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Natalia Beciu: "Si eres mujer y mides 1,60 ya sabes que hay puestos a los que no vas a acceder"
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ENTREVISTA

Natalia Beciu: "Si eres mujer y mides 1,60 ya sabes que hay puestos a los que no vas a acceder"

La influencer y empresaria conocida en redes como La Tita Nati desgrana su carrera, su reciente diagnóstico de autismo en grado 1 y de las claves de la noche en España

Foto: Natalia Beciu en un viaje al Lago Como. (Cortesía)
Natalia Beciu en un viaje al Lago Como. (Cortesía)

Natalia Beciu es esa figura silenciosa pero imprescindible de la noche patria. Una mujer que, si uno mira con atención cualquier foto de una fiesta importante en España, acaba viéndola a ella en segundo plano: nunca busca protagonismo pero siempre está justo donde pasan las cosas. Cuando Carlos Alcaraz gana el US Open, ella aparece en la tribuna y más tarde en la celebración. Cuando el Barça juega una final europea, Natalia está en la cena con los jugadores, incluido Lamine Yamal, como si fuese lo más natural del mundo. Si el Santiago Bernabéu acoge un evento que incendia Instagram, ella acude discreta, sin hacer ruido y sin necesidad de contarlo.

Con 37 años, en un mundo dominado por hombres, Natalia se ha abierto paso con una mezcla de trabajo incansable, intuición social y respeto. Es una de las personas más influyentes de la vida nocturna en España, algo que cuesta imaginar cuando abre la puerta de su piso de la zona alta de Barcelona: un lugar luminoso, tranquilo, donde vive con su perrito y donde recibe con una mezcla de calma y distancia suave.

Conocida como La Tita Nati en redes sociales, sólo hay que mirar quién le da likea cada una de sus publicaciones para darse cuenta de sus contactos. En ella hay algo de observadora profesional, alguien que mide, escucha, piensa antes de hablar. Quizá ese punto viene de su autismo de grado 1, un diagnóstico reciente que no la define pero sí la explica un poco. Lo cuenta sin dramatismos, sin impostura, con un realismo que desarma. “Yo he tenido que demostrar el triple para que se me hiciera caso”, comenta sentada a la mesa de una salita de su casa.

PREGUNTA: Cuesta abrirse paso en un mundo de hombres como el de la noche...

RESPUESTA: “Es un mundo muy machista y, si eres mujer y mides 1,60, ya sabes que hay puestos a los que no vas a acceder. Pero aun así, mira, aquí estoy".

P: ¿Hubo un momento en el que hicieras clic, en el que te dieras cuenta de que podías llegar más arriba?

R: “Trabajaba de camarera en un bar que se llamaba Drugstore. Y hubo un día en que me di cuenta de que yo llevaba mucha más gente que los promotores, y que yo me pasaba horas detrás de la barra. Y pensé: ‘¿Por qué ellos ganan tanto y yo nada?’. Y ahí decidí cambiar de lado.”

Ese cambio la llevó a La Movida y luego a Boujis, el mítico local de Tuset donde Mark Zuckerberg celebró la compra de Facebook y WhatsApp. Allí entendió que estaba entrando en otra liga. “Cuando vi el nivel de gente que traía, pensé: vale, ya no soy una broma. Esto es serio”.

Las fiestas más famosas

Desde entonces, su nombre ha ido unido a algunas de las fiestas más famosas de Barcelona, aunque rara vez aparezca en los créditos. Natalia no necesita firmar nada: ella está, lo hace, lo produce, lo ordena y lo dirige desde una discreción que, paradójicamente, es su marca personal. Piensen en una fiesta famosa que se haya celebrado recientemente en Barcelona… Sí, la organizó Beciu.

Está en todas partes y llama especialmente la atención lo que no hace. En una época en la que cualquier promotor presume de contactos en Instagram, ella no publica nada. Ni una foto con un famoso, ni un nombre, ni una insinuación. Nada. “A mí me da mucho apuro colgar fotos con gente conocida. Si lo hago es porque de verdad son amigos. No me gusta fardar. Me da vergüenza”. Y lo cierto es que sabe absolutamente todo de absolutamente todos. Ha estado en las cenas donde se cierran fichajes, en las mesas donde se rompen parejas, en las salas reservadas donde se arreglan conflictos que nunca saldrán en la prensa. Pero no lo cuenta. Ni siquiera lo sugiere.

Propietaria de La Traviesa

Es, también, íntima amiga de Núria Tomás, la primera novia conocida de Gerard Piqué. Y fue la dueña de La Traviesa, el local donde Piqué y Clara Chía se vieron por primera vez. Lo dice con naturalidad, sin misterio y con una elegancia desarmante: lo sabe, porque estuvo allí, pero nunca lo usó para ganar notoriedad.

Otro rasgo sorprendente: la lucidez con la que analiza su propio carácter. “Tengo TDAH desde pequeña y me diagnosticaron autismo de grado 1 este año. Pero no me ha frenado. Me ayuda a entender por qué a veces soy muy directa o por qué me molestan cosas que a otros no. He aprendido a vivir con ello. Y se puede hacer una vida perfectamente normal, te lo prometo".

Mientras hablamos, menciona algo que la define aún más que las fotos o las fiestas: su ética. Cómo analiza a las personas, cómo detecta patrones, cómo observa antes de confiar. “Yo psicoanalizo muchísimo. Antes de acercarme a alguien lo observo. Y si veo que ha hecho algo feo a otra persona, no voy a esperar a que me lo haga a mí”. Y los errores los reconoce con humor “Muchas veces me equivoco. Muchas. He dicho que sí y luego me lo han pegado por todos lados”, se ríe.

PREGUNTA: ¿Te sientes empresaria, influencer o promotora?

Respuesta: Soy promotora. Y soy muy buena. No me escondo.”

P: ¿Algún proyecto en mente que vaya a saberse pronto?

R: Un restaurante que va a suponer un “upgrade brutal”.

P: ¿Te quedan sueños por cumplir?

R: Pues mira sí, mi sueño de siempre: Vivir un par de años en Miami. No sé por qué, pero siempre lo he querido. Desde pequeña.

Cuando me acompaña a la puerta, su perro corretea entre nosotras. Ella recoge una chaqueta del respaldo del sofá y me sonríe con esa mezcla rara de fuerza y calma que tiene. Se me olvidaba el abrigo… esta es la mujer que organiza las fiestas más famosas del país. La que todo el mundo conoce, pero nadie termina de conocer del todo. La que está en todos los sitios en los que pasa algo… sin que nadie entienda nunca cómo lo hace.

Natalia Beciu es esa figura silenciosa pero imprescindible de la noche patria. Una mujer que, si uno mira con atención cualquier foto de una fiesta importante en España, acaba viéndola a ella en segundo plano: nunca busca protagonismo pero siempre está justo donde pasan las cosas. Cuando Carlos Alcaraz gana el US Open, ella aparece en la tribuna y más tarde en la celebración. Cuando el Barça juega una final europea, Natalia está en la cena con los jugadores, incluido Lamine Yamal, como si fuese lo más natural del mundo. Si el Santiago Bernabéu acoge un evento que incendia Instagram, ella acude discreta, sin hacer ruido y sin necesidad de contarlo.

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