Hablamos con Hubertus de Hohenlohe: "inventor del selfie", un graffiti y mucho arte
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ENTREVISTA

Hablamos con Hubertus de Hohenlohe: "inventor del selfie", un graffiti y mucho arte

"Mi padre, el príncipe Alfonso va a tener un súper graffiti cool y nada carca en su avenida de Marbella como homenaje" ha confesado en conversación con Vanitatis

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Hubertus de Hohenlohe. (Redes)

Solo un Hohenlohe es capaz de devolver a Marbella el aire chic que corría por las venas de su padre, el príncipe Alfonso, y su glamour centroeuropeo. Y así lo hizo el viernes por la noche, llenando los espacios huecos de la ciudad con su exposición “Narcissistic overload”, una muestra de su obra en forma de recorrido entre los vibrantes colores urbanitas, la fama, los mensajes publicitarios y los gritos de guerra que invaden nuestro mundo. Con motivo de la exposición, el aristócrata concedió una entrevista a Vanitatis en la que vuelve a mostrar el linaje de todo un apellido.

La llegada del 'pequeño olé olé' es el pistoletazo de salida del verano en Marbella. Hablar de quién es Hubertus de Hohenlohe ya es innecesario en cualquier foro: nació en Ciudad de México, es hijo del príncipe Alfonso de Hohenlohe e Ira de Furstenberg y ahora es el único rostro principesco que queda y pretende recuperar lo que fuera la historia de la gran Marbella del oropel.

Desde el viernes, el aristócrata enseña su última creación artística en la galeria Isolina Arbulu: la de un artista callejero sin calle. Él mismo nos cuenta que en esta muestra se infiltra de forma descarada y casi arrogante en sus fotografías siendo espectador y protagonista a la vez, un ‘voyeur’ no invitado que se cuela en su propia fiesta.

“En realidad esta exposición la teníamos programada para el año pasado pero con la pandemia la aplazamos y aquí estamos ahora, dándole la bienvenida al verano con arte y cultura. Con ‘Narcissistic overload’ trato de enseñar cómo ahora en esta vida, somos una marca y querremos tener muchos seguidores y ponernos pequeñas publicidades de nosotros mismos. De ahí el nombre tan narcisista” explica a Vanitatis.

Inventor del selfie

Para Hubertus, el selfie no es nada nuevo. Según nos ha confesado, lleva haciéndose fotos a sí mismo desde hace más de 20 años. “Esa moda la invente yo. Me convertí en mi propio paparazzi” asegura.

“Hoy le han quitado el sentido que tenía porque la gente ha empezado a hacerse fotos con el móvil, un proceso que ha invadido nuestras vidas. Somos como marcas. ¿Cuántos seguidores tienes tú? ¿Cuántos me gusta? Es una obsesión total. Yo en mis fotos muestro y enseño mi vida entre mi música, mis viajes y el deporte” continúa.

Con una postproducción integral, el aristócrata ha dado pie a una obra totalmente jocosa, fresca y diferente. Hubertus es capaz de mostrarnos esta realidad con una genial ironía. El personaje que creíamos conocer, antes incluso de acercarnos a él, se descubre obligándonos a reflexionar sobre nuestros propios prejuicios, nos muestra un espejo de nuestra realidad y así, la “sobrecarga narcisista” que creíamos ver en otros, la descubrimos en nosotros mismos.

Su madre, su máxima inspiración

Hubertus no tiene reparo en admitir que se apropia insolente y descaradamente de todo lo que nos rodea, convirtiéndose en “observador del espectador; observador del narcisista”. Su primer selfie fue a su madre, la princesa Ira de Fustemberg: “Curiosamente la primera foto de estas características fue en un espejo a mi madre en el 2001”.

El noble aprovecha y nos cuenta que su madre “está mejor que nunca”, tan incombustible como siempre. “Está ya para ir a veranear, este año empezará a moverse por Italia, Tánger, Biarritz... Desde marzo, que se vacunó, hemos estado los dos en Madrid porque ella está montando casa allí. La verdad es que la admiro porque no para, ya tiene 81 años y su espíritu es energético cien por cien. Ahora vendrá también a Ronda a la finca” comenta orgulloso. Hubertus se ríe cuando le preguntamos si Ira es su mejor fan: “No sé si es mi principal fan porque me da mucha caña, lo que si sé es que le gustan mis fotos”.

Adiós a las fiestas de Marbella Club

La fiesta más chic del verano con el glamour de los nuevos cachorros de la jet marbellí el “The Legendary Party” que organizaban el príncipe Hubertus de Hohenlohe y el empresario Julián Porras-Figueroa este año no vera la luz.

“Han reformado Marbella Club y han montado un concepto más clásico. Ya no caben este tipo de eventos allí. ¿Qué si a mi padre le gustaría este nuevo concepto de Marbella Club? Pues no sé porque es todo muy serio. A mí me gustaba más el aire desenfadado que tenía antes”. El aristócrata, con tan solo nueve años, vio cómo La Margarita, la finca que su padre había comprado por 120.000 pesetas en la ciudad de la Costa del Sol, cobraba vida propia y era un referente para la ciudad.

Un homenaje grafitero para el príncipe Alfonso

Ser hijo de dos personajes tan emblemáticos de la jet internacional como Alfonso de Hohenlohe e Ira de Furstenberg imprime carácter y es por ello que Hubertus reivindica para su padre un espacio en Marbella de reconocimiento como homenaje. “Pues sí, nadie entiende cómo mi padre aún no tiene alguna reseña artística en la ciudad. Le propuse a la alcaldesa una idea magnifica para homenajearlo. Tengo un amigo artista, el que hizo el grafiti de Maradona en Nápoles y se lo va a hacer a Severiano Ballesteros también en Santander, y quiero que lo haga de mi padre en la rotonda donde tiene su avenida. Una cosa cool y no carca, una cosa creativa que ojalá vea la luz”.

Hubertus cuenta que está feliz de compartir aquí su vida con su familia a los que está viendo crecer con asombro. Marbella se ha convertido en un lugar importante para ellos. "Fue el pinchazo de una rueda lo que trajo mi familia al sur", ríe. "El Rolls Royce de mi abuelo Max pinchó cuando viajaba a Sevilla con mi padre Alfonso de Hohenlohe, lo que motivó que se desviaran a Marbella. Mi abuelo se enamoró de este pueblo y en 1946 compraron una finca por 120.000 pesetas donde construyeron Santa Margarita, la base de lo que es ahora Marbella Club".

Con Simona Gandolfi, su eterna alma gemela, comparte camino desde hace más de veinte años. “Rachele y su hermano, mis hijos, vienen ahora. Les estamos esperando y por fin vamos a pasar un verano todos juntos. Este verano será diferente. Más bien tranquilo, tampoco tenemos tantas ganas de viajar con la pandemia tan acelerada que tenemos con el covid. Estoy feliz porque también llega mi hermanita Ariadna y vamos a hacer un pool perfecto”.

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