Bad Gyal, del perreo al activismo por Palestina en el Arenal Sound: ¿Puede haber música sin política?
La artista utilizó su actuación en el festival de Burriana, relacionado con el fondo KKR con inversiones en Israel, para posicionarse ante la masacre que se vive en la Franja de Gaza
Bad Gyal, en el Share Festival. (EFE / Marta Pérez)
En Burriana, la noche del domingo se partió en dos. Mientras las luces del Arenal Sound bailaban al ritmo del dembow, Bad Gyal detuvo el beat. Entre canción y canción, la artista catalana alzó la voz, no para cantar, sino para hablar. “No he querido fallaros, pero siento que es supernecesario mostrar públicamente mi apoyo al pueblo de Palestina”, dijo al público. El gesto —valiente para algunos, oportunista para otros— abrió un nuevo capítulo en el debate que atraviesa el mundo de la música este verano: ¿deben los artistas pronunciarse ante conflictos internacionales?
"Son figuras públicas y, por tanto, con su imagen pública transmiten una serie de valores", apunta Óscar Gómez Pascual, semiólogo y profesor en la Universidad Carlos III. Y ahí va a estar la sanción del famoso. Según el experto, en el futuro se creará y cancelará a una tipología de estrellas que apoyaron a Israel o no hablaron. "La historia les va a juzgar, quizás no hoy ni mañana, pero les va a juzgar", sentencia.
Bad Gyal lo dijo con serenidad, sin aspavientos. “Me parece inhumano lo que está ocurriendo y no podemos mirar hacia otro lado”, sentenció en referencia al genocidio en Gaza. Enfrente, una multitud encendida la aplaudía. El eco llegó enseguida a redes sociales, donde su intervención se viralizó tanto como se polarizó.
La cantante Bad Gyal condena tajantemente el genocidio que está sufriendo Palestina 🇵🇸 pic.twitter.com/eolEUvtvzq
Para unos, la cantante supo estar a la altura. Para otros, el gesto perdía fuerza al haberse producido en un festival organizado por The Music Republic —promotora comparada por Superstruct Entertainment Iberia,empresa británica bajo el paraguas del fondo de inversión proisraelí KKR— y debía haber cancelado.
Cabe recordar que el evento comenzó con protestas a sus puertas convocadas por las plataformas Castelló per Palestina y BDS Castelló para instar a sus organizaciones a adherirse "al boicot cultural a Israel". Y es que toda la polémica nace de un artículo publicado por 'El Salto' que destapó que el fondo se había dedicado a "invertir en firmas israelíes de ciberseguridad, aportar capital para centros de datos y poseer la propiedad mayoritaria del conglomerado mediático que ofrece viviendas en territorios palestinos".
En Estados Unidos, el público está cancelando a sus estrellas más comprometidas, sin embargo, tal y como afirma el experto, en España ocurre lo contrario: piden que se posicionen. "Ya lo decía el otro día Joaquin Phoenix: no hace falta ser un experto en geopolítica para entender los derechos humanos y para comprender que no se puede matar a los niños de hambre. Lo que está pasando es demasiado grave, es un genocidio, y eso lleva a una especie de sentir colectivo", explica el semiólogo. Añade que se crea un pacto tácito entre fans y famoso: si tú traicionas mis expectativas, yo voy a dejar de consumirte. "La presión que tienen es que al final viven de su dinero", señala.
La cantante Bad Gyal saluda a sus fans a su llegada a la presentación del documental 'La Joia'. (Europa Press)
Sin embargo, ¿el gesto simbólico pierde validez si se hace desde dentro del sistema que se denuncia? De hecho no. El experto opina que "su silencio puede ser una censura disfrazada de neutralidad por los intereses que se esconden tras las empresas que les contratan". De manera que, oponerse en el mismo canal, es un hecho casi de honradez. "Es lo que decía Desmond Tutu: 'Si una persona se mantiene neutral o no dice nada ante una situación de injusticia, se está poniendo al lado del opresor", remata.
Los festivales y la música como campo de batalla
El Arenal Sound no ha sido el único. Este verano, festivales como el Sónar, el FIB o Resurrection Fest han sido objeto de protestas, boicots y cancelaciones por parte de artistas, tras destaparse los vínculos del conglomerado estadounidense. La espantada más notable fue la del Sónar, donde más de 50 artistas y bandas cancelaron su actuación en solidaridad, como Residente, uno de los nombres fuertes que se cayeron durante el verano.
Samantha Hudson fue una de las últimas en bajarse del cartel: “No encontraba sentido llevar a cabo mi espectáculo en un contexto tan doloroso y complejo”, explicó. Amaia, Alizzz o Carolina Durante sí actuaron, pero con mensajes explícitos en favor del pueblo de Gaza.
