La herencia de Joaquín Torres y sus hermanos: un patrimonio millonario roto
El fallecimiento del cofundador de ACS y padre del conocido arquitecto llega en plena batalla judicial con uno de sus hijos por la gestión de un patrimonio que llegó a valer 400 millones
El pasado fin de semana falleció Juan Torres Piñón, una de las figuras clave del empresariado español del siglo XX. Nacido en El Ferrol en 1936, doctor ingeniero de Caminos y profesor emérito del IESE, su trayectoria fue brillante: cofundó ACS junto a Florentino Pérez, presidió el Metro de Madrid, fue vicepresidente de Hispano Química y dedicó décadas a la docencia empresarial. Hombre de vasta cultura, fue vocal del Patronato del Reina Sofía, académico de San Fernando y miembro de honor del Guggenheim Bilbao, además de un reputado coleccionista de arte. También era el padre del conocido arquitecto Joaquín Torres.
Desde 1998 dirigía Cartera Kairos, el holding familiar desde el que manejaba la mayor parte de sus interes económicos y que con el tiempo fue dejando en manos de sus hijos. Su muerte, ocurrida apenas un año y medio después de la de su esposa, Joaquina Vérez, abre un amplio interrogante sobre el destino de su legado. La herencia que deberían repartirse los cuatro hijos que le sobreviven —Andrés, Julio, Maite y Joaquín— está inmersa en una batalla legal que ha fracturado a la familia. Lejos de aventurar una transmisión patrimonial pacífica, se prevé tormenta en torno al futuro de un imperio empresarial cuyo valor original superaba los 400 millones de euros y que hoy se cifra en 'apenas' —entiéndase— 31 millones de euros y con salvedades.
Para hacer un retrato de su patrimonio conocido hay que acudir al último balance de cuentas de Cartera Kairos, correspondiente al ejercicio 2024 y actualizado hace pocas semanas en el Registro Mercantil. El documento obtenido por esta revista retrata la magnitud del declive del holding, con una estructura patrimonial que conserva la envergadura de un gigante —31 millones de euros en activos— pero con los cimientos profundamente dañados.
El holding familiar fue constituido en 1997. Lejos de ser una empresa operativa, actúa como una gigantesca caja de seguridad que controla un extenso y diversificado entramado de más de 30 sociedades. Su cartera incluye participaciones mayoritarias en empresas de biocombustibles, energías renovables (como varias plantas solares), gestión de residuos, e incluso la sociedad que gestiona La Cubierta de Leganés. Desde diciembre de 2024, el control de este imperio patrimonial se reparte a partes iguales, exactamente un 33,33%, entre tres de los hijos del fundador: Joaquín, Andrés y Maite Torres Vérez. El cuarto hermano, Julio, llamado a sucederle, se convirtió con el tiempo en el elemento disruptivo de toda esta historia.
El balance desvela que la gestión del holding es extremadamente frágil. La empresa arrastra pérdidas acumuladas de más de 27 millones de euros y tiene un fondo de maniobra negativo de 976.131 euros, lo que indica serias dificultades para afrontar sus deudas a corto plazo. La situación es crítica: la compañía tiene préstamos bancarios vencidos e impagados por 2,84 millones de euros y deudas con la Agencia Tributaria y la Seguridad Social en fase ejecutiva. La memoria señala que esta precaria situación es, en gran medida, consecuencia de proyectos de inversión en plantas de transformación de residuos que sufrieron "repetidos retrasos" y se vieron "paralizados en 2015 por la interposición de una querella criminal" contra la sociedad.
El capítulo de 'Aspectos Críticos' y la nota 6e de la memoria destapan el núcleo del conflicto familiar: un enfrentamiento legal abierto contra el anterior administrador único, Julio Torres Vérez. En el año 2006 Juan Torres y su esposa dieron a Julio plenos poderes para controlar todas las empresas familiares, confiaban completamente en él. Sin embargo, las suspicacias fueron creciendo a medida que el patrimonio familiar se iba diluyendo y la situación alcanzaba una dimensión inexplicable. Cuando empezaron a investigar abrieron la caja de Pandora.
