Muere la marquesa de Belvís, Sandra Gamazo, el verso libre de los Hohenlohe
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LA 'MARQUESA CANINA'

Muere la marquesa de Belvís, Sandra Gamazo, el verso libre de los Hohenlohe

La sobrina del príncipe Alfonso de Hohenlohe ha muerto a los 75 años de edad. Padecía alzhéimer

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Sandra Gamazo. (Foto: Amparo de la Gama)

La marquesa del Belvís, Sandra Gamazo, se fue igual que llegó: arropada por la generosidad que la caracterizó en vida y rodeada en el sepelio por toda la aristocracia marbellí. No faltó ni un familiar en el cementerio de San Bernabé. El mantra era unánime: “Hoy los perros dan ladridos de alegría en el cielo porque Sandrita ya está allí con ellos”. La alma mater de la Triple A hizo una encomiable labor en la Costa del Sol durante los 17 años que presidió la Asociación de Animales Abandonados. A través de esta asociación, Lady Gamazo atendió y cuidó a más de 20.000 animales, muchos de los cuales se realojaron en hogares ilustres, como en la casa de Antonio Banderas, en la de Sean Connery y en la finca del mismísimo Julio Iglesias.

Foto: Lucía Bárcena y Marco Juncadella. (Redes)

La sobrina del príncipe Alfonso de Hohenlohe fue la fundadora de este emporio animalista y en su lucha vocacional involucró a todos sus colegas de la jet set de la época. Gunilla Von Bismark, que la acompañaba mandil en mano en las perreras frecuentemente, ayer lloraba la muerte de unas de sus mejores amigas, que dejaba la vida a los 75 años de edad aquejada del mal del alzhéimer. Sandra era una de las hijas de María Francisca (Pimpinela) Hohenlohe-Langenburg y cuñada de Juan Abelló, casado con su hermana Anna. Germán y Clara eran los otros dos hermanos que ayer acompañaban el féretro de la marquesa.

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Sandra Gamazo. (Amparo de la Gama)

Sandra no era la típica noble al uso. Ella siempre fue el verso libre de esta familia de aristócratas que ha dado tanta luz a Andalucía. Fue madre muy joven de su único hijo, Sandro Gamazo, por el que sentía devoción. La relación con Cristian Bremme, un alemán afincado en Marbella en aquella época, no fue más allá, pero fruto de la relación llegó “su ricitos de oro”. El empresario, que ha estado cuidando a su madre durante la enfermedad hasta el último momento en la finca familiar de Llanos de Belvis, ha hablado con Vanitatis: “Mi madre ya está descansado. Los últimos años han sido duros, pero ella ha estado aquí feliz en plena naturaleza con sus nietas y con todos los cuidados de todos los que la queríamos. Y éramos muchos. Al final tenía momentos de lucidez y nos reconocía, pero el resto del tiempo vivía en su propio mundo”. Sandra, con una gran paz espiritual en su cortijo de Istán, abandonó la vida al lado de sus nietas y su hijo. Y, cómo no, muy cerca de la oca, que se pasea por los jardines de la finca y que tanto hacía reír a la noble.

Nadie en Marbella quiso perderse el entierro de la 'marquesa canina'. El domingo llegaron voluntarios de Triple A, la asociación local de acogida de perros y de gatos de la que fue artífice, para agradecer su labor tan comprometida con la ciudad. En el sepelio estuvieron todos los hermanos y sobrinos, y amigos como Luis Ortiz y Gunilla, su mujer. El príncipe Hubertus solo tuvo palabras de exquisitez para su tía.

Lady Gamazo y su legado de honradez

Lady Gamazo pertenecía a esa estirpe humana que lo daba todo a cambio de nada. Dio brillo con sus galas benéficas siempre desde un modesto rincón. Su evento filantrópico del verano era el que daba el pistoletazo de salida a todos las demás. Allí congregaba a la Marbella clásica, en la que se reunía parte de la nobleza europea para recaudar fondos para sus “adorados animalitos huérfanos”. Unos eventos que se celebraban en El Llano del Almendro y llenaban de glamour los veranos marbellíes.

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Sandra Gamazo, con Gunilla. (Amparo de la Gama)

Tal fue su amor por los animales, que, en una entrevista que nos concedió a Vanitatis, dijo: “Mira, voy a estudiar veterinaria para así poder cuidar a los animales y saber qué hacer cuando se pongan enfermitos”. Y así lo hizo con casi 50 años. Se sacó la carrera de veterinaria entre Córdoba y París para poder atender mejor a “sus entrañables peludos”. En su labor de la asociación fue muy crítica con la gestión y en los últimos años denunció irregularidades en el trato de los animales que entraban en las dependencias de la Triple A y no eran registrados: “De esa manera -nos decía-, los donativos que entraban no se registraban y se perdió el control del dinero. Es decir, hay dinero que no sabemos cómo ha desaparecido de allí. Ahora soy incómoda para ellos porque he pedido explicaciones y nadie me las da". Y en la fiesta de verano de 2009, Sandra Gamazo de Hohenlohe, marquesa del Belvís, anunció que se retiraba de la presidencia. El motivo fue su disconformidad con las cuentas que, al parecer, no son todo lo “ortodoxas, claras y transparentes” que debían ser, tal y como ella las dejó, desde que en el año 92 inició su andadura.

La aristócrata diseñó la Triple A como un movimiento altruista en pro de los animales abandonados. En los últimos años, la asociación había tomado otros derroteros que nada tenían que ver con la filosofía que ella diagramó.

El cortijo que Sandra regaló a su hijo

Llanos de Belvis, el cortijo donde dejó la vida Sandra, es el mejor regalo que le ha hecho a su hijo, que es quien explota esta propiedad, rodeada de campos de olivos y con vistas a la Sierra de las Nieves de Istán. El empresario ha rentabilizado la finca con la producción del aceite gourmet Belvís de las Navas y, además, alquila la propiedad por 18.000 euros a la semana para organizar ceremonias y fiestas de carácter privado.

Su aceite se vende como el oro. Es el resultado de la fusión de aceitunas de la Sierra de las Nieves combinando la hojiblanca, verdial Vélez Málaga, zorzaleña, manzanilla aloreña y cepas de olivo silvestre como la acebuchina, que ha dado como resultado Belvís de las Navas. El mismo Sandro nos decía en una entrevista que concedió a este medio: “Podríamos decir algo así como que comparamos este zumo de aceituna con la diversidad de gentes de todo el mundo que habita en Marbella y su comarca”.

Ahora dicen que el cortijo luce triste y que algunos canes siguen con sus lánguidos ladridos, dedicándole el último adiós a la marquesa que nunca se quitó el mandil.

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