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Tomás Páramo, de las revistas a la frontera de Ucrania: "Sentía que tenía que ponerme en primera fila"
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3.000 KM DE SOLIDARIDAD

Tomás Páramo, de las revistas a la frontera de Ucrania: "Sentía que tenía que ponerme en primera fila"

El influencer, muy conmovido, comparte con Vanitatis su experiencia en el país que está luchando contra la invasión rusa, a donde ha viajado para llevar ayuda y traer a algunas familias a España

Foto: Tomás Páramo y María G. de Jaime. (Redes)
Tomás Páramo y María G. de Jaime. (Redes)

En los últimos dos años, el mundo se ha encargado de dejarnos claro que hay circunstancias por las que es imposible que pasemos de puntillas, y la situación en la que se encuentra Ucrania casi tres semanas después de que comenzara la ofensiva de Rusia es una de ellas. La ola de solidaridad que se ha creado para ayudar a todos aquellos que deben dejar atrás su vida y su país ha sido sin duda enorme, y a ella se han unido muchos rostros conocidos que han querido utilizar las herramientas a su alcance para poder ser una mano más de las muchas que se necesitan. Tomas Páramo, influencer con 328.000 seguidores en Instagram, es una de esas personas famosas que no han dudado en apartar su vida durante unos días, remangarse y buscar la manera de ayudar.

Lo ha hecho formando parte de un convoy de 50 voluntarios que la semana pasada viajó hasta la frontera de Ucrania con el objetivo, primero, de transportar enseres y ayuda para las personas que están allí, y segundo de poder traer al mayor número de familias posible a España. Ya está de vuelta y ha necesitado un par de días para reponerse.

Hablamos con él estos días, mientras se encuentra inmerso en una recogida de comida y artículos sanitarios que está organizando junto a un grupo de voluntarios Erasmus en la parroquia de San Jorge, para que el jueves puedan salir de camino a la frontera. Avisa de las necesidades que ahora mismo son más urgentes de cubrir: mantas térmicas, termos, comida envasada ya cocinada, ropa de cama, sacos de dormir y chanclas de ducha. Una vez nos explica esta iniciativa para que cualquiera podamos acudir a prestar ayuda, nos habla, rompiéndose en varias ocasiones, de lo que ha supuesto para él el viaje humanitario del que acaba de regresar:

“Realmente no tengo palabras para poder contarlo. A la ida llevábamos un impulso de adrenalina, que hicimos 3.000 km como si fueran 400, y llegamos allí y vimos un gran despliegue de solidaridad, sobre todo del pueblo polaco, impresionante, pero también de mucha gente española. Poner realidad a las imágenes que vemos desde aquí es algo que se te clava en el alma, yo estoy ahora mismo roto”, nos explica.

“Allí llegas, te encuentras con la realidad y tienes que tirar para adelante, y luego el hacer el viaje de vuelta con familias que están completamente fuera de sí, aterradas, horrorizadas, que no saben realmente ni dónde van, ni qué va a ser de su vida, y que con suerte se traen una maleta… No hay ni un solo padre, hay muchísimas mujeres jóvenes solas, solteras y mujeres con niños, familias rotas… y tú tienes que sacar fuerza porque ellos necesitan ver en ti esperanza, no lágrimas…”, añade haciendo un evidente esfuerzo.

Foto: Leticia Álvarez e Irene Savio, haciendo la cola para comprar comida en Ucrania.

El regreso tampoco ha sido fácil. Tuvieron varios problemas durante el larguísimo viaje (entre otras circunstancias se rompió su furgoneta y les paró la policía), pero además emocionalmente le está costando la idea de recuperar su vida normal después de ver lo que allí ocurre: “Llegar aquí a Madrid ha sido duro. No puedo ni quiero ver a nadie porque no soy capaz de transmitir lo que la gente quiere saber, de poner en palabras lo que he vivido, me encuentro como fuera de mí. Veo que el mundo sigue funcionando alrededor, porque al final tiene que ser así, pero yo me he quedado con la cabeza allí”.

