Toni Cantó la gallina
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CONVERTIDO EN PIÑATA PÚBLICA

Toni Cantó la gallina

Otro político no profesional indefenso en esa selva salvaje de la exposición pública, en esa caza indecente y antropófaga en la que los menos avezados tienen todas las de perder

Foto: Ilustración de Toni Cantó. (Jate)
Ilustración de Toni Cantó. (Jate)

Cantó la gallina después de asada. Para salvar a un reo de la horca, cuentan por Santo Domingo de la Calzada a los peregrinos. No sé si se salvará Toni de ella en su nuevo peregrinaje, pero al pobre le están friendo. Le han cortado en trocitos y lo han echado a todas las sartenes mediáticas que, para que resulte efectivo el escarmiento, han puesto bien llenas de aceite hirviendo. Y ahí le tienen dándole vueltas a casi todas horas, friéndole hasta el exceso. Hasta hacerle incomestible para cualquier votante cuerdo. Saña le están poniendo para sazonar al “freído”.

Le están cayendo de ambos lados. Ostias a diestro y siniestro. Convertido en piñata pública de un transfuguismo que, en sentido literal, ni siquiera ha cometido y en la que se regocijan políticos y periodistas entregados a juegos infantiloides y vendidos a la obtención de pequeños caramelos a base de descomunales, cegatos e inmisericordes palos al aire.

Foto: Toni Cantó. (Foto: Marga Ferrer)

Le están crucificando todos. Apenas he visto excepción. Algunos de los suyos, ex suyos, ponderando cualidades actorales con sorna y destacando las virtudes de un guion, premeditado y compacto según ellos, con despecho. Los contrarios ridiculizando jocosos sus supuestos cambios de criterio y buscando en el pajar de las hemerotecas y de twitter las agujas con las que se han hilvanado en los últimos meses los trapos sucios que finalmente han obligado a su nuevo cambio de chaqueta. Y, eso sí, exagerándolo todo para sembrar la discordia en el partido que ahora le acoge. Y los que van a ser los suyos mordiéndose la lengua por no tener del todo claro si protestar les convenga o les enfrentará a la jefa o les expondrá a reproche en su próxima visita a Génova.

placeholder Toni Cantó en una imagen de archivo. (EFE)
Toni Cantó en una imagen de archivo. (EFE)

Otro político no profesional indefenso en esa selva salvaje de la exposición pública, en esa caza indecente y antropófaga en la que los menos avezados y los más honestos tienen todas las de perder. Haciéndonos perder a todos.Toni en esa tierra de nadie hasta que se sepa qué número le tocó en la rifa. Porque a eso empieza a parecerse lo que, para mí, es el engendro de las listas cerradas de nuestros procesos electorales. Y el origen de todos estos problemas que da ventaja a las férreas organizaciones de los partidos políticos. Un sorteo con las bolas escogidas a dedo dando vueltas en la cabeza del amado e inevitablemente peloteado líder. Sorteo para el que puedes resultar seleccionable por la, larga en el tiempo, vía de la postración permanente y que hoy en día sólo las espaldas fortalecidas desde la afiliada juventud son capaces de soportar. También la ponderación de tu repercusión mediática se ha consolidado como mecanismo seguro para otorgarte la bolita con la que participar en el concurso. El daño que tu captación haga al contrario y la pertenencia a cualquier tipo de minoría, mejor cuanto más de moda, cada vez toman más fuerza en la lista de “virtudes” para poder ser seleccionado.

Es un sistema perverso y lo saben. Lo defienden con todos sus medios, incluyan los informantes, porque en esa perversidad se protegen. La afiliación incondicional y sumisa son los pilares de su modelo de funcionamiento. La fe ciega, nunca mejor dicho, en el partido, la disciplina como condición fundacional y la imposibilidad de rectificarse les da la tranquilidad que necesitan para maquinar sus maldades y garantizarse sacarlas adelante. Y les hace trabajar menos que también es importante. Por eso no pueden soportar al que cambia de criterio. Al que evoluciona o se lo piensa. Por eso este país parece que nunca le dura el centro. Estás conmigo o contra mí.

