Alfredo Fraile, un hombre bueno que solucionaba los entuertos de los poderosos
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OBITUARIO

Alfredo Fraile, un hombre bueno que solucionaba los entuertos de los poderosos

Los que lo trataron coinciden en definirlo como un hombre bueno, generoso, tranquilo y con una gran mano izquierda para manejar los egos de los poderosos

Foto: Alfredo Fraile en una imagen de archivo. (EFE)
Alfredo Fraile en una imagen de archivo. (EFE)

Alfredo Fraile fallecía este viernes 12 de marzo en la Fundación Jiménez Díaz a los 77 años. Ingresó a finales de febrero por Covid y hubo unos días en los que parecía que iba a remontar, como aseguraba a Vanitatis su familia. No pudo ser y el hombre que abrió el camino profesional de Julio Iglesias y que conocía todos sus secretos, decía adiós después de haber disfrutado de una vida intensa y de una familia feliz y estructurada.

Los que lo trataron a lo largo de su existencia, coinciden en definirlo como un hombre bueno, generoso, tranquilo y con una gran mano izquierda para manejar los egos de los poderosos. No solo supo entender a Julio Iglesias y sus manías sino a personajes polémicos como Javier de la Rosa, Berlusconi o el rey Hassan de Marruecos.

Foto: Alfredo Fraile, posando ante los medios en la presentación de su libro 'Secretos confesables'. (I.C.)

Tuvo que solucionar entuertos y negociar informaciones comprometidas, como fueron las primeras fotos que mostraban la infidelidad del empresario Alberto Cortina con Marta Chávarri. Las imágenes, que se consiguieron tiempo después, no las pudo parar, o a lo mejor no quiso entrar en un mundo de claroscuro donde cuando no funcionaba el talonario llegaban las amenazas.

También le tocó el papel de justiciero y exigir desmentidos ante ciertas calumnias contra Adolfo Suárez, del que fue uno de sus asesores y amigo. De los otros poderosos ejerció de empleado de lujo pero sin compartir cuestiones que no tenían que ver con su escala de valores que con el tiempo transmitió a sus seis hijos y que estos lo harán con los suyos. El abuelo Fraile será siempre un referente para esos niños a los que dedicó más tiempo que a los suyos propios.

placeholder Alfredo Fraile en una imagen de archivo. (EFE)
Alfredo Fraile en una imagen de archivo. (EFE)

A su lado, siempre, María Eugenia Peña, una mujer excepcional. Nunca puso ninguna problema a los continuos cambios de casa, de país y de la profesión de su marido, por la que nunca sabía en qué lugar del mundo iba a tener que trasladarse. Alfredo Fraile contaba que el día más importante de su vida fue el 15 de agosto de 1969, cuando la conoció. “Ese día supe que sería la mujer de mi vida” y así fue. La estabilidad familiar de Alfredo Fraile le permitió vivir desde la distancia algunas situaciones complicadas de su faceta laboral.

Aunque en más de una ocasión tuvo que moverse en un mundo donde el dinero parecía que compraba todo, Fraile se mantuvo fiel a sus principios. “Mis padres fueron, con su ejemplo, los que han marcado mi vida. Eran un matrimonio que seguía cogiéndose la mano cuando veían la televisión. Nos inculcaron unos valores que han marcado mi vida. Mi padre decía que lo más importante que teníamos era nuestro propio nombre y si perdíamos la honorabilidad, perdíamos todo lo demás”. Se emocionaba al contar una anécdota relacionada con este tema: “Un día le preguntaron a mi nieto cómo se llamaba y escuché cómo contestaba rotundo y orgulloso. “Soy Alfredo Fraile cuarto””.

Fraile consiguió esa honorabilidad de la que tanto hablaban sus padres y nunca fue rencoroso con los que le negaron el pan y la sal cuando dejó de estar en primera línea del poder. Las traiciones le pasaban de largo porque tampoco aspiraba a esas luchas en las que nunca se sabía cómo iban a desarrollarse.

Estuvo quince años al lado de Julio Iglesias. Lo ayudó a crecer y se despidió un buen día porque “ya no aguantaba más”. Nunca habló del lado menos justo del cantante e incluso en sus memorias suavizó algunos encontronazos. Con el tiempo volvieron a reencontrarse y Julio le pidió que volviera a trabajar con él. “Segundas partes nunca fueron buenas y le dije que no”.

placeholder Fotografía de Julio Iglesias cedida a EFE por la Academia Latina de la Grabación.
Fotografía de Julio Iglesias cedida a EFE por la Academia Latina de la Grabación.

Cuando presentó su libro “Secreto confesable”, aún recordaba lo que supuso el secuestro del padre de Julio Iglesias y cómo “abandonó” a su familia, que también vivía en Miami, para controlar y negociar el tema económico si hacía falta desde la mansión de Indian Creek. Así lo recordaba en el último aniversario del suceso a Vanitatis: “Han pasado 39 años y no se me olvidará nunca. Dejé mi casa y me instalé en la de Julio para organizar el día a día. Mi mujer María Eugenia se encargaba de atenderlos en nuestra casa, que era el cuartel general para los periodistas que se entretenían con mis hijos porque no había noticias”.

Los que lo conocieron comparten un denominador común: “Alfredo era un hombre bueno, con lo que significa esta palabra en toda su extensión”. Los amigos, conocidos y todos aquellos que le apreciaban no podrán darle el último homenaje. Habrá que esperar a que la pandemia desparezca para ese tributo que se merece.

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