Cuando Javier Sartorius cambió la raqueta, Hollywood y su vida pija por servir a los demás
"Ganó el campeonato de EEUU de pádel-tenis y, una semana después, tomó un avión solo de ida. Me entregó todas sus posesiones y se marchó a las misiones", revela el entrenador Fernando Sartorius, su hermano. Ahora, se estrena un biopic
Fernando Sartorius (Madrid, 1960), pionero del entrenamiento personal en España y entrenador de celebridades como Tom Cruise o Elsa Pataky, ha forjado una vida marcada por el éxito profesional. Pero también por un vínculo fraternal muy intenso con su hermano Javier, con el que se llevaba 11 meses. Crecieron en el seno de una familia acomodada, fueron juntos a los mismos colegios (los expulsaron juntos también), y ambos se marcharon a Dallas (EEUU) a estudiar Administración de Empresas. Tras terminar los estudios se mudaron a Los Ángeles, donde se dedicaron a jugar al tenis y al pádel, a surfear y a ganar algún dinero vendiendo aspiradoras a domicilio o cuidando jardines. El destino, sin embargo, les tenía preparada una sorpresa.
Un día Javier Sartorius lo dejó todo y cambió esa vida de niño bien y joven promesa del pádel por seguir su vocación espiritual. Se marchó como misionero a Cuzco sin mirar atrás y para cuando murió, a los 44 años en el monasterio cisterciense de San Miguel de Dueñas, su ejemplo de vida había marcado a numerosas personas. El próximo 12 de septiembre se estrena 'Solo Javier', un biopic con el que la familia quiere rendir homenaje al extraordinario viaje que significó su vida. El documental descubre también la profunda conexión entre dos hermanos unidos por los sueños, los deportes y la aventura americana, pero que eligieron caminos radicalmente opuestos para encontrar un mismo propósito. Hablamos con Fernando.
PREGUNTA. Usted es considerado el primer entrenador personal de España y ha trabajado con estrellas internacionales. ¿Qué le llevó en los años 80 a formarse en Estados Unidos y apostar por una profesión que entonces apenas existía en nuestro país?
RESPUESTA. Mi camino para convertirme en entrenador personal fue un proceso, no una revelación repentina ni algo que tuviera claro desde el principio cuando fui a Estados Unidos. Todo comenzó después de mi experiencia en Los Ángeles, donde jugué pádel-tenis de manera profesional. Poco a poco empecé a descubrir el mundo del fitness y del entrenamiento personal, y fue un auténtico flechazo: de repente entendí que eso era lo que quería hacer el resto de mi vida.
Me empapé de toda esa cultura y, cuando volví a España con 37 años, me encontré con que aquí todavía no existía nada parecido. Lo introduje y lo puse de moda, convirtiéndome en el primer entrenador personal del país. Tuve mucha suerte porque el timing fue perfecto: se dieron todas las condiciones adecuadas. Y desde entonces, hasta hoy, he seguido en este camino.
P. A lo largo de su carrera ha entrenado a figuras como Elsa Pataky, Salma Hayek o Tom Cruise. ¿Qué ha aprendido de convivir con celebridades tan distintas en cuanto a disciplina, exigencia y carácter?
R. Lo que he aprendido entrenando a celebridades y observando a quienes están en la cima de sus profesiones es que, muchas veces, lo único que se ve es la gloria: cuando reciben un Oscar, cuando levantan un trofeo... La gente ve ese instante, pero no el esfuerzo que hay detrás de la historia. Todo logro exige disciplina, fuerza de carácter cada día y un sacrificio enorme. Son precisamente esas cosas que no se ven las que generan los resultados que todos admiran. No vemos lo que ocurre detrás de la cortina, no vemos los lunes, martes, miércoles y jueves de esas personas de éxito. Y, sin embargo, son individuos profundamente comprometidos, que están donde están por una razón.
P. Usted habla de ser "atleta del cuerpo", mientras que su hermano Javier fue "atleta del espíritu". ¿Cómo se complementaban esos dos mundos en su relación?
R. Sí, nuestras vidas tomaron caminos muy particulares. Cuando Javier se fue a las misiones, durante tres años se convirtió en un auténtico atleta del espíritu. Así como uno puede hacer ejercicios para el cuerpo, él realizaba ejercicios espirituales: meditación, oración, silencio... Era, en cierto modo, su gimnasio espiritual. Mientras tanto, mi vocación estaba centrada en el cuerpo.
¿Qué similitudes existen entre ambos caminos? Creo que mucho tiene que ver con la palabra “atleta” o “asceta”, que en griego significa precisamente “ejercicio”. Tanto el atleta como el asceta deben sacrificarse enormemente: a través de ayunos, disciplina y renuncias.
