cholo para los anales del imaginario colectivo colchonero, y este tardó menos de lo que dura un primer plato en tirarle los galgos (expresión netamente argentina) a la puerta del lavabo. Esa noche la viajera encontró su destino: “Yo quería formar una familia en España, lo tenía claro”, asegura. Dicho y hecho. Hoy, nos recibe en el hogar que ha levantado a las afueras de la capital.

Tienes dos hijas con Diego, ¿vas a por el niño o aquí te plantas?

Me planto aquí. Me gusta mucho disfrutarlas, pero también cuidar la pareja y Diego ya tiene tres hijos varones.

Háblanos de tu relación con ellos...

Nos llevamos estupendamente, nos divertimos y nos acompañamos mucho. Son chicos muy sanos, dedicados al deporte.

¿Alguno vive con vosotros en Madrid?

Sí, Giuliano, el menor de los tres. Es un chico encantador que se lleva de maravilla con sus dos hermanas. Vive con nosotros desde hace tiempo y somos una familia muy unida. Nos encanta estar juntos.

Como prueba irrefutable de la veracidad de esta respuesta, Giuliano, un apuesto joven de 17 años, aparece apenas unos minutos después y atraviesa el comedor de la casa en busca de unos rayos de sol que amenicen su mañana. No es para nada una misión difícil, porque la vivienda que han elegido el Cholo y Carla para construir su hogar es un ventanal perpetuo, que se extiende de lado a lado de la estancia principal y que deja pasar la luz sin filtro alguno, hasta el punto de complicar por momentos la sesión fotográfica.

Nota al pie: Simeone tuvo tres hijos de su primer matrimonio con Carolina Baldini, la triple G: Giovanni, Gianluca y Giuliano. Todos se dedican al fútbol. El último acaba de firmar su primer contrato profesional con el Atlético de Madrid, de ahí que viva con ellos en la capital.

"Acosada no me he sentido nunca, pero a veces expuesta sí. Siempre me mantuve del lado correcto para no generar situaciones incómodas para mí."

Una familia unida, sin duda, en lo bueno y en lo malo, como por ejemplo ante el covid.

Sí, lo hemos pasado todos en casa, los cuatro. Hemos estado quince días confinados y ha sido una experiencia bastante dura. Mucha tristeza e incertidumbre. Ver a las niñas con fiebre era poco alentador. Si hay algo que me ha dejado todo esto, al menos en mi caso, es un mensaje de gratitud, por estar todos sanos ahora, pero también una bocanada de conciencia humana, porque nos hemos convencido de que en cualquier momento, a cualquiera de nosotros, nos puede cambiar la vida de repente.

¿Cómo se les explica a dos niñas tan pequeñas lo que está pasando en el mundo?

La mayor es muy consciente de que están los bichitos, por eso lleva barbijo, se lava las manos a cada rato y se pone gel. Más allá de todo eso, los niños están normalizando esta situación más y mejor que nosotros porque sencillamente es lo que ven y crecen así, lo cual no me parece mal porque su educación sobre salud e higiene está siendo reforzada.

Tú también fuiste niña. Háblanos de Pintado...

Era mi caballo cuando era pequeña y vivía en Argentina. Tengo grandes recuerdos de cabalgatas con mi abuelo, de paseos al atardecer. Ese animal era especial y mi abuelo lo adoraba. Yo, por supuesto, también.

Ya que mencionas tu Argentina natal, ¿por qué crees que tu país vive sumido en una crisis económica digamos endémica?

No soy experta en estas cosas, pero está claro que se han sostenido durante años una serie de políticas muy poco favorables al crecimiento económico y sociocultural de la población. Si quieres cambiar una nación, primero debes cambiar su forma de pensar.

Hagamos estación en ese verbo: pensar. ¿Qué se le pasa a una por la cabeza cuando a los 17 años, y sola, coge un avión para no volver?

A los 17 no tienes miedos y sí muchos sueños, tienes ilusión por hacer lo que te gusta, por eso tal vez tropiezas más que a los 30.

Carla Pereyra
Carla Pereyra
Tank top de Max Mara, pantalón de tiro alto de raya diplomática de Max Mara, cinturón de Louis Vuitton y sandalias de Aquazzura.

