El libro de Cayetana Álvarez de Toledo, en clave personal: su padre, su ex y la familia
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El libro de Cayetana Álvarez de Toledo, en clave personal: su padre, su ex y la familia

La diputada del PP ha convulsionado el paisaje mediático con 'Políticamente indeseable', su nuevo libro, donde también aporta "retazos de una memoria familiar" aristocrática y repleta de nombres propios

Foto: Cayetana Álvarez de Toledo. (Alamy)
Cayetana Álvarez de Toledo. (Alamy)

'Políticamente indeseable' (Ediciones B), el nuevo libro de Cayetana Álvarez de Toledo, ha roto el panorama político desde que el pasado domingo 'El Mundo' adelantara parte de su contenido con una entrevista a la diputada del Partido Popular. A lo largo de sus más de 500 páginas, la también periodista hace una crónica detallada y vertiginosa de los acontecimientos que rodearon su vida profesional y privada desde que Pablo Casado le propuso ir en las listas como número 1 por Barcelona para las elecciones generales del 28 de abril de 2019 hasta su destitución como portavoz del partido. La pluma de Cayetana salpimenta la narración con detalles autobiográficos donde aborda sus orígenes familiares, su infancia cosmopolita, su boda con Joaquín Güell o la figura de su padre.

Como uno de los ataques habituales que ha recibido a lo largo de su carrera política ha sido precisamente a propósito de sus orígenes, de su identidad, Álvarez de Toledo ha decidido convertir este asunto en un pasaje más del libro. Cayetana es fruto de una relación puntual entre Jean Álvarez de Toledo Giraud, marqués de Casa Fuerte que nunca residió en España, y la argentina Patricia Peralta Ramos. Detrás de esta frase tan sencilla hay una "cartografía moral, intelectual, lingüística y familiar" que abarca "medio planeta" (como dejó escrito David Gistau) y apabulla de tantos nombres propios. La memoria familiar de Cayetana a ratos parece la de un relato de Stefan Zweig, porque es la memoria del siglo XX.

placeholder Cayetana, en un momento de reflexión. (EFE)
Cayetana, en un momento de reflexión. (EFE)

Su padre es una constante en el libro, la figura ensanchada por la admiración de la hija. "Mi padre fue, ante todo, un hombre libre. Luchador, carismático, optimista, apasionado, el seductor total [...] Su infancia, entre un castillo perdido en los Abruzzi italianos y un severo internado de Versalles, fue agreste como la vida de entreguerras. Huyó de la Francia ocupada por los alemanes con su madre, una excelente violinista de vanguardias, y con 14 años se instaló en Nueva York [...] Allí se convirtió en un espectador furtivo de las fiestas de Peggy Guggenheim y Max Ernst. En el compañero de aventuras de un promisorio actor llamado Yul Brynner [...] Y en un jovencísimo empleado de La Voix de l'Amérique, la radio de los franceses en el exilio. Su compañero del turno de noche era André Breton, conversador y cascarrabias".

Un nuevo apellido a los tres años

El padre, tras alguna penuria, consiguió trabajo en una naviera medio quebrada con sede en Róterdam y la reflotó "a base de trabajo y talento hasta amasar una fortuna que repartió entre amores, hijos, amigos y proyectos". Su madre era "una niña bien de la Recoleta, rebelde, progre, libérrima y lectora, a la que las contracciones del parto sorprendieron en Medinaceli, un pueblo metafísico de la provincia de Soria, donde ella y su primera pareja, el pintor Rómulo Macció, tenían una vieja posada convertida en casa y atelier".

Explica Cayetana: "Nací ochomesina en el limbo que separa el 'ius soli' del 'ius sanguinis': ni argentina ni española. Y además sin padre oficial. En el Registro Civil de Madrid me inscribieron como 'Cayetana Peralta Ramos. Sexo: Hembra. Padre: A efectos identitarios, Rómulo'. De vuelta en Buenos Aires, después de un engorroso trámite administrativo dilatado por motivos sentimentales, mi padre logró el reconocimiento de filiación. Yo tenía casi tres años. Vestida de marinerita, tomando un helado de dulce de leche, recibí la noticia en la voz alegre de mi madre: 'A partir de ahora tu apellido será Álvarez de Toledo".

