Carla Suárez: la historia de un cáncer y la homosexualidad en el deporte
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Tokio 2020

Carla Suárez: la historia de un cáncer y la homosexualidad en el deporte

La tenista se enfrenta a sus últimos Juegos Olímpicos, una decisión que tomó antes de saber que tenía cáncer y que, una vez superado, no ha cambiado

placeholder Foto: Carla Suárez, en una imagen de sus redes sociales. (Instagram @carlasuareznava)
Carla Suárez, en una imagen de sus redes sociales. (Instagram @carlasuareznava)

Pensaba haberse retirado el año pasado, pero resultó no ser el más propicio, no solo a causa de la pandemia, que hizo que todas las competiciones deportivas sufrieran cambios, también por su situación personal. Gracias a eso, estas serán las últimas Olimpiadas en las que veamos competir a Carla Suárez, pero lo hará con todas las ganas y la ilusión del mundo.

La canaria de 32 años ha regresado a las pistas a lo grande, con la intención de dar lo mejor de sí misma y dejar el pabellón español por todo lo alto, a pesar de saber que su cuerpo ya no reacciona igual ante las duras exigencias del tenis de élite tras superar el linfoma de Hodgkin que le fue diagnosticado a mediados de 2020, una enfermedad a la que también se han tenido que enfrentar otros rostros conocidos, como Dani Rovira, quien no dudó en mostrarle su apoyo cuando se conoció la noticia.

Era septiembre cuando la joven hacía público que le habían diagnosticado este cáncer, por suerte la previsión era buena, así se lo dijeron los médicos, y el tratamiento fue inmediato, comenzó con la quimioterapia y se alargó durante los siguientes seis meses. Un proceso duro, que ella afrontó con el mejor de los ánimos y con ganas de ponerse bien y que, por suerte, consiguió los resultados esperados.

Durante todo el tratamiento estuvo arropada por quienes más la quieren, sus padres y su hermano le mostraron todo su apoyo, pero sin duda fue la presencia de su novia, la futbolista Olga García, quien más ánimos le dio para seguir plantando cara a la enfermedad. “La vida a veces te pone a prueba. Solo queda afrontar esta nueva situación mirando hacia delante y, como siempre nos decimos: Positive mind (pensamiento positivo)”, le escribía como muestra de apoyo en sus redes sociales una vez que Carla confirmaba su enfermedad. “Nunca dejes de sonreír, eso es lo que me has enseñado. Contigo”.

Parece que mantener esa mente positiva a la que su novia hacía referencia ha sido una estupenda forma de enfrentarse a este cáncer porque no solo ha podido curarse, también retomar su carrera para poder despedirse por todo lo alto, como ella quería hacer, compitiendo. Su regreso a las pistas, el pasado mes de junio, fue de lo más emotivo, y además coincidió con el 29 cumpleaños de Olga, un Roland Garros que no pudo ganar, pero que le demostró que podía conseguirlo.

“Mi admiración ABSOLUTA”, escribía entonces Olga en su cuenta de Instagram. “Te despides de Roland Garros con 2 horas y 30 minutos de partido y después de 15 meses sin competir y luchar contra un cáncer, ejemplificas los valores de DEPORTISTA. Mi mejor regalo hoy ha sido verte de nuevo en la pista. Chapeau”.

Ahora Tokio 2020 es su siguiente parada, estos serán los cuartos Juegos Olímpicos en los que participe tras Beijing 2008, Londres 2012 y Río 2016. Una aventura que afronta agradecida y con ganas de disfrutarla al máximo. “Serán especiales por todo lo que he pasado, porque voy a jugar con Garbiñe por última vez, porque al final unos Juegos Olímpicos siempre son especiales por la magnitud que tienen, pero sobre todo porque ahora sí que sí van a ser los últimos”, afirmaba durante una entrevista para ‘Sport’.

Una vez que ‘cuelgue la raqueta’, su vida será completamente diferente. Seguramente pueda pasar más tiempo junto a su pareja, que milita en el club Escuelas de Fútbol Logroño de la primera división femenina, así como con Blue, la gata de la pareja y de la que ambas están completamente enamoradas, tanto es así que tiene su propia cuenta de Instagram. Porque, además de deportista, Carla es también amante de los animales.

Gracias a sus redes sociales hemos podido ver cómo no deja pasar la oportunidad de fotografiarse -o de fotografiar porque la fotografía es otra de sus pasiones- con casi cualquier animalillo que se cruza en su vida, ya sea un canguro anónimo o las mascotas de sus amigas, a las que no puede resistirse. Con gran tristeza tuvo que despedirse el pasado mes de diciembre de Congo, el bulldog francés de su hermano Jose, al que conocen como el Boca y con quien mantiene una relación muy cercana y de complicidad.

También demostró estar muy unida a su madre; de hecho, no pudo evitar las lágrimas durante una rueda de prensa hace unas semanas. Su madre había estado entre el público durante el partido y ella reconoció que era normal que le hiciera ilusión verla sobre la pista, sobre todo después de la enfermedad que ha tenido que afrontar y lo duro que había sido también para su familia.

A pesar de que Tokio suene a despedida para ella, Carla ya ha confirmado que esta no será su última competición, planea que su adiós sea el US Open, tal y como confirmó para la Cadena SER. Una retirada en sus propios términos que lleva tiempo planeando y que seguro que le abre la puerta a nuevos retos y aventuras que está deseando emprender.

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