Ese avión aterrizó en Milán y a los pocos días estabas desfilando para Alberta Ferretti o Max Mara.

Al venir de Argentina no tenía la dimensión de casi nada en el mundo de la moda ni conocía las firmas para las que trabajaba, solo empezaba a percibir que era algo espectacular todo aquello que vivía. Pero también muy efímero.

Si yo digo Me Too, ¿tú qué puedes contarme al respecto?

Acosada no me he sentido nunca, si es a lo que te refieres, pero a veces expuesta sí. Siempre me mantuve del lado correcto para no generar situaciones incómodas para mí. Estos movimientos hay que apoyarlos por el futuro de nuestras hijas.

Hablemos de tu desembarco en España. ¿Cómo y por qué?

Llegué a Madrid con 20 años, porque me parecía una ciudad fantástica y tenía amigos aquí.

Participaste en algún reality de televisión, fuiste carne de portada… ¿Te arrepientes de algo de aquella época?

Uno siempre que mira hacia atrás piensa que podría haber cambiado algo, pero si te pones en la piel de esa joven que llega y tiene que armarse un mundo, no es fácil y creo que en ese sentido fui muy valiente.

¿Entonces qué te impulsó a marcharte primero a Londres y después a Nueva York?

El arte. Mi pasión por el arte nace desde pequeña porque ese tipo de cosas las llevas dentro, te emocionas con un cuadro, con una sinfonía, entiendes el arte como parte de tu vida. Me fui a formarme en esa disciplina, no huía de nada. La verdad es que ahora hace bastante que no pinto, por una cuestión de tiempos. El crecimiento familiar me ha quitado esos valiosos momentos, pero todo retomará su curso en breve.

"Lo primero que pensé de Diego fue: 'Este es un hombre típico del fútbol'. Al principio no me gustaba mucho el cuento."

Te fuiste, pero no por mucho tiempo...

Siempre sentí que quería vivir aquí. Argentina ya no era mi hogar, en Madrid seguía teniendo mi grupo de amigos y era el sitio donde imaginaba un día formar mi familia. Lo tenía claro. Estuvo bien vivir en otros lugares para valorar lo que tengo aquí.

Y, de repente, un restaurante de Madrid, Diego Simeone sentado en otra mesa y te aborda a la salida del aseo…

Algo así ocurrió. Hablamos y me sentí muy cómoda, en el sentido que él es argentino y nos reímos de lo mismo, escuchamos la misma música... En la primera cita nos quedamos hablando cinco horas y se me pasó muy rápido. Quedé prendada.

¿En tan poco tiempo?

Lo primero que pensé fue: “Este es un hombre típico del fútbol”. Al principio no me gustaba mucho el cuento, pero acepté una cita una semana después de vernos por primera vez.

Cuéntanos lo que se pueda contar de esa primera cita…

Fuimos al cine y descubrí una persona que no esperaba: divertido, inteligente, emocional y muy caballero. Y eso a una chica la enamora. Tres días después me invitó de nuevo al cine. Y yo le dije: mejor a cenar.

Y así hasta que os acabasteis casando en la Toscana. ¿Por qué allí?

Porque nos encanta Italia y queríamos que fuese especial para los invitados y para nosotros.

Te gusta la Toscana y creo que también Andrea Bocelli...

Cantó en mi boda. Yo ya estaba llorando al entrar con mi padre del brazo y ver a Diego en el altar... Me emocioné muchísimo. Y luego al ver al señor Bocelli, a quien admiro tanto, fue un momento que nunca olvidaré.

Carla Pereyra
Camisa estampada de Carla Pereyra, pantalones de cuero de Dsquared 2, zapatos estampado leopardo de Aquazzura.
"Tengo muy claro que cada minuto que puedo lo dedico a mi familia, porque para mí es lo primero, pero también está la Carla emprendedora, la inquieta y la mujer que necesita realizarse y encontrar su espacio."