La niña Cayetana fue apátrida hasta los 18 años, cuando obtuvo la nacionalidad argentina. Creció "entre las ardillas del barrio londinense de Hampstead y los carpinchos de la provincia de Entre Ríos", fue educada en el exclusivo colegio Northlands, donde también estudió la reina Máxima de Holanda. Pero también creció en Francia, nacionalidad que le legó su padre cuando se graduó. "En París, en una elegante planta baja del número 55 de la Rue de Verneuil [...] gocé de muchos inviernos refinados y por momentos solidarios. Papá pasaba horas fuera de casa y yo jugaba o leía en la veranda. Pero entonces venía a recogerme y se abría el cielo". Años después también se haría "por fin española". "'¿Cuál es entonces su identidad?' Me lo han preguntado tantas veces. En realidad es la pregunta de mi vida".

Española, sí, "por una mezcla de circunstancias personales y políticas". "Mi abuelo paterno, Illán de Casa Fuerte, fue un español de Nápoles, romántico y desarraigado. Sobrino de la emperatriz Eugenia de Montijo [...], fue buen amigo de Marcel Proust, que le dedicó páginas sublimes de las que guardo un manuscrito encuadernado [...] Mi padre, en cambio, tuvo poca relación con España hasta el ecuador de su vida. Sin embargo, de los inviernos cazando perdices chez Landaluce, padre de la periodista Emilia, los fogosos veranos en Sanlúcar [...] y una curiosidad viral surgieron una pasión y un compromiso. Hasta el punto de que acabó recuperando el título de marqués de Casa Fuerte, abandonado tras la muerte de su padre".

"Generador, velas, chimenea y amor"

También dedica Cayetana Álvarez de Toledo un espacio amplio a la pareja de su madre, el pintor Rómulo, referente de la pintura argentina y "un segundo padre" para ella. A Tristana, su hermana, hija de Rómulo y su madre y "cuatro años mayor" que ella, su "cómplice y mejor amiga". A sus hijas Cayetana y Flavia, siempre presentes, por supuesto. Y a su exmarido, el empresario Joaquín Güell, uno de los principales 'culpables' de que la identidad de Álvarez de Toledo se sitúe ahora más cerca de España. La política narra su primer encuentro en su pequeño piso de la calle Justiniano:

"En una fiesta improvisada -invité a veinte, se colaron sesenta- conocí a un chico distinto a todos los que mis autoproclamadas celestinas me habían ido presentando desde mi llegada a España. Un hombre inteligente, culto, seductor, elegante y divertido. Un catalán cosmopolita y liberal, rarísima avis. Joaco Güell. Me enamoré por primera vez y después de un año viviendo alejados -tuve que regresar a Londres para terminar mi doctorado- y otro juntos, nos casamos. Fue una gran boda en Barcelona [...], en Pedralbes, bajo un cielo de tormenta que se quebró en pleno 'sí, quiero', para abrirse exultante después".

placeholder Joaquín Güell, exmarido de Cayetana. (Gtres)
Joaquín Güell, exmarido de Cayetana. (Gtres)

Hubo almuerzo y una fiesta "voluptuosa y de esmoquin" en La Paloma, en el barrio del Raval. En una de las mesas se sentaban el hispanista John H. Elliott (director de la tesis de Cayetana); Pedro J. Ramírez; el histórico presidente de La Caixa, Josep Vilarasau, y Javier Godó, dueño del grupo La Vanguardia.

