Joaquín Sabina, sobre Serrat: "Tiene un lado absolutamente encantador y otro lado rígido y con el gesto torcido"
Dos trayectorias clave de la música se cruzan desde hace décadas en una relación marcada por el respeto, el contraste de caracteres y una complicidad que va más allá de los escenarios
Joan Manuel Serrat y Joaquín Sabina durante un concierto en Barcelona. (EFE)
En el universo musical español, hay amistades que desafían el tiempo, las giras, los premios y hasta los prejuicios ajenos. La relación entre Joaquín Sabina y Joan Manuel Serrat es una de esas alianzas que se tejen con respeto, cariño y una mezcla de afinidades y contrastes que, a primera vista, pueden parecer improbables, casi antitéticos. Esa dualidad, la conjunción de carácter y sensibilidad, es una de las claves emocionales que emerge del documental que retrata al poeta de Úbeda con una mirada más íntima, reflexiva y consciente del paso de los años.
Sabina mismo lo describe en 'Sintiéndolo mucho' con su habitual mezcla de ironía y lucidez: “Él es el tipo más organizado, más estajanovista del mundo, se toma las cosas muy en serio”, dice con una sonrisa cómplice. “Tiene un lado absolutamente encantador y otro lado rígido y con el gesto torcido”, añade, reconociendo sin rodeos esa combinación de disciplina y ternura que ha definido su relación.
Serrat y Sabina en una imagen de archivo. (EFE)
No todo fue fácil a la hora de emprender proyectos comunes. Cuando se preparó la gira conjunta en 2007, muchos en el entorno creían que la convivencia artística sería una bomba de relojería. “Todo el mundo me dijo que estábamos locos y que se iban a matar el primer día”, recuerda José Emilio Navarro, ‘Berry’, manager histórico y pieza clave en el entramado profesional de ambos. Sin embargo, el respeto mutuo y el cariño que se profesan —una amistad que en algunos casos supera las cuatro décadas— funcionaron como sostén de un proyecto que muchos veían como improbable.
Esa complicidad entre ambos viene de lejos y se refleja en una anécdota que nada tiene que ver con la gira conjunta, sino con un momento clave en la carrera de Sabina. Cuando Navarro, ‘Berry’, recibió la propuesta para convertirse en su manager, decidió consultarlo antes con Joan Manuel Serrat, con quien llevaba años trabajando. La respuesta del cantautor fue inmediata: “Dile que sí, que muy bien. Pero que sepas que ahora llevas a Joselito y a Belmonte”, recordaba Sabina. Además remató con ironía: “Belmonte soy yo, me lo pido”.
Joaquín Sabina actúa en el Movistar Arena. (Europa Press)
El documental —13 años de rodaje que transitan entre los escenarios y la vida cotidiana, entre luces y sombras— no solo repasa la carrera musical de Sabina, sino también su vida interior: sus reflexiones sobre el paso del tiempo, sus relaciones más personales y su parte más creativa. Y en ese retrato, la amistad con Serrat no es un apéndice: es una pieza emocional, una referencia para entender cómo dos trayectorias individuales se encuentran en un punto de equilibrio entre el rigor y la complicidad.
En el universo musical español, hay amistades que desafían el tiempo, las giras, los premios y hasta los prejuicios ajenos. La relación entre Joaquín Sabina y Joan Manuel Serrat es una de esas alianzas que se tejen con respeto, cariño y una mezcla de afinidades y contrastes que, a primera vista, pueden parecer improbables, casi antitéticos. Esa dualidad, la conjunción de carácter y sensibilidad, es una de las claves emocionales que emerge del documental que retrata al poeta de Úbeda con una mirada más íntima, reflexiva y consciente del paso de los años.