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Toni Cantó en una imagen de archivo. (EFE)

No se trata de mejorar una propuesta. Nunca el tema del debate es cómo mejorar las cosas sino exclusivamente si las hacemos a tu forma o a la mía. Ganando el que tiene la fuerza. Un posicionamiento constructivo no les cabe en la cabeza. Incapaces de actuar reconociendo errores propios o elogiando ideas ajenas. Incapaces de analizar los temas sin una camiseta puesta.

No soportan además los grises, la belleza del matiz, lo inspirador de las mezclas. No soportan los que no nos ponemos un único uniforme. Mi caso sin ir más lejos. He votado a PSOE, PP y Ciudadanos indistinta y reflexionadamente.

Creo en la enseñanza pública, creo en la concertada, creo que tiene que haber también mucha educación privada. Creo en la sanidad de todos y en la cobertura contratada. Creo en que casi todas las cosas tienen una parte buena. Creo en el ten con ten. Creo en que la virtud, el progreso y la justicia son más fáciles en el centro que en los lados e imposible en los extremos. Y creo que el arco parlamentario, en función de los acontecimientos, tiene un cierto movimiento. Por lo que a veces el centro no es un centro geométrico o equidistante y, desde luego, no fijo. Fundamentalmente porque los posicionamientos de los partidos, al albur de las encuestas constantes en los temas de debate, te hacen que para encontrar el centro y la solución idónea tengas que dar un paso a un lado o a otro. A derecha o a izquierda. No necesariamente atrás. Que es lo que exigen los sectarios e impermeables.

Por eso creo que ha venido el acoso y derribo de todos a Ciudadanos. Los políticos lucen más en la pelea que en el acuerdo. Y para los medios de comunicación también es más fácil alistarse a una facción que puedan identificar cuando van corriendo a que le devuelven los favores. Es una pena que no nos ordenen más aquellos que haciendo un círculo alrededor de sus convicciones sean los que más opciones integren, más matices desarrollen y mejor enriquezcan las soluciones con las distintas visiones. Especialmente en estos tiempos que son de hilar muy finos los decretos para ayudar a la gente. Y dejando obligatoriamente al margen la infinita facilidad de algunos para ofenderse y la exasperante capacidad que tienen otros para no identificar los problemas realmente importantes.

placeholder Toni Cantó. (EFE)
Toni Cantó. (EFE)

Siento una cierta desilusión. Toni cantó la gallina, pero en la acepción taurina no en la milagrera. En esa que identifica al toro que, pareciendo bravo, de repente mansurrea.

Pensé que era de los que tenían el criterio y la bravura que hay que tener para aguantar en el centro. Pensé que tenía cintura, versatilidad y las dotes de interpretación que también hay que tener para encandilar al de al lado. Que era de los que podía hacer guiños con ambos ojos.

Sé que no se lo han puesto fácil. Sé que la bomba que ha explotado en su partido ha destruido una casa que no va a ser fácil reconstruir y puede que haya pensado que resultará más útil allá donde finalmente vaya. Pero también sé que muchos de sus compañeros están sucumbiendo al lado que les pilla más cercano. Les hubiera pedido a todos, y especialmente a él, aguantar el acoso de los grandes para evitar el desastre de que sean otros los pequeños que vayan marcándoles el paso. Lo pidió a gritos la gente en las penúltimas elecciones. Y a mí me gustaría pensar que serían suficientes para mantener centrados a los que, de forma incomprensible a estas alturas de la crisis, son incapaces de entenderse.

Suerte Toni porque espero que lejos de ser desertor, o de cantar la gallina, resultes un infiltrado, que necesitamos milagros.

Toni Cantó
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