Un año sin el marqués de Griñón: el recuerdo de Xandra, Tamara y sus amigos íntimos
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FALLECIÓ POR CORONAVIRUS

Un año sin el marqués de Griñón: el recuerdo de Xandra, Tamara y sus amigos íntimos

Su hija más mediática y algunos de los amigos que conocieron bien a Carlos Falcó recuerdan su figura cuando se cumple el primer aniversario de su fallecimiento

Foto: Carlos Falcó, en una imagen de archivo. (Getty)
Carlos Falcó, en una imagen de archivo. (Getty)

El 20 de marzo de 2020 fallecía por coronavirus Carlos Falcó Fernández de Córdoba en la Fundación Jiménez Díaz. A sus 83 años le quedaron proyectos sin terminar, viajes por hacer y una vida en común con su cuarta mujer, Esther Doña. Era un hombre vital que disfrutaba lo mismo en su campo de Malpica (Toledo) que en una cata de sus vinos en una pequeña bodega del Somontano. Fue promotor de una asociación para dar a conocer la excelencia de productos y entidades españolas de la que fue presidente. Ahora esa labor en el Círculo Fortuny la ejerce Xandra, su hija mayor. Era un aristócrata que consideraba que sus títulos tenían que representar la honestidad y el esfuerzo.

Foto: Manuela Falcó Corsini. (Redes)

Ese mensaje lo destacó Tamara, como nueva marquesa de Griñón, cuando se hizo público que ella sería quien lo iba a ostentar. Y lo mismo el resto de sus cuatro hermanos (Manuel, Xandra, Duarte y Aldara), cuya herencia más que económica (que no lo fue) ha sido el ejemplo de vida de su padre. El marqués de Griñón era un hombre muy querido y respetado que tuvo una vida intensa y una educación liberal que le sirvió para tener amigos en todos los ambientes. Y en este aniversario, su hija Tamara y varios amigos de su círculo más íntimo quieren tener este recuerdo un año después de su fallecimiento.

El recuerdo de las hijas

Tamara Falcó ha sido siempre la 'niña mimada' de su padre aunque ella asegura que “lo éramos todos sus hijos”. Destaca que una de las cualidades de Carlos Falcó era la elegancia: “Era todo un señor, un caballero, muy divertido y cariñoso. Nunca me levantó la voz y no recuerdo que me regañara. Lo que sí hacía era cambiar el tono para decirme en lo que no estaba de acuerdo y yo me quedaba helada. Ya sabía que había metido la pata”.

Para Tamara algunos de los momentos más felices que vivió en familia se producían en septiembre cuando llegaba la vendimia: “Nos íbamos al campo, a Casa de Vacas y era una fiesta. Un momento muy emocionante. Venían los recolectores, algunos con familia, y se llenaba todo de ruido, de jolgorio. Es un momento de la estación en que la viña está preciosa, con sus hojas verdes y los racimos colgando. Tengo la imagen de mi padre feliz y orgulloso por lo que había conseguido. Trabajó mucho para sacar adelante su producción y para los hijos, cuando éramos pequeños, era un juego”. Tamara estuvo uno años estudiando en Chicago y su padre la visitaba a menudo: “En una ocasión, me llevó a una exposición sobre el chocolate que me encantó. Mi padre era una persona con muchas inquietudes y con una cultura enorme. Contaba la historia de las cosas de una manera muy amena”.

“Mi padre era alguien muy carismático. Lleno de vitalidad, siempre optimista, siempre con una sonrisa. Culto, generoso y nunca levantaba la voz”, cuenta Xandra. La hija primogénita tuvo la oportunidad de trabajar con su padre y recorrer el mundo: “Yo le acompañaba para vender nuestros vinos. Nunca se cansaba. Recuerdo un viaje que hicimos Madrid, Nueva York y San Francisco que llegamos a las seis de la mañana. Estaba agotada y de pronto me dice mi padre: 'Arréglate que nos vamos a cenar, que te voy a llevar al mejor restaurante de la ciudad'. Así era él, aprovechaba el minuto, la vida”. Otro rasgo que le caracterizaba, según Xandra, era su capacidad como emprendedor: “Era un innovador y buscaba proyectos que mejoraran su campo: el goteo para los viñedos, traer variedades internacionales... Aportó muchísimo conocimiento al sector vitivinícola español”, comenta.