El propio Juan Torres Piñón, amigo íntimo de Florentino Pérez desde que ambos, ingenieros de caminos, fundaran ACS, explicó el conflicto en la que sería su última entrevista hace justo un año. Se la concedió a Pilar Vidal en ABC: "No tengo nada, lo único que me queda es una buena biblioteca", confesó con amargura el hombre que había construido un imperio. Detalló cómo, tras otorgarle a su Julio el control total del holding, él y su esposa pasaron de una vida de lujo a "tener que deshacerse de joyas", vender un yate e incluso ver cancelado su seguro médico privado. El expolio —siempre según su testimonio— incluyó la venta de parte de su valiosa colección de arte, con obras de Warhol, Picasso o Miró, y se habría canalizado a través de una empresa pantalla creada por Julio y su esposa.
El conflicto derivó en una serie de querellas cruzadas entre los hermanos, los padres y el hijo que están en manos de la justicia. En la entrevista, además, participaban los otros dos hermanos del arquitecto Joaquín Torres, quienes revelaron cómo ambos habían sido relevados de los negocios familiares cuando empezaron a hacer preguntas sobre el destino del dinero. Maite describió a su hermano Julio como "un manipulador, muy simpático, un trabajador incansable en el mal", y lamentó el sufrimiento infligido a sus padres. Hoy, sin embargo, la familia parece haber enterrado el hacha de guerra tras una serie de tragedias familiares y buscan encontrar un acuerdo extrajudicial que les ayude a mirar hacia adelante.
El propio Joaquín Torres explicó en Vanitatis cómo habían vivido esta situación. Cuando le preguntamos qué había ocurrido con la gestión de la fortuna familiar, el arquitecto explicó: "La cruda realidad supera lo inimaginable. Te aseguro que no hay nada más devastador para unos padres que vivir la traición de un hijo al que depositaron toda su confianza. Ellos han visto con sus propios ojos por justificantes bancarios cómo desviaba su patrimonio a sus cuentas y sus sociedades y a las de su mujer. Al principio, tenía un cierto cuidado, pero luego termina haciéndolo sin ningún rubor: sacando el dinero que entraba en el minuto uno. Parece que aparte de codicia hubiera ganas de hacer daño".
Pese a la "pena y dolor" provocado por el enfrentamiento, la familia lleva un tiempo empeñada en sanear las sociedades y salvar el legado del patriarca. Como decíamos, desde hace unos meses Cartera Kairos es propiedad a partes iguales de los tres hijos que permanecieron leales: Joaquín, Andrés y Maite Torres Vérez. Juan Torres dejó claro antes de morir que su herencia se repartiría entre ellos, respetando solo los derechos legítimos de Julio, del que dijo: "No quiero hablar ni verle, es un fraude". Todos se reunirán de nuevo el próximo 4 de diciembre, cuando está previsto que la familia celebre un funeral a la altura del empresario.
A pesar de marcharse con la herida abierta de sentirse defraudado por Julio, Juan Torres murió con la serenidad de saber que sus otros tres hijos —Joaquín, Andrés y Maite— están decididos a revertir el deterioro del patrimonio familiar (que no ruina). Sobre ellos recae ahora la tarea de recomponer lo que queda de un imperio que un día fue ejemplar y cuyo futuro dependerá, en gran medida, de su capacidad para reconstruir la confianza y de enderezar unas cuentas complicadas.
El pasado fin de semana falleció Juan Torres Piñón, una de las figuras clave del empresariado español del siglo XX. Nacido en El Ferrol en 1936, doctor ingeniero de Caminos y profesor emérito del IESE, su trayectoria fue brillante: cofundó ACS junto a Florentino Pérez, presidió el Metro de Madrid, fue vicepresidente de Hispano Química y dedicó décadas a la docencia empresarial. Hombre de vasta cultura, fue vocal del Patronato del Reina Sofía, académico de San Fernando y miembro de honor del Guggenheim Bilbao, además de un reputado coleccionista de arte. También era el padre del conocido arquitecto Joaquín Torres.