El escenario principal del Arenal Sound. (EFE / Andreu Esteban)
En el caso de Bad Gyal que no canceló, sí quiso posicionarse. “Gracias a toda la gente que lucha para que esta situación se acabe lo más pronto posible”, dijo con el micrófono en la mano y la mirada seria. En redes, mientras tanto, la controversia se disparaba.
Muchos perfiles comparaban su gesto con el silencio de Rosalía, acusada de “complicidad” tras no pronunciarse, y la tachaban de hablar para evitar el revuelo que se había formado con su paisana. "¿Desde cuándo pedir que no se mate civiles e inocentes es una cosa controvertida?", se pregunta Gómez Pascual.
El caso Rosalía: cuando el silencio también habla
Fue el diseñador Miguel Adrover quien encendió la mecha. Se negó a confeccionar un traje a medida para la compositora de 'El Mal Querer' como protesta por su silencio sobre Palestina. Lo hizo público. Dos días más tarde, la artista publicó un comunicado: “No veréis aquí un texto perfecto, pero es mi verdad. Condeno lo que está pasando. El señalamiento debería ir hacia arriba, no entre nosotros”.
Rosalía, en la Met Gala. (Reuters / Mario Anzuoni)
Un mensaje que llegaba con retraso para algunos, pero que también abre otro flanco del debate: ¿tienen los artistas la obligación de posicionarse? "Son personas que movilizan valores, ideas y generan modelos de conducta. Tienen la responsabilidad moral de lanzar un mensaje claro, no hace falta ser activista, solo tener conciencia", aclara el profesor. La clave de ese deber reside en su visibilidad: "Los humanos corrientes solo pueden postear en redes sociales e ir a manifestaciones. Las figuras públicas son las que tienen el poder de ejercer otras formas de presión".
Algunos de los críticos con Bad Gyal consideran que no se debe mezclar el terreno profesional —sus actuaciones— con el personal —sus ideas—. "No es ninguna ruptura en absoluto. Lo que ella hace es político. Forma parte de una subcultura en la que la mujer expresa de manera empoderada su deseo. Su lenguaje, su manera de estar en el escenario... son políticas", asegura el semiólogo.
No existen unas reglas marcadas sobre el activismo pop. La cultura pop siempre ha sido territorio político, aunque ahora lo sea bajo nuevas formas y con nuevos altavoces. En los 80 fue U2, en los 2000 Beyoncé. Hoy, las estrellas del reguetón, del trap o del indie también se posicionan, aunque lo hagan desde escenarios donde los intereses financieros se entrelazan con los intereses morales.
Bad Gyal no fue la única en hacerlo. En O Son do Camiño, Amaia gritó: “Palestina libre siempre”. Carolina Durante desplegó la bandera palestina y anunció que no volverían “a participar en ningún festival relacionado con Israel”. Alizzz proyectó mensajes como “Llibertat per Palestina” o “Delete KKR”. Son códigos nuevos, simbología pop al servicio de causas globales.
Y mientras tanto, el público sigue yendo. Sónar cerró con récord de asistencia: 161.000 personas. O Son do Camiño también. El Festival de Les Arts, igual. Parece una contradicción teniendo en cuenta que es el público el que está reclamando a los artistas que se posicionen, pero la respuesta también es fácil: las entradas de estos espectáculos se agotaron con meses de antelación. Habrá que esperar a las próximas ediciones para ver el criterio de los fans.
Lo que está claro es que la música ya no es un espacio neutro. Ni para los artistas, ni para el público. Cada canción, cada escenario, cada palabra —o silencio— pesa. En el caso de Bad Gyal, su decisión de hablar desde dentro del sistema en vez de renunciar a él, plantea debates difíciles. Sin embargo, Gómez Pascual lo tiene claro: “El escándalo no es que los famosos hablen, sino que se normalice la muerte de inocentes. Apoyar a quienes están siendo masacrados no debería ser un acto heroico, sino un mínimo ético”.
En Burriana, la noche del domingo se partió en dos. Mientras las luces del Arenal Sound bailaban al ritmo del dembow, Bad Gyal detuvo el beat. Entre canción y canción, la artista catalana alzó la voz, no para cantar, sino para hablar. “No he querido fallaros, pero siento que es supernecesario mostrar públicamente mi apoyo al pueblo de Palestina”, dijo al público. El gesto —valiente para algunos, oportunista para otros— abrió un nuevo capítulo en el debate que atraviesa el mundo de la música este verano: ¿deben los artistas pronunciarse ante conflictos internacionales?