El viaje de novios fue a Nápoles y Palermo. Los recién casados tuvieron su "primera vida íntima y doméstica en los aledaños del parque del Retiro y los Montes de Toledo". España dejó de ser para Cayetana un "objeto de frío estudio académico" y se convirtió en su hogar. Recuerda la diputada en otro momento del libro el lugar en los Montes de Toledo donde Joaco y ella vivieron aquellos primeros años, hasta que pudieron construirse una casa de campo. Era "una antigua paridera sin acceso a la red eléctrica ni calefacción: generador, velas, chimenea y amor".

Esquí en Verbier

Describe la diputada alguna de las vivencias que han jalonado su vida matrimonial. Los veranos en Comillas, el País Vasco o Mallorca ("fui por primera vez con Joaco hace trece años, en una habitación de piedra vieja y lino blanco me enteré de que estaba embarazada de mi primera hija"). Las navidades esquiando en la estación suiza de Verbier, desde donde escribió aquel tuit que la hizo famosa ("no te lo perdonaré jamás, Manuela Carmena. Jamás"). O aquella vez que Güell y ella escribieron a Albert Boadella, "con un descaro muy poco característico" para solicitar al dramaturgo que les diera "un par de clases de oratoria". "Nos contestó de inmediato invitándonos a su insólita casa de verano en el recóndito Rupit. Allí pasamos tres días felices de agosto", ella embarazada de pocas semanas.

placeholder La familia real, saludando a Pablo Casado, Adriana Lastra y Álvarez de Toledo. (EFE)
La familia real, saludando a Pablo Casado, Adriana Lastra y Álvarez de Toledo. (EFE)

La diputada se refiere en una ocasión al rey Felipe, a quien conoció por primera vez siendo Príncipe, en la boda de sus amigos Xandra Falcó y Jaime Carvajal Hoyos. Cayetana describe al Rey como "tímido, inteligente y atractivo". "A su alrededor revoloteaban decenas de jóvenes aristócratas europeas, cautivas de sus propias ensoñaciones. Yo lo miraba con la curiosidad de la historiadora: ¡el heredero de Carlos V!".

Lágrimas con sus hijas

Cayetana Álvarez de Toledo habla sin pudor de sus propios defectos. Se reconoce arrogante, sabe que no es una "hábil gestora de sentimientos, propios o ajenos", no es simpática, trabaja con dificultad en equipo y tiende a la soledad. Es una privilegiada, "qué duda cabe", pero "no solo por los motivos evidentes". Glosa entonces la figura de las mujeres de su familia, todas independientes, inteligentes y libres. Su madre, nacida en una familia de la vieja oligarquía argentina, que se matriculó en Filosofía y Letras en la Universidad de Buenos Aires, "epicentro de la oposición marxista a los militares". Su abuela materna Beba, divorciada muy joven. La paterna, Yvonne, nacida en Marsella, que se convirtió en una brillante violinista y miembro de las vanguardias, 'madrina' de Leonard Bernstein, amiga de Dalí o de Edward James.

Güell va teniendo menos protagonismo en el libro hasta que desaparece, y es así como el lector intuye que, aunque son familia, no hay ya amor romántico. Los pasajes sobre las dos hijas de ambos, hoy casi adolescentes o preadolescentes, son los más emotivos del libro y los que más acercan al ser humano detrás del personaje, con su vulgar sentimiento de culpabilidad de madre trabajadora, como cualquiera.

Sirva este ejemplo, tras el fracaso del 28 de abril: "Pasadas las dos de la mañana, subí a mi habitación. Entré despacito, sin hacer ruido, para no despertar a Flavia, que esa noche, adelantándose a su hermana, se había pedido dormir conmigo. Pero ahí estaba, tumbada en el centro de la cama, con su crujiente camisón blanco, viendo una película sobre un cerdito perdido. Había querido esperarme despierta. Levantó la mirada y me dedicó una sonrisa grande y plenamente consciente de mi dolor. La abracé y lloramos. Y nos reímos. Y me desplomé".

Cayetana Álvarez de Toledo
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