Javier solía llamarme desde Perú y me repetía: “La santidad va mucho más allá de la ausencia de pecado”, de la misma forma en que, para un atleta profesional, la salud va mucho más allá de la ausencia de enfermedad. ¿Qué significa esto? Que tanto el atleta profesional como el atleta espiritual comparten un mismo elemento en su camino: el sufrimiento. El deportista busca la gloria, el triunfo; el asceta, en cambio, persigue el más allá y la comunión con Dios.
"Cuando Javier se fue a las misiones, se convirtió en un atleta del espíritu. Así como uno puede hacer ejercicios para el cuerpo, él realizaba ejercicios espirituales: meditación, oración, silencio"
P. ¿Cómo nació la idea de llevar la vida de su hermano Javier al cine y qué sintió al ver materializado ese proyecto en 'Solo Javier'?
R. Estaba en Los Ángeles cuando el proyecto 'Solo Javier' comenzó de la mano de mi prima, Rosi Muguiro, y de mi hermano Mauricio. Todo surgió porque, al visitar el monasterio donde Javier había fallecido, la gente hablaba del impacto que había tenido en sus vidas y de la huella única que había dejado. Había sido un ejemplo, tanto en su enfermedad como en su muerte. Entonces mi hermano dijo: "Esto es un ejemplo de vida, ¿por qué no hacemos un documental, una película?". Fue así como él mismo vivió una especie de conversión y sintió que había que llevar la historia de Javier a la gente, en un momento en que tantos necesitan espiritualidad y algo diferente a lo puramente material. Y la verdad es que mi hermano fue una auténtica bestia, porque sacar adelante un proyecto de esta envergadura es muy difícil.
Al principio yo no quería involucrarme. Estaba en Los Ángeles y pensaba que quizá no era algo que a Javier le hubiera gustado. Pero con el tiempo reflexioné y comprendí que, en el fondo, todos somos Javier. ¿Qué significa eso? Que todos anhelamos, de una u otra manera, algo superior a nosotros mismos. Todos aspiramos a hacer el bien. Cada uno, a su manera, vive y expresa una espiritualidad propia.
Si ves la película, lo descubrirás: muestra cómo la gente necesita espiritualidad, cómo ese anhelo va mucho más allá de la religión. Es un ejemplo de vida. Y estoy convencido de que es un proyecto que hará bien a mucha gente.
P. ¿Cómo tomó Javier la decisión de hacerse misionero?
R. La decisión de Javier fue paulatina. En Los Ángeles solíamos asistir a una comunidad muy conocida en Pacific Palisades llamada Self Realization Fellowship, fundada por el gurú Paramahansa Yogananda. Era un lugar de culto de raíz hindú donde se daba mucha importancia a la meditación. Mi hermano y yo también, aunque él con mucha más intensidad, comenzamos a meditar de forma constante, a ser disciplinados con el ayuno y a sentirnos cada vez mejor.
El cambio radical llegó cuando empezó a ayudar a los sin techo en Los Ángeles, a los homeless. Ahí descubrió la paz que le daba ayudar a los demás incondicionalmente. Durante dos o tres años compaginamos el deporte profesional del pádel-tenis con esta búsqueda espiritual. Pero un día Javier decidió que quería entregarse de lleno al camino de ayudar a los pobres y seguir un sendero espiritual.
Hay un pasaje en la Biblia que él se tomó al pie de la letra. Un hombre le pregunta a Jesús: "Señor, ¿qué tengo que hacer para llegar al Reino de los Cielos?". Y Jesús le responde: "Vete a casa, vende todo lo que tienes, deja a tu familia, deja el dinero y sígueme". Y eso fue exactamente lo que Javier hizo.
Ganó el campeonato de Estados Unidos de pádel-tenis y, apenas una semana después, tomó un avión solo de ida. Me entregó todas sus posesiones; no eran muchas, pero me dio su cadena y lo poco material que tenía y se marchó a Perú, a las misiones, para trabajar con los más pobres. Allí volvió a enamorarse, pero esta vez de manera espiritual. Fue un cambio radical en su vida, y nunca miró atrás hasta el día en que murió.
"Señor, ¿qué tengo que hacer para llegar al Reino de los Cielos?". Y Jesús le respondió: "Vete a casa, vende todo lo que tienes, deja a tu familia, deja el dinero y sígueme". Eso fue lo que Javier hizo.
P. En el relato se refleja un vínculo fraternal muy fuerte. ¿Qué aspectos de esa relación quiso destacar especialmente para que quedaran plasmados en la película? ¿Le gustaría compartir algún momento en concreto que refleje esa hermandad?