Si la vida de Carla Pereyra es una sucesión de viajes, se podría decir que el último que ha emprendido ha sido algo más corto y menos épico que los anteriores. La familia se ha mudado hace escasos meses a una mansión de La Finca, en Pozuelo de Alarcón, probablemente la urbanización más segura y elitista de la comunidad que gobierna Díaz Ayuso. Un búnker antipaparazzi donde disfrutar tranquilos de algo parecido al anonimato. Mientas hablamos con ella, los obreros y las máquinas trabajan aún en el exterior de la vivienda sobre un tapiz de césped artificial. Casi todo lo demás está listo. Han sido semanas de una obra supervisada siempre por la propia Carla, que se ha ocupado además de elegir todos y cada uno de los elementos de la sobria decoración, salpicada, eso sí, por el toque colorista que aportan algunos de los lienzos seleccionados que la modelo y empresaria adquirió en algunas de las galerías y ferias más famosas de la capital. Sobre una de las paredes reina un leopardo de más de dos metros. En otra, una naturaleza muerta llena de perspectiva alarga estratégicamente la estancia.

"Tengo muy claro que cada minuto que puedo lo dedico a mi familia, porque para mí es lo primero, pero también está la Carla emprendedora, la inquieta y la mujer que necesita realizarse y encontrar su espacio."

¿Sois coleccionistas?

Tenemos cuadros que nos han gustado mucho, adquiridos en ferias, en galerías o en talleres de artistas. Hemos ido creando nuestro espacio y rodeándonos de belleza a nivel artístico que nos hace sentirnos cómodos.

¿Qué obra falta en tu casa?

Muchas. Una de Klimt, otra de Pollock y un buen Genovés.

A qué se dedica Carla Pereyra cuando no está comprando arte…

La de mi casa no es la única obra de mi vida. Estoy reformando algunos pisos en Madrid y eso me tiene muy entusiasmada. Son pisos pequeñitos, generalmente en el centro y cada uno saca una parte diferente de mí.

¿Reformando?

Sí, los reformo y después los vendo o los alquilo.

No te veo mucho con un casco, sinceramente...

Pues algunos días recorro obras, tengo citas con arquitectos, voy a ver materiales... Luego recojo a las niñas del colegio y procuro pasar la tarde en casa con ellas. Aún son pequeñas y no quiero perderme nada.

¿Y el tiempo para ti a qué hora empieza?

Me levanto a las 7 de la mañana y, tras llevar a las peques al cole con Diego, él se va a trabajar y yo entreno cada día a eso de las nueve. Luego, depende lo que me toque, cada día es diferente. La clave es la organización y tener las prioridades en orden. Tengo muy claro que cada minuto que puedo lo dedico a mi familia, porque para mí es lo primero, pero también está la Carla emprendedora, la inquieta y la mujer que necesita realizarse y encontrar su espacio.

Izq.: Pantalón de tiro alto de raya diplomática de Max Mara y sandalias de Aquazzura. Dcha.: Camisa estampada de Carla Pereyra. Arriba: Pantalón de tiro alto de raya diplomática de Max Mara y sandalias de Aquazzura. Abajo: Camisa estampada de Carla Pereyra.

Mientras la modelo pronuncia estas palabras, la pequeña de la casa, Valentina, se acerca a nuestro improvisado set de entrevistas. No tiene muchas ganas de charlar con nosotros, pero sí de abrazar a su madre. Mientras se enredan sus dos melenas largas y rubias, nos percatamos de un hecho insoslayable: ese gesto dinamita cualquier posibilidad de seguir entablando conversación alguna con la progenitora. Ya lo decía Corleone: “Un hombre que no pasa tiempo con su familia nunca puede ser un hombre de verdad”. Cambien hombre por mujer en esa frase. Sí, hombre por mujer. ¡Esto es el siglo XXI!

Carla Pereyra en 10 datos

Te levantas y... Tomo una ducha templada.
Siempre llevas en la maleta... Una chaqueta negra y una camisa blanca.
La marca que reina en tu armario es... Dior.
Algo que escuchar... Las mejores bandas de rock británico.
Ese restaurante que te encanta... Horcher.
Un lujo habitual... Dormir en un hotel rural junto a mi marido cualquier lunes.
Tu objeto fetiche... Mi cámara de fotos Leica.
Un perfume... El de olor de la lluvia.
El pecado confesable más recurrente... Como buena argentina, el dulce de leche.
El mejor lugar... Mi hogar, que es donde está mi familia.