Gentileza y señorío

Marina Castaño y su marido, el doctor Enrique Puras, formaron parte de ese círculo más privado y compartieron navidades. En este aniversario quieren homenajear al marqués de Griñón, del que dicen: “Una de las mayores cualidades era su gentileza y su señorío. Nunca, en los muchos años de amistad que nos unieron, le vi una mala cara, un mal gesto o un ceño fruncido. Siempre ha sido exquisito en el trato, y el cariño que nos unió durante más de 30 años de amistad fue muy sólido. Yo siempre he dicho que fue el primer amigo que tuve cuando vine a Madrid e incluso antes, cuando yo vivía en el campo de Guadalajara”, cuenta Marina Castaño.

placeholder Marina Castaño. (EFE)
Marina Castaño. (EFE)

Para ellos hay recuerdos imborrables tanto en El Rincón como en Casa de Vacas. “Fueron muchas las noches y los días que yo pasé en aquellas casas y siempre había anécdotas y motivos para reírse. Recuerdo, hace muchos años con Camilo José, a quien él quería mucho o mejor dicho se querían mucho entre ellos, nos quedamos a dormir todo el fin de semana y la primera noche la cama se rompió y de repente nos encontramos con que estábamos en el suelo muertos de la risa. Por supuesto vinieron al oír el ruido Carlos y Fátima, que era su mujer en aquel momento, y con aquel motivo de jocosidad abrió una botella de vino y a las 3:00 de la mañana. Estábamos todos en el suelo encima de la cama y bebiendo una botella de vino”.

La periodista y el doctor pasaron el último fin de año con Falcó y Esther Doña: “En Casa de Vacas pasamos el que fue su último fin de año disfrutando muchísimo de aquel paisaje y del buen tiempo que tuvimos. A él le encantaba bailar y también le gustaba mucho cantar. Había momentos en que se sentía Frank Sinatra. Era un ser extraordinario. Mi marido, Enrique Puras, y él tuvieron también una muy estrecha relación”.

placeholder Esther Doña y Carlos Falcó. (EFE)
Esther Doña y Carlos Falcó. (EFE)

Sentido del humor

Jaime Soto y Sonia Bolín recuerdan al amigo con nostalgia y mucho cariño. El empresario era uno de los íntimos del marqués de Griñón y durante años mantuvieron una rutina que solo rompió la pandemia cuando llegó el confinamiento. No pudieron despedirse, y ha querido recordar para Vanitatis esos momentos que pasaron juntos: “Carlos y yo éramos amigos de siempre. Gran señor, con todo lo que eso significa, y una estupenda persona. Tenía mucho sentido del humor y estaba lleno de ilusiones e iniciativas, muy activo a su edad y desconocedor total de la pereza”, cuenta Jaime Soto.

Añade cómo eran sus reuniones de amigos y sus viajes: “Solíamos reunirnos para almorzar una vez al mes con otros tres amigos nuestros. Pasábamos unos ratos muy agradables, comentando todo tipo de temas de actualidad. Los 5 procurábamos estar presentes en estos almuerzos, siempre en casa de uno de nosotros. Empezaron en el año 2000 y hasta que falleció, por lo que estuvimos 20 años viéndonos una vez al mes por lo menos. Era un gran compañero de viajes, como el que hicimos en barco a Turquía, con Matías Cortes, los tres, durante una semana, del que guardo un gran recuerdo”.

Tamara Falcó
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