La Concha Márquez Piquer más desconocida: una lectora voraz con poderes adivinatorios
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OBITUARIO

La Concha Márquez Piquer más desconocida: una lectora voraz con poderes adivinatorios

Actriz, cantante, empresaria y escritora, fue una mujer multidisciplinar que no pudo desarrollar todo su potencial

Foto: Concha Márquez Piquer. (Getty)
Concha Márquez Piquer. (Getty)

Concha Márquez Piquer ha fallecido a los 75 años. En septiembre pasado estuvo ingresada por problemas respiratorios de los que se recuperó. Una vez que le dieron el alta, volvió a su casa donde vivía con su marido, Ramiro Oliveros, su compañero de viaje. Desde que apareció la pandemia, la artista se encerró y no volvió a la vida social. Su salud no lo aconsejaba. Antes de que se cerrara el mundo, tampoco le interesaba alternar.

Ella misma reconocía que le aburrían las fiestas y que en la sociedad de ahora había mucho nuevo rico y mucho advenedizo que nada tenían que ver con la gente guapa de antes. Incluso criticaba a su sector, que no entendía que a un estreno había que ir bien vestido. “Por educación. Por uno mismo y por respeto a los demás. Si ahora los propios protagonistas van como si fueran 'homeless'. No me interesa. Prefiero viajar y que vengan a casa mis amigos”. Así hablaba hace cuatro años cuando presentó su libro de memorias ‘Yo misma’ (Letra Clara), en el que narraba su vida oficial y recreaba otros capítulos de su existencia salpicada de anécdotas.

placeholder Concha Márquez Piquer, durante la presentación de su autobiografía. (EFE)
Concha Márquez Piquer, durante la presentación de su autobiografía. (EFE)

Ese día en la SGAE, que fue el lugar elegido, apareció como siempre con sus joyas, sus ojos verde esmeralda pintados con lápiz negro y marcando el rabo en el parpado superior y el pelo rubio platino. Aseguraba que, a diferencia de su madre, que era morena, ella siempre fue rubia, “igual que mis hijas”.

En un capítulo contaba la versión de su separación de Curro Romero y las razones de no facilitar la nulidad para que el torero se casara por la iglesia con Carmen Tello. “No quiero que en un papel de la iglesia diga que no hubo matrimonio y que mis hijas pasen a ser putativas. Me casé ante Dios y eso no lo va a cambiar nadie”. Esta manera de pensar no entorpecía la relación con el torero: “Nos llevamos de manera civilizada. Suele venir por aquí (por su casa) cuando puede para ver a las niñas”. En su historia aparecían Lola Flores, Carmen Sevilla, Concha Velasco, Arturo Fernández, el mundo taurino, el artístico y el social.

El incidente de la lámpara

Concha Márquez Piquer solo fue Conchita hasta que falleció su madre, la gran Concha Piquer. Tuvo una infancia muy diferente a la de las niñas de la época porque su madre quiso, desde siempre, que supiera idiomas. Cuando se la entrevistaba, mezclaba palabras en francés y en inglés para demostrar ese conocimiento. Era culta, leía varios periódicos entre los que no faltaban los diarios extranjeros. Aseguraba que lo que más le gustaba era la información económica y manejaba (decía) los índices bursátiles, preferentemente el nikkei. La razón de esta preferencia no la daba, pero sí en cambio presumía de ciertos poderes de adivinación. Una de las anécdotas que relataba tenía que ver con un terremoto en un país asiático que predijo y otra con cómo una vez en un hotel donde estaba alojada sintió que la lámpara del lobby se iba a desprender, y así sucedió. Esa premonición la salvó a ella y a Ramiro Oliveros porque, según sus confesiones, “lo normal era que hubiéramos estado debajo”. Lo que no pudo predecir fue la muerte de su hija Coral en 1968 en accidente de tráfico. Hubo un antes y un después de esta tragedia de la que nunca se recuperó.

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Concha, en una foto de archivo. (EFE)

Concha Márquez era una mujer que establecía distancias si no le caías bien. Una vez que desaparecía ese prejuicio con el periodista, era amable, divertida y una gran contadora de historias. Su casa de 600 metros cuadrados situada en el paseo de la Castellana, donde vivió con sus hijas hasta que se fueron, era el lugar donde recibía a la prensa en los años 80. Lo primero que hacía era ofrecer café “espeso y oloroso”, que era como ella lo tomaba. Una empleada (vestida con delantal almidonado) servía en bandeja de plata, herencia de su madre. Una de las cosas que más le gustaba era cocinar. Y a veces lo hacía a las doce de la noche: “Me levanto tarde porque por la noche duermo poco. Y entonces lo que hago es entrar en la cocina y preparar mis especialidades”. La más solicitada por las hijas y las amistades eran las que tenían como ingrediente principal la pasta. Aprendió a cocinarla en Roma, donde tenía muy buenos amigos y pasaba temporadas. De aquella casa llena de recuerdos, su mueble preferido era un escritorio Luis XV. Lo enseñaba mientras explicaba: “De él han salido los documentos que he escrito más importantes de mi vida. Cartas de amor y desamor, contratos. Ha sido testigo fundamental de todos mis actos”.

Concha, actriz, cantante, empresaria y escritora, fue una mujer multidisciplinar que no pudo desarrollar todo su potencial. La alargada sombra de su madre, doña Concha, siempre estuvo presente para ella y para los demás. Descanse en paz.