R. Javier y yo éramos más que gemelos. Yo, Fernando, soy 11 meses mayor que él, pero desde pequeños nuestras vidas estuvieron completamente unidas. Todo cambió cuando yo ya había empezado las clases en los jesuitas con siete años. A los tres meses, un día tocaron a la puerta: era el sacerdote, acompañado de mi madre y de Javier. Lo sentaron a mi lado y me di cuenta de que iba a empezar el curso conmigo. Desde ese momento nació el tándem Javier-Fernando.
Durante los siguientes 27 años lo hicimos todo juntos. Nos invitaban a las mismas fiestas, íbamos a los mismos viajes, vestíamos igual, compartíamos litera... Éramos inseparables. Como anécdota, nos expulsaban de los mismos colegios, aunque, para sorpresa de muchos, Javier era el más travieso de los dos. Nos echaron de los jesuitas, también del Escorial. Cuando llegaba el momento, decían: "Los Sartorios, expulsados". Y yo protestaba: "¡Pero si yo no he hecho nada!".
Nuestra unión era tal que, cuando viajamos a Estados Unidos por primera vez, lo hicimos juntos. Allí empezamos nuestras aventuras, como cuando vendimos aspiradoras puerta a puerta en Texas. Lo compartíamos todo, absolutamente todo.
Fue una relación muy especial, hasta que, como conté antes, nuestros caminos se separaron: Javier eligió las misiones y se convirtió en un atleta del espíritu, mientras que yo encontré mi vocación como entrenador personal.
P. Usted afirma que Javier le enseñó que la verdadera fuerza está en el corazón. ¿Cómo ha influido esa enseñanza en su manera de trabajar hoy con sus clientes y discípulos?
R. Me ha influido mucho porque, aunque sea entrenador personal del cuerpo, para mí es mucho más importante el estado emocional y espiritual. Hoy en día está de moda tener lo que llaman un six-pack, unos glúteos fuertes o un cuerpo bonito, y no digo que eso esté mal. Pero, ¿de qué sirve todo eso si no eres feliz?
Yo creo que la felicidad va mucho más allá del cuerpo. El cuerpo es solo un vehículo: estar sano, por supuesto, ayuda mentalmente, pero creo que todos estamos llamados a trascendernos. Por eso utilizo el ejercicio como una herramienta para algo más.
Más que entrenador, me considero un motivador. Mi objetivo es que la gente no solo mejore su salud física, sino también su salud mental y espiritual. Porque estoy convencido de que todos tenemos una llamada a crecer, a desarrollarnos como personas y a añadir valor a nuestra vida. Solo así podemos hacer el bien a los demás. Y, en definitiva, eso es lo que nos dará la verdadera satisfacción que todos buscamos en esta vida.
"Hoy en día está de moda tener lo que llaman un six-pack, unos glúteos fuertes o un cuerpo bonito, y no digo que eso esté mal. Pero, ¿de qué sirve todo eso si no eres feliz?"
8. Más allá del retrato íntimo, ¿qué mensaje universal cree que transmitirá 'Solo Javier' al espectador que no conoció a su hermano?
La primera enseñanza con la que me quedo de la película es que el mensaje no está en el tener, sino en el ser. Al final, a nadie le importa el dinero que hayas acumulado, lo guapo o guapa que hayas sido, ni los éxitos que hayas logrado. Lo que realmente queda en la memoria de los demás es cómo has sido como ser humano, no como "tener humano". Y Javier, en todo su ser, fue una gran persona.
9. Después de revivir todo este camino en el documental, ¿siente que su propia historia profesional también podría inspirar una película algún día?
La verdad, humildemente, mi historia está muy ligada a la vida de Javier. Pero bueno, las cosas pasan como tienen que pasar. No creo haber tenido una vida muy común; ha sido más bien una vida aventurera. Y aunque desde fuera pueda parecer envidiable por todo lo que he hecho y por la gente que he conocido, también he tenido mi sufrimiento. Al final, cada uno lleva sus propias luchas.
La vida, como digo yo, es una auténtica odisea y hay muy pocos ejemplares. Y nada, si algún día sale una película sobre ello, entonces me hacéis otra entrevista, jajaja.
Fernando Sartorius (Madrid, 1960), pionero del entrenamiento personal en España y entrenador de celebridades como Tom Cruise o Elsa Pataky, ha forjado una vida marcada por el éxito profesional. Pero también por un vínculo fraternal muy intenso con su hermano Javier, con el que se llevaba 11 meses. Crecieron en el seno de una familia acomodada, fueron juntos a los mismos colegios (los expulsaron juntos también), y ambos se marcharon a Dallas (EEUU) a estudiar Administración de Empresas. Tras terminar los estudios se mudaron a Los Ángeles, donde se dedicaron a jugar al tenis y al pádel, a surfear y a ganar algún dinero vendiendo aspiradoras a domicilio o cuidando jardines. El destino, sin embargo, les tenía preparada una sorpresa.