Está recibiendo mucho apoyo, pero siente que este no debe ser para él: “Cuando me dicen ‘ánimo’ es como que me molesta, porque yo no necesito el ánimo, lo necesitan ellos. Yo siento que he ayudado, pero que la ayuda tiene que ser mucho más multitudinaria, lo necesitan todo. No es traerlos y a ver dónde se les mete, es que hay que ayudarles a todo, hay que lograr que tengan una vida digna lo antes posible. Ellos vienen rotos, dejan allí padres, maridos, personas mayores que por la razón que sea no quieren venirse, su casa que no saben si sigue o si ya no está, si volverán… Entonces soy incapaz de explicar cómo me siento”.

Además, le está resultando muy complicado separar lo vivido de su día a día: “Me siento un privilegiado porque tengo mi vida y a mi familia. Cuando llegamos con el convoy, estaba María esperándome con mis hijos y jo, para que me entiendas, llegué a sentirme mal por la suerte que tengo, porque ellos estaban ahí, y todas las personas que venían con nosotros habían dejado allí su vida y a sus padres”.

Se le ha felicitado mucho por la decisión de viajar hasta allí y prestar su ayuda, por visibilizar el problema a través de su altavoz, que son las redes sociales. Él tiene una clara opinión sobre la ‘responsabilidad’ que se les presupone a los influencers a la hora de visibilizar este tipo de situaciones: “Creo que cada uno debe hacer lo que le salga del corazón. Yo, desde que todo esto comenzó, no he podido sentirme indiferente a ello, y sentía que tenía que ayudar en el barro, ponerme en primera fila. No digo que todo el mundo tenga que hacerlo, pero sí que es muy importante que se haga. Que, igual que visibilizamos muchas cosas, hay que visibilizar también el mundo tan horrible que están viviendo millones de personas”, afirma.

"Llevo unos días sin trabajar, he hablado con las marcas para las que trabajo y he parado porque no podía, no me sale del corazón"

Y matiza: “Que alguien no lo haga delante de la pantalla tampoco quiere decir que no esté ayudando o que alguien continúe con su trabajo, que en mi caso es hacer publicidad, tampoco quiere decir que se sea indiferente, que a veces los influencers cargamos con la culpa de muchas cosas, porque el que trabaja en una oficina no deja de hacer su trabajo y me parece bien. Yo llevo unos días sin hacerlo, he hablado con las marcas para las que trabajo y he parado porque no podía, no me sale del corazón, pero la gente que sí lo está haciendo no está haciendo nada malo”.

Poco a poco, Tomás irá tomando el pulso de nuevo a su día a día junto a su mujer, la también influencer María García de Jaime, aunque tiene claro que continuará prestándose para ayudar en todo lo que pueda y que queda un camino muy largo por recorrer. Tanto es así que, antes de despedirnos, nos pide que nos hagamos eco "de la organización con la que estamos haciendo recogida o de cualquier otra". "Os lo agradezco porque, mira, prefiero que salga mil veces la ayuda que mi nombre”. Así que queda dicho, nos espera en Madrid, en la calle Damián, 22, en la parroquia Jorge Juan, con los proyectos Nadiya y Ayuda en Wroclaw.

En los últimos dos años, el mundo se ha encargado de dejarnos claro que hay circunstancias por las que es imposible que pasemos de puntillas, y la situación en la que se encuentra Ucrania casi tres semanas después de que comenzara la ofensiva de Rusia es una de ellas. La ola de solidaridad que se ha creado para ayudar a todos aquellos que deben dejar atrás su vida y su país ha sido sin duda enorme, y a ella se han unido muchos rostros conocidos que han querido utilizar las herramientas a su alcance para poder ser una mano más de las muchas que se necesitan. Tomas Páramo, influencer con 328.000 seguidores en Instagram, es una de esas personas famosas que no han dudado en apartar su vida durante unos días, remangarse y buscar la manera